Swing hacia ti (El juego del amor 3) Capítulo 3. Lily
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Capítulo 3. Lily

Lily

No he visto a Brenan desde que me metí en su casa, le exigí café y me puse a leer sus cartas. ¡Sus cartas! Debe de pensar que me falta un tornillo. O un hervor. O cualquier cosa que le haga pensar que no estoy muy bien de la cabeza.

Acabo de firmar los papeles para adquirir la casa que está pegada a la suya y voy a ir de compras para adecentarla.

Gracias a Brenan ha sido una ganga; lo malo es que ahora tengo que hacer obras y me han avisado de que pueden salir más cosas, aunque espero que no.

Por suerte, el padre de Camelia tenía un contacto y lo harán todo rápido.

Quiero tener una casa solo para mí, sin un prometido falso que entre cuando le da la gana.

O que controle mi vida a través del portero.

Le contaba todo lo que hacía. Por eso al principio, por joder, llevé allí a varios hombres de app.

Al día siguiente me sentía mal, porque en realidad no me gustaban.

Pero necesitaba hacerle ver a Hank que nunca sería suya.

Al día siguiente, en el trabajo, me miraba como si fuera una puta.

Odiaba esa mirada. Esa mirada de «soy mejor que tú.

Y te deseo, pero no haré nada porque eres una cualquiera».

Me hacía sentir pequeña. Solo me enfrenté a él una vez, cuando tuve todas las pruebas y me costó sangre, sudor y lágrimas.

Hank me altera, me da miedo y hace que me quede paralizada en cientos de ocasiones.

Por eso me cuesta hacerme a la idea de que cuando me gire en el trabajo, o yendo a mi casa, ya no lo veré ahí plantado, mirándome al acecho como un acosador perturbado.

Borro todo eso de mi mente. No quiero pensar en él. Al fin soy libre.

Llego a la tienda de decoración y me compro un sinfín de cosas. Al pasar por la zona de bebés veo a Kadet. Está haciendo una lista con el móvil.

—¡Hola! —Me mira y me saluda con una gran sonrisa—. ¿Qué haces?

—Como no puedo pasarme comprando…, he pensado hacer una lista de todo lo que compraría si no fuera comprador compulsivo.

—Ah, es buena idea.

—¿Y tú?

—He firmado los papeles de mi nueva casa y estaba comprando algunas cosas para decorarla cuando acabe la reforma.

Mira mi carro: la decoración es un poco colorida.

—Tu casa no será aburrida.

—Odio el aburrimiento. —Me río y le doy en el brazo, como si compartiéramos un chiste. Vale, debo bajar mi entusiasmo un poco—. Bueno, te dejo que mires solo y eso.

—No me importa estar contigo. Y así me enseñas qué más tienes ahí.

Damos una vuelta y acabo por coger más cosas. También cojo para el bebé un peluche monísimo de un osito al que Kadet le ha puesto ojitos. Pagamos todo y pido que me lo lleven al trastero donde estoy dejando todas mis cosas y los muebles de la casa mientras arreglan todo.

Le doy a Kadet el osito y sus ojos brillan de amor.

—Le va a encantar.

—Y su padre también —añado.

—Espero.

Conozco la historia de Kadet con sus padres; es normal tener miedo cuando has tenido unos padres de mierda. Pero al mirarlo sabes que es todo corazón.

Vamos a su coche y luego a nuestras casas. Paso a la mía a ver cómo va todo. Entregué a los de la mudanza las llaves nada más firmar y los de las reparaciones iban a ir también. Miedo me da lo que hayan encontrado una vez han empezado a levantar el suelo y picar.

Llego y veo a la gente entrando y saliendo de la que ahora es mi casa. Dentro encuentro a Jeb hablando enfadado con varios de ellos. Me acerco y escucho lo que les dice.

—Eso no es lo que se nos dijo en el presupuesto.

—¿Qué pasa?

—Que ahora, de golpe, han salido más cosas de las que dijeron y quieren subir el importe del presupuesto.

—¿Cómo?

—Aquí el que entiende soy yo —interviene el encargado de la obra—.

Hemos levantado el suelo, hemos picado las paredes y hemos encontrado varias tuberías agujereadas.

Eso hay que cambiarlo. Por no hablar del cableado eléctrico.

Los que hicieron la reforma de la casa destrozaron los cables.

—Y, por si no lo creemos, nos lleva hacia un punto en el que veo cables picados—.

Si dejáis esto así, puede incendiarse la casa.

Tú misma. Ya te avisé que esto podía pasar.

Ahora entiendo las prisas por vender y que añadieran los muebles.

Así atraían a la gente. En este caso, a mí.

Le digo que lo arreglen todo y me pasen presupuesto.

Luego me salgo mientras Jeb sigue hablando con ellos de diversas cosas y voy hasta la escalera.

Me siento y meto la cabeza entre mis piernas, sintiéndome muy idiota.

—Te preguntaría si todo bien, pero no tienes pinta de estarlo. —Alzo la cabeza y veo a Brenan.

—Solo estoy cogiendo aire. Mi casa es un puto desastre. Soy una idiota por haberla comprado, pero al menos soy dueña de esa casa ruinosa.

Me atrevo a mirarlo.

—No es una casa ruinosa. Los anteriores dueños tenían ideas un poco raras y, bueno, al parecer destrozaron todo un poco de más. Siento no haber sabido también lo de los cables.

Lo miro y parece agitado.

—No es tu culpa, gracias a eso puedo pagar la reforma.

—Y es un gran piso. Con mejores vistas que el mío.

—¿En serio? —Asiente.

—Da a la esquina y se ve el lago. Iba a coger ese, pero estaba ya apalabrado.

—Ah. Tengo suerte, entonces.

—Sí. —Brenan se queda cortado y luego me dice que se va a su casa.

—Vale, nos vemos luego.

Lo veo irse a su casa y cómo duda en la puerta antes de entrar. Parece agitado. Se gira y me mira. Le digo adiós con la mano como una idiota y le sonrío. Él emite una débil sonrisa que me derrite. No puede ser más sexi este hombre.

—Deja de compadecerte de tu compra y mueve el culo ya. —Jeb me da la orden al más puro estilo entrenador.

—A ver si te buscas novia, estás muy insoportable sin follar.

—Ya, claro, como si no se pudiera follar sin novia.

—Se puede, sí. —Le doy en el brazo.

Entramos en mi casa y dejo que me pongan al tanto de todo sin salir corriendo. Como en casa de Jeb y por la tarde nos pasamos de nuevo para concretar cómo va a ir todo. Me dicen que trabajarán rápido para que pueda tener mi casa cuanto antes.

Al fin podré tener mi espacio.

Al subir a casa de Camelia le cuento todo mientras preparamos pasta para cenar.

—Pues sí que han salido cosas, pero mejor así. De ese modo, cuando te vayas a vivir allí podrás tener la seguridad de que la casa está lista para vivir sin sobresaltos.

—Eso sí. Y he pedido que tiren una pared para hacerme un vestidor. Ya que están, pues puedo añadir eso.

—Pues sí, bien pensado. Sé que algo te preocupa. De hecho, siempre sospeché que te pasaba algo antes de saber la verdad. ¿Todo bien?

—Sí, solo que llevo muchos años sufriendo las manipulaciones del señor Hank y temo que no hayan acabado. Aunque más le vale que sí, porque juro que lo destruyo.

—Cuando has vivido en tensión, es complicado respirar cuando pasa todo.

—Sí. Ese hombre estaba obsesionado conmigo. Era escalofriante.

—Debió de serlo. Debiste contármelo.

—No quería que todo esto te salpicara. A tu lado me sentía libre sin todo este marrón para salvar a mis padres. Los quiero, pero esto nos dejó tocados. Porque siempre he sentido que me pidieron demasiado por salvarles el culo.

—Te pidieron demasiado, ya te lo digo yo.

—Sí, por eso solo necesito tiempo.

Terminamos de preparar la cena y cenamos con Dugan, que estaba haciendo unas llamadas a un amigo de la prensa. Me gusta estar con ellos, menos cuando se miran dejando claro que luego piensan arrancarse la ropa.

Y así lo hacen. Necesito mi casa para mí sola cuanto antes. Quiero mucho a mis amigos. Me encanta que les vaya tan bien, pero me recuerda mi mierda de vida sexual, amorosa y en general.

Por eso, al día siguiente, pago más dinero al encargado de las obras para que trabajen en fin de semana.