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SweetBoy18:

¿De verdad va a seguir negándolo? ¿Piensa que no me di cuenta de cómo me mira cada vez que entro al aula? ¿Piensa que no sé que desea esto tanto como yo? ¿Que de seguro fantasea conmigo y con mi cuerpo cuando está a solas en su casa?

Axa34:

¿Qué? No. ¿Qué demonios estás diciendo, muchacho? Te estás excediendo.

SweetBoy18:

Estoy diciendo la verdad, profesor James.

Me encantaría que espose mis manos con fuerza a la cabecera de la cama, justo de la misma forma en que Claus esposó a Elías en el capítulo doce de “Ella o Yo”.

Me encantaría que me coma el culo de esa misma forma violenta, para finalmente tomar posesión absoluta de mi cuerpo con toda su polla.

¿O qué pasa, profesor? ¿Acaso usted es solo palabras en una pantalla como cualquier otro escritor mediocre de la red?

Axa34 se ha desconectado de la sala de chat.

—¿Pero qué demonios acaba de pasar? —exclamé en voz alta.

Me aparté de la computadora de un manotazo, con la respiración alterada y el pulso desbocado.

Esa misma noche, mientras me movía con incomodidad entre las sábanas de mi cama sin poder pegar un ojo, la mente no dejaba de trabajar.

Solo podía darme vueltas una y otra vez, al repasar en mi memoria cada una de las palabras explícitas que había leído de parte de mi supuesto alumno.

El texto tenía una agresividad sexual que no encajaba en mi cabeza.

Pero de pronto, una chispa de fría racionalidad me trajo un alivio temporal: quizás ni siquiera era él detrás de la pantalla de SweetBoy18; tal vez el Jairo real no pudo conectarse a la hora pactada por culpa de la tormenta y otra persona del foro vio la oportunidad para molestarme con una broma

pesada.

El hecho de que el usuario me llamara “profesor” en el chat era un argumento sin importancia para mí en este punto de la madrugada.

Después de todo, en el ambiente del BDSM digital, muchos sumisos llamaban de ese modo a sus dominantes por un juego de roles relacionado con el término Master.

Era probable que ese desconocido hubiera adivinado mi identidad por la obviedad de mi nombre de usuario, Axa34, el cual ligaba de forma directa a Axael.

Quizás era el momento de cambiar ese alias de la red.

Sí, me autoconvencí en la oscuridad; ahí estaba una explicación lógica para mantener la cordura.

Es que, simplemente, no me parecía viable ni creíble la retorcida idea de que Jairo fuera el autor de esos mensajes.

Aquel chico dócil que temía hablar en voz alta frente a sus compañeros de clase, el de temperamento asustadizo, tímido y vulnerable, no podía ser el mismo ser que me había escrito que lo esposara a la cama y lo tomara sin piedad.

No, esto superaba los límites de la realidad de una forma absurda.

Solté una pequeña risa nerviosa en la soledad de mi colchón, con la firme creencia de que todo aquello no era más que una ocurrencia de alguna persona aburrida que navegaba por internet en una noche de tormenta.

¿Y si no lo era?