11
La universidad era un auténtico pueblo fantasma a esas horas de la madrugada.
El campus se extendía lúgubre, cubierto por una oscuridad densa y un frío invernal tan penetrante que volvía la respiración visible, transformándola en un humo blanco que flotaba ante la escasa luz artificial del sitio.
Con una ligera frustración interna, recordé la comodidad de la cama deshecha y tibia que abandoné al levantarme para iniciar la jornada laboral.
Deseaba con vehemencia dormir en mi hogar, tal como lo hacían los estudiantes y profesores de la institución.
Gajes del oficio de tutor.
Irónicamente, Leonardo parecía feliz a pesar de que no era la persona más alegre del departamento, y Edward complementaba ese humor poco habitual con risas bajas.
No quería imaginar a qué se debía ese repentino acercamiento íntimo entre ambos, así que preferí desviar mis pensamientos hacia otro asunto.
—Nunca en la vida seré una persona madrugadora, maldita sea... —se quejó una voz ronca y suave a mis espaldas.
Era una presencia imposible de ignorar para mis sentidos. Me di la vuelta despacio y observé a Jairo, quien arrastraba una valija negra sobre el asfalto frío del estacionamiento.
—Tengo mucho sueño, señor.
—¿Quieres dejar de quejarte por un segundo?
Yo llegué a las instalaciones dos horas antes que tú —me giré por completo para contemplar su rostro adormecido bajo la luz de las farolas, enmarcado por un enorme gorro de invierno que hacía ver sus facciones aún más infantiles—.
Podrás dormir todo lo que quieras en el autobús, cachorro.
Al escuchar esa palabra, Jairo se apoyó de golpe en la pared de ladrillos detrás de él y cruzó los brazos sobre el pecho, con un marcado ceño fruncido. Comenzaban de nuevo sus arranques de rebeldía estudiantil.
—No me digas así en público, por favor. No estamos en medio de una escena —reclamó en un susurro molesto, al acomodarse el gorro de lana con movimientos bruscos.
De reojo, examiné los alrededores para asegurarme de que no hubiera nadie despierto cerca de nosotros. Di un paso firme hacia adelante, lo sujeté por la cadera con una mano y, al tomarlo por sorpresa, me incliné para morder la línea de su mandíbula.
—Siempre eres un cachorro, pequeño e indefenso para mí, Jairo —le respondí al oído con voz baja.
—¡¿Se puede saber qué significa esto?! ¡¿Me quiere explicar qué pasa aquí, Axael?! —preguntó de repente una voz madura a nuestras espaldas.
Al escuchar el grito, Jairo me empujó lejos de su cuerpo de manera instintiva, mucho más rápido de lo que tardé en darme cuenta de que mi jefe estaba allí, al observarnos desde la penumbra. Era lo último que necesitaba.
El decano Lin contemplaba la escena con severidad y confusión, al clavar una mirada analítica en su nieto, como quien inspecciona al culpable de un delito.
—¿Qué pasa entre ustedes dos? ¿Por qué no estás con el resto de los alumnos en la zona de embarque, Jairo?
Esa era una excelente pregunta para la cual necesitábamos una respuesta inmediata.
—Vine a este sector a buscar al profesor Smith para entregarle los papeles de las acreditaciones, pero me distraje en el camino al hablar con el profesor James —respondió Jairo con la velocidad que le caracterizaba cuando los nervios lo traicionaban.
El chico no era el mejor de la facultad para inventar mentiras sobre la marcha. Si yo lo sabía con solo mirarlo, era evidente que su abuelo, la persona que lo conocía desde su nacimiento, lo notaría también.
—Creo que ya vi al profesor Smith de aquel lado... Mejor me voy. Nos vemos en el autobús, abuelo —sonrió de forma forzada y se alejó a paso apresurado, al perderse entre los demás estudiantes seleccionados para el viaje.
—Creo que me debes una explicación detallada de tu conducta, Axael —el decano volvió su atención hacia mí, con sus ojos fijos en los míos.
Sin dejarme responder, continuó con su reclamo—.
¿Dónde está el transporte de la universidad?
Creía haber sido claro con respecto a la división de las tareas para este viaje.
El profesor Smith se encargaba del hotel, Edward del itinerario de las ponencias y tú tenías la responsabilidad de conseguir el autobús.
El transporte estaba bajo control, pero el tiempo jugaba en mi contra.
—Hablé con los encargados de la empresa hace diez minutos y el vehículo viene en camino. Nos otorgarán un descuento por el retraso logístico —le informé con una expresión profesional—. No se preocupe, doctor Lin, estaremos a tiempo en la ciudad vecina para la apertura del congreso.
—Eso espero, Axael... por el bien de tu departamento —respondió el anciano, al darse la vuelta—. Una última cosa.
—¿Sí? Dígame, decano.
—¿Cuál es su relación personal con mi nieto? —preguntó Lin sin rodeos, al soltar la sospecha en medio de la madrugada—. Se habla mucho de ustedes dos en los pasillos de la facultad.
—¿De qué se habla, señor? —lo interrumpí, al adoptar una postura defensiva que delataba mi molestia.
—Sé que es un rumor malintencionado de pasillo. No quiero acusarlo de nada grave, Axael; conozco su ética profesional como escritor y docente de esta casa de estudios...
—¿Podría ser más claro, decano? No entiendo a qué quiere llegar con ese comentario sobre Jairo.
—Me llegaron reportes de varios colegas que aseguran haber visto a Jairo quedarse en la facultad fuera de horario para ir a su oficina privada.
Sus notas académicas mejoraron de forma drástica en el último mes y algunos estudiantes hablan de un posible intercambio de dinero por créditos universitarios.
Incluso se mencionan favores de otra índole.
Apreté los puños en el interior de mis bolsillos debido a la rabia que me provocaron aquellas insinuaciones sobre nuestra relación. Respiré hondo para calmar mis impulsos; no debía cometer una indiscreción violenta frente a mi jefe directo, aunque me sobraran ganas de golpearlo.
—Mi relación con el alumno Spring es académica y tutorial —respondí frío, al apretar los dientes—.
Es un gran estudiante, dedicado a la literatura.
Si se quedó en mi cubículo, fue para plantearme sus dudas teóricas porque en esta universidad soy el único especialista en la materia.
Si eso molesta a las autoridades, a partir de hoy no lo recibiré más después de clases —añadí, sin ocultar el desprecio en mi voz.
—No me refería a eso, Axael —dijo Lin con poca paciencia.
—¿Acaso ese no es su verdadero problema, señor? —sostuve la mirada—. Solo cumplo con mi papel de tutor. Lo que la gente ociosa diga en los pasillos es algo que no puedo controlar.
—Sabe muy bien que...
—¡El autobús de la facultad ya está aquí! —gritó Edward desde el otro lado del estacionamiento, al interrumpir la conversación pasivo-agresiva.
Agradecí la interrupción, pues la situación se volvía hostil entre el decano y yo. No podía creer las acusaciones baratas que Lin sacaba a relucir.
—Seguiremos esta charla al llegar al hotel del congreso —me avisó el anciano, al acomodarse el cuello del abrigo negro.
—Por supuesto, decano —respondí con la cabeza en alto, al mantener mi orgullo intacto.
Que ese anciano crea que me dejo chantajear por dinero no es la parte de la historia que más me fastidia. Lo que me enfurece es que no sea capaz de creer en la capacidad intelectual de Jairo, al desmeritar sus logros académicos.
Ahora entendía el origen de esa inseguridad personal que notaba en su comportamiento en la intimidad; esa forma en la que dudaba ante cualquier decisión, al sentirse inferior.
Me molestaba que su propia familia no notara que el chico no tenía con quién desahogarse en su entorno debido a ese nivel de presión constante.
Él se esforzaba más que cualquier otro estudiante promedio que hubiera tenido bajo mi tutela.
Las veces que se quedó después de clases fue por consultas reales; salvo la primera vez en mi oficina, siempre había sido respetuoso con los libros.
◆◆◆
Al llegar a la recepción del lujoso hotel asignado para el evento, entre caras somnolientas y otras emocionadas por el viaje, busqué a Jairo con la mirada entre la multitud de estudiantes.
Necesitábamos hablar a solas con urgencia; tras la agria conversación con el decano Lin, tenía claro que acercarme a él en público sería un riesgo para el futuro de los dos.
Tendríamos un ojo de la institución encima de nosotros.
Saqué el celular para enviarle una orden directa.
️Para Jai:
¿En qué parte del hotel te metiste, Jairo? ¿Dónde estás?