Suyo para Siempre (Capos de la Mafia 5) 19 Carlotta
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19 Carlotta

CARLOTTA

Voy a morir.

Por mucho que intento ser positiva, la realidad de mi situación es desoladora.

Estar de puntillas ya me duele, pero si intento apoyar más los pies, la soga se me clava en el cuello.

Saber que estoy de pie sobre una trampilla preparada para abrirse pronto hace que otra lágrima me resbale por la cara.

¿Cómo demonios se supone que voy a salir de esta horrible situación? Es imposible. Quizá lo único que puedo hacer es aceptar mi destino con dignidad y paz.

Pero esa no soy yo. Soy una luchadora hasta la médula y siempre lo he sido.

Rendirme y aceptar la derrota sin más no es mi estilo.

La supervivencia está grabada en mi ADN y ahora no es momento de tirar la toalla.

Ahora es cuando tengo que dar un paso al frente y esforzarme más que nunca.

Y eso empieza por ser valiente e inteligente.

Porque tengo una razón y su nombre es Damon Archer.

Diga lo que diga, sé que le importo. Lo sé, puedo sentirlo en lo más profundo de mi alma.

Hay una razón por la que se aleja y afirma que no puede involucrarse demasiado.

Cree que le falló a su exnovia y se culpa de la muerte de Cailin.

Pero fue una situación trágica y, desde luego, no fue culpa suya.

Yo no lo culpo por lo que pasó y, sin duda, él no debería culparse.

Odio que la culpa que siente por aquella relación le haya hecho pensar que no puede tener otra.

Me rompe el corazón, porque es un buen hombre, que merece y es digno de ser amado.

Tengo que hacer que confíe en mí, en nosotros, en un futuro juntos.

Pero primero, tengo que largarme de aquí como sea.

Después de grabarme, Gallo se fue y no tengo ni idea de adónde ha ido. Incluso se ha llevado a su matón, así que ahora estoy completamente sola. Esta podría ser mi única oportunidad para intentar escapar y no quiero desperdiciarla.

No tengo las manos atadas y he estado agarrando la soga que rodea mi cuello, intentando aflojarla, pero sin éxito. Así que, ¿qué más puedo hacer?

Piensa, Lottie.

Mordiéndome el labio inferior, intento deslizar los dedos entre la piel y la soga, pero está demasiado apretada.

Me obliga a levantar la barbilla y mi mirada se desvía hacia las vigas sobre mí, donde está pasada la soga.

Si al menos pudiera serrarla… Dios, daría cualquier cosa por un cuchillo ahora mismo.

Es difícil mirar directamente hacia abajo por la postura en la que estoy, así que no puedo verme los pies en absoluto. Ni siquiera sabía que había una trampilla debajo de mí hasta que ese cabrón de Gallo lo anunció cruelmente mientras grababa su dichoso vídeo.

Dios, siento que estoy en una de esas horribles películas clandestinas e ilegales en las que matan a la pobre e inocente víctima. No quiero ser una víctima. Y, desde luego, no quiero morir así. Estos no pueden ser mis últimos momentos.

Mi cuerpo se retuerce y me digo que mantenga la calma, pero la verdad es que toda mi lógica se está desvaneciendo y el pánico empieza a consumirme. Siento cómo la esperanza que antes intentaba mantener con todas mis fuerzas se desvanece poco a poco.

De repente, estoy tan furiosa… por mi situación, por mi impotencia y, sobre todo, por la última conversación que Damon y yo tuvimos en el coche.

—Acordamos que cuando volviéramos a la ciudad, tú y yo tomaríamos caminos separados.

—Sé lo que dijiste, pero no es lo que quiero. Creo que nos debemos el uno al otro explorar más a fondo lo que sea que tengamos.

—No. Es imposible. Te vas y ya te he dicho que yo no puedo hacer eso.

—¿Por qué? ¿Por lo que pasó con Caitlin? Esto es totalmente diferente…

—No quiero una relación contigo, Carlotta. No puedo. Lo siento. Creía que lo había dejado claro.

Dejar que las cosas terminaran así me duele en lo más profundo del corazón. Compartimos algo tan especial —desde el primer momento en que nos conocimos en la fiesta de máscaras—, y ahora todo va a terminar demasiado pronto y de una forma increíblemente trágica.

Aunque tengo la garganta rodeada por la soga, un sollozo consigue escaparse.

Me concedo exactamente un minuto para perder los estribos y llorar a lágrima viva.

Para estar triste y desesperada y compadecerme de mí misma.

Una vez que me permito llorar por lo terriblemente mal que ha salido todo, después de sacar todas las emociones, inspiro bruscamente, me limpio los mocos que me caen de la nariz y decido planear mi huida.

Porque no soy una princesa indefensa esperando a que su caballero de brillante armadura venga a rescatarla. Soy una mujer fuerte, inteligente y feroz, y puedo hacerlo.

Tengo que hacerlo. A estas alturas, la alternativa es la muerte y no estoy lista para morir.

A pesar de lo que dijo Damon, creo que todavía podríamos tener una oportunidad.

Sí, tengo todas las de perder, pero es hora de mover ficha.

Y, con suerte, acabará siendo un movimiento de poder que cambie el resultado de la partida.

Elevando una plegaria silenciosa, recuerdo el vídeo y lo que dijo Gallo.

—No sé si pueden ver, pero justo debajo de los pies de su querida hermana hay una trampilla.

Había apartado un poco de heno para revelar la puerta que había bajo mis pies.

—He preparado la puerta para que se abra en exactamente una hora.

Oh, no, esperen. Quizá solo la he programado para dentro de cuarenta y cinco minutos.

Da igual. De cualquier forma, cuando la trampilla se abra, Carlotta caerá y la soga se tensará.

No estoy seguro de que tengan tiempo suficiente para evitarlo, pero quería prepararlos para lo que encontrarán: el cadáver de su hermanita colgando de las vigas.

La más pura maldad impregna sus palabras y me doy cuenta de que no estaba bromeando.

Este hombre habla totalmente en serio. Sea cual sea la hora que fijara, pronto será mi hora de la verdad.

Muevo mis pies, tanteando la superficie que hay debajo, confirmando que en realidad hay dos piezas de madera distintas donde antes pensaba que solo había una.

Ahora la pregunta es, ¿funciona con un temporizador o con un sensor de peso?

Alzo la vista hacia la soga de nuevo. Está bien anudada alrededor de la viga, pero quizá si pudiera mover mi cuerpo de alguna manera, si me balanceara hacia adelante y hacia atrás, podría desengancharla o soltarla lo suficiente como para poder liberarme.

Es una posibilidad remota, muy remota, pero es todo lo que tengo. Así que me encomiendo a Dios y rezo para que funcione.

Sí, ya veremos eso, gilipollas, pienso. Pero me pregunto dónde está el temporizador que supuestamente marca la cuenta atrás para mi inminente muerte.

A estas alturas, han pasado más de treinta minutos desde que grabó el vídeo.

Quizá más bien cuarenta, y eso es aterrador si lo que ha dicho es verdad.

Sea como sea, me estoy acercando rápidamente a la marca de los cuarenta y cinco minutos. Y eso no puede ser bueno.

Hago lo que puedo por mirar a mi alrededor y encontrar el temporizador.

Si consigo pararlo, la trampilla no se abrirá en los próximos cinco a quince minutos.

Al menos eso me dará algo más de tiempo, un poco de margen de maniobra y una oportunidad para encontrar la forma de salir de esta horrible situación.

Y entonces lo veo, arriba, en las vigas, y se me encoge el corazón.

Los números rojos brillantes marcan menos de diez minutos y los segundos desaparecen tan rápido que se me revuelve el estómago.

Es absolutamente imposible que lo alcance.

A pesar de la absoluta inutilidad del gesto, estiro el brazo hacia arriba, forzando la mano hacia un objeto que está completamente fuera de mi alcance.

Oh, Dios mío. Voy a morir en menos de diez minutos.

¿Y qué he hecho con mi vida? No mucho, me doy cuenta con tristeza.

Estaba a punto de vivir una preciosa historia de amor y me la han arrebatado antes siquiera de que tuviera la oportunidad de empezar.

Las lágrimas me corren por la cara cuando pienso en lo que está a punto de ocurrir: que voy a morir sola y que luego mis pobres hermanos encontrarán mi cuerpo colgado en este granero de mala muerte.

No quiero estar sola cuando se abra la trampilla. Nunca me he sentido tan desesperanzada, tan desolada. Es el peor sentimiento del mundo, pero a estas alturas no tengo ningún control sobre mi destino. Lo único que puedo hacer es rezar por un milagro.

Alzo la vista, concentrándome en los últimos minutos que me quedan y pienso en Damon y en el tiempo que pasamos juntos. Ya no hay nada que pueda hacer para salvarme; lo único que puedo hacer es aceptar mi situación. Y, si voy a dejar este mundo, será con el pensamiento de Damon en mi mente.

Lo amo.

Un amor puro, radiante y hermoso me inunda, y la revelación me golpea.

Sabía que me estaba enamorando de él, pero la conciencia de ello es fuerte e inquebrantable.

Sí, todo ha pasado muy rápido, pero no me arrepiento de ni un solo momento que hemos pasado juntos.

Él me ha enseñado lo que es ser deseada, protegida, cuidada, y estaré eternamente agradecida por esos increíbles momentos que compartimos en su cabaña.

Me ha hecho sentir como una verdadera mujer por primera vez en mi vida y conservaré ese sentimiento para siempre.

Nunca voy a olvidar a Damon Archer. Pero estoy increíblemente triste por no poder decirle lo mucho que significa para mí.

Observo cómo se desvanecen los segundos a través de unos ojos borrosos y llenos de lágrimas. No sirve de nada llorar. Mantén la cabeza alta, Carlotta, me digo. Afronta tu destino con toda la elegancia y dignidad que puedas reunir.

Daría cualquier cosa por ver a Damon una última vez, pero es imposible. Y aunque ingenuamente esperaba un futuro con él que no sucederá, todavía puedo rodearme de los preciosos y escasos recuerdos que creamos en nuestro corto tiempo juntos. Unos que han quedado grabados en mi corazón y en mi alma.

Con un suspiro suave y tembloroso, me resigno a lo que sea que vaya a pasar. Una extraña calma me invade, asegurándome que todo irá bien. Pero no estoy segura de dónde viene ni de cómo puede ser eso.

Miro hacia arriba y veo que el temporizador llega a los cinco minutos.

4:59.

4:58.

4:57.

Cierro los ojos con fuerza y rezo para que sea rápido y se acabe pronto.