Suyo para Siempre (Capos de la Mafia 5) 18 Archer
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18 Archer

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Los hermanos de Carlotta, sus esposas y yo hemos hecho todo lo posible por analizar la situación y trazar un plan de acción provisional mientras espero que alguno de mis contactos me dé una pista.

He recibido algunas llamadas, pero nada útil.

Las pistas vagas y muy generales —como que alguien vio un todoterreno negro— no van a ayudarnos a encontrar a Lottie.

Está bien saberlo, claro, pero sigo paseando de un lado a otro como un loco porque nunca en mi puta vida me he sentido tan indefenso.

Mientras tanto, Miceli se ha puesto en contacto con las otras cuatro familias de la mafia.

Han prometido ayudar y están listos para actuar en cuanto los llamemos.

Y eso me tranquiliza. Me sorprende la facilidad con la que se han unido y lo dispuestos que están a ir a la guerra los unos por los otros.

Pero el grupo que se sienta a la mesa ha evolucionado durante el último año.

Todos los problemáticos han desaparecido y los que gobiernan ahora son leales de cojones.

Y eso es algo muy bueno para nosotros ahora mismo.

Lo último que quiero es que alguien ponga pegas o retrase las cosas.

Todo el mundo está manos a la obra y no podría estar más agradecido.

Pero el tiempo parece pasar a cámara lenta, no puedo dejar de caminar de un lado para otro, mi móvil está en silencio total y estoy a punto de perder los estribos. La necesidad de actuar me consume y, si no hacemos algo pronto, voy a explotar.

Joder, reduciré esta ciudad a cenizas si es lo que hace falta para encontrar a Carlotta.

De repente, los móviles de todo el mundo parecen sonar o vibrar a la vez con un mensaje. Todos abrimos los mensajes al mismo tiempo y veo que es de un número desconocido.

—¿Todos de un número desconocido? —pregunta Miceli, y Vin, Enzo, Angelo y yo confirmamos que sí.

—Es un vídeo —afirma Vin, y las mujeres se agrupan para ver las pantallas de sus maridos.

—Sí, tengo un mal presentimiento sobre esto —dice Angelo. Blake le rodea la cintura con un brazo, con la atención puesta en su móvil.

Le doy al play y un primer plano muy cerrado de Carlotta llena mi pantalla. Sus bonitos ojos castaños brillan con lágrimas y se me retuerce el estómago.

—¿Qué coño es esto? —siseo, odiando el miedo que veo en su mirada castaña.

Juro por Dios que estoy a un paso de perder la puta cabeza.

Ojalá pudiera saltar a través de la pantalla de mi móvil y salvarla de lo que sea que la tiene atenazada por el miedo.

Porque mataría a quien la haya hecho llorar.

Los mataría con mis propias manos y luego vaciaría todo mi cargador en ellos por si acaso.

Como si fuera una señal, la cámara se aleja lentamente y veo por primera vez la soga que rodea su cuello. El estómago se me hunde y aprieto tanto la funda del móvil que la oigo crujir.

—Oh, Dios mío —susurra Alessia. Hannah ahoga un grito y Gabriella y Blake hacen una mueca.

—Como podéis ver, vuestra hermana está metida en un buen lío —dice una voz y quiero atravesar la pantalla de un puñetazo—. Se podría decir que pende de un hilo… o de una soga.

—Gallo, hijo de puta —gruñe Miceli.

Gallo se ríe y un escalofrío me recorre la espalda. Carmine Gallo ha perdido la puta cabeza. Y la pobre Carlotta está sufriendo las consecuencias de su locura.

¿Cómo he podido permitir que esto suceda?

Nunca debería haberla llevado de vuelta a su apartamento.

Una vocecita en mi cabeza me lo había advertido, pero la ignoré.

Pensé que entraríamos y saldríamos en menos de diez minutos.

Bueno, supongo que eso es todo lo que ha hecho falta para perder a la mujer que se estaba volviendo tan jodidamente importante para mí.

Me da igual lo que digan los demás, todo esto es culpa mía. Debería haber hecho caso a mi instinto. Con náuseas, veo el resto del vídeo, que no hace más que empeorar.

—No estoy seguro de si podéis verlo —continúa Gallo con aire de suficiencia—, pero justo debajo de los pies de vuestra querida hermana hay una trampilla. —Usa el pie para apartar el heno, revelando una puerta en el suelo del desván.

Varias maldiciones llenan el aire. Me trago el vómito que me sube por la garganta.

No. Carlotta es tan inocente, tan buena, tan dulce. Gallo es un puto monstruo por hacerle esto y voy a matarlo, joder. Aunque sea lo último que haga, voy a meterlo bajo tierra.

—He preparado la trampilla para que se abra en exactamente una hora.

Oh, no, esperad. Quizá solo la he programado para cuarenta y cinco minutos.

—Vuelve a reír y se me eriza la piel—. Da igual.

De cualquier forma, cuando la trampilla se abra, Carlotta caerá y la soga se tensará.

Dudo que tengáis tiempo suficiente para evitarlo, pero quería prepararos para lo que encontraréis: el cadáver de vuestra hermanita colgando de las vigas.

—Ese cabrón enfermo —masculla Angelo.

—¿Dónde coño está? —pregunta Vin, pasándose una mano por el pelo.

—Tengo la extraña sensación de que está a punto de decírnoslo —dice Enzo, con sus ojos oscuros pegados a la pantalla.

Las fosas nasales de Miceli se ensanchan. —Y entonces lo mataremos.

Miro a Miceli a los ojos y asiento. —Voy a arrancarle el puto corazón —gruño—. Y luego lo colgaré.

No veo el momento de ponerle las manos en el cuello a Gallo. Quizá lo estrangule hasta quitarle el aliento antes de colgarlo. Hay tantas maneras de matarlo, pero ninguna parece lo bastante buena. Sin embargo, haga lo que haga, lo haré con una sonrisa en la cara.

Una rabia al rojo vivo me inunda mientras Gallo continúa provocándonos y perdiendo un tiempo precioso. Después de lo que parece una eternidad, pero que probablemente solo ha sido un minuto, por fin va al grano.

—Quiero que vengáis aquí, para poder seguir destruyendo a vuestra familia, uno por uno. No os tengo miedo, a ninguno de vosotros, y estoy listo.

—¿Qué coño le hemos hecho a este tío? —pregunta Enzo, completamente desconcertado, como el resto de nosotros.

Como si respondiera, Gallo mira directamente a la cámara y dice: —Me quitasteis algo y ahora voy a quitároslo todo. Empezando por vuestra hermana pequeña.

Clic. El vídeo termina y, unos segundos después, todos nuestros móviles reciben un mensaje suyo que revela su ubicación.

¡Bingo! Es un engreído y cree que puede vencernos.

Ni de coña. Sí, nos está atrayendo a una trampa, pero no somos estúpidos.

Solía hacer este tipo de mierdas todo el tiempo.

Me he colado en zonas de guerra enemigas y he rescatado rehenes sin que me vieran jamás.

Era un operador Delta cojonudo. Tan bueno que mi puto segundo nombre bien podría ser Sigilo.

Así que si Carmine Gallo cree que tiene alguna posibilidad contra mí, está muy equivocado.

Acaba de provocar al hombre equivocado, porque voy a eliminarlo antes de que sepa siquiera qué le ha golpeado.

Igual que solía hacer mi equipo. La operación Sagitario está en marcha y van a rodar putas cabezas.

Los cinco entramos en acción. Intercambiamos palabras a toda velocidad y las mujeres se apartan tras besar rápidamente a sus respectivos hombres.

Sin un segundo que perder, corro hacia el ascensor y golpeo con la palma el botón para bajar, con los hermanos de Carlotta pisándome los talones.

Ha llegado el momento y todos lo sabemos. Fallar no es una opción.

La vida de Carlotta pende literalmente de un hilo.

Ya habíamos hablado de lo que haríamos en cuanto descubriéramos la ubicación de Carlotta y, en cuanto el ascensor llega al garaje y se abre, corro hacia el todoterreno de Miceli junto con Leo Amato, mientras que Enzo, Vin y Angelo se dirigen al Jeep de Blake.

Es bueno para la conducción todoterreno y pensamos que podría ser mejor que conducir uno de sus coches más deportivos.

Lo mejor es estar preparados, porque quién sabe qué tipo de terreno podríamos encontrarnos.

Apenas nos hemos acomodado los tres en el todoterreno de Miceli cuando ya está dando marcha atrás y saliendo disparado hacia la salida. Saco el GPS de mi móvil y meto la ubicación que nos ha dado Gallo, esperando con impaciencia a que aparezcan las indicaciones.

Todos damos por sentado que es una trampa, que está intentando atraernos hacia nuestra propia destrucción como ha dicho, así que tenemos toda la intención de ser cuidadosos. La única razón por la que Gallo ha revelado su ubicación es porque está esperando y está listo.

Pero nosotros también lo estamos. Enzo ya debería haber llamado a las otras cuatro familias de la mafia.

Están a la espera, aguardando noticias suyas, y ahora deberían estar moviéndose.

Tenemos refuerzos y, he de decir, que tengo plena confianza en los peligrosos hombres que vienen en nuestra ayuda.

Solo tenemos que asegurarnos de llegar a tiempo. Si no…

Joder. No puedo ni pensarlo. No hay más opción que salvar a Carlotta y derrotar a Gallo.

—¿Hora estimada de llegada? —pregunta Miceli bruscamente, muy serio, sin apartar los ojos de la carretera. Conduce como alma que lleva el diablo y apoyo una mano en el salpicadero mientras maniobra el vehículo con pericia entre el tráfico y los cruces.

—Treinta minutos —respondo con gravedad.

—Llegaremos en quince —afirma con seguridad y pisa a fondo.

El Range Rover chirría al adelantar a un autobús y me doy cuenta de que estoy conteniendo la respiración.

No por la forma de conducir de Miceli, sino porque no puedo dejar de imaginarme la cara de Carlotta en ese maldito vídeo.

Se notaba que intentaba ser increíblemente valiente, pero vi el miedo en sus bonitos ojos marrones.

Y las lágrimas. Aunque el vídeo estaba un poco granulado, no pude pasar por alto las brillantes lágrimas que relucían en sus ojos oscuros y se me rompe el corazón.

No estoy seguro de cuándo mi corazón volvió a ser capaz de amar, no soy consciente del momento exacto en que se inundó de calidez y vida de nuevo, pero tengo una idea.

Fue en el momento en que Carlotta Rossi irrumpió en mi vida vestida como la Reina de Corazones.

Es, de verdad, la criatura más encantadora que he conocido nunca y es mucho más que su belleza.

Más que el sexo también. Por muy bueno que fuera, es la calidez, la sonrisa y la bondad de Carlotta lo que me atrae a ella, lo que hace que quiera perderme en ella y absorber parte de la increíble luz que irradia.

La verdad es que me estoy enamorando tanto de ella que siento como si me hubiera atropellado un camión. Llegar a tiempo hasta ella, salvarla antes de que se abra la trampilla, va a ocurrir. Vamos a ganar a Gallo en su propio juego porque no hay otra alternativa.

Pienso cabalgar hacia el atardecer con mi mujer. Solo espero que Gallo, o sus hermanos, no me asesinen antes.

Al mirar a Miceli, con la mandíbula tensa y decidida, me pregunto si aprobaría que estuviera con su hermana. Mierda. Sinceramente, no sé qué va a hacer cuando se entere. Pero, una cosa a la vez. Primero, tenemos que salvar a Lottie.

Luego me enfrentaré a sus hermanos y les diré la verdad: que amo a su hermana pequeña.

Mi móvil vibra y miro para ver un mensaje de Enzo. Lo leo rápido y luego miro a Miceli y después a Leo en el asiento trasero. —Las otras familias lo han confirmado. Nuestro plan sigue adelante y todos los implicados saben qué hacer.

Miceli asiente bruscamente con la cabeza y luego da un volantazo, saliéndose de la autovía. Dijo que nos llevaría en quince minutos, pero creo que va a ser incluso menos. El tío conduce como si estuviera en las 500 Millas de Daytona y a mí me parece perfecto.

—Vale, primero vamos a intentarlo por las buenas —dice Miceli y pulsa un dedo contra su móvil. Está llamando a Gallo y, con cada tono del teléfono, mi corazón late un poco más fuerte.

Justo antes de que la llamada salte al buzón de voz, Gallo contesta.

—¿Habéis recibido mi vídeo? —pregunta con frialdad.

Puedo oír la sonrisa en su voz y me entran ganas de estrangularlo hasta dejarlo sin aliento...

y luego meterle una bala entre sus ojos de rata.

Haciendo un esfuerzo por mantener la compostura, miro a Miceli, que se está esforzando igualmente por mantener la calma y no explotar.

Pero sabemos que tenemos que mantenernos serenos ahora mismo... por Carlotta. Así que lo mejor es no morder el anzuelo.

—Las Cinco Familias lo han reconsiderado y nos gustaría discutir que te conviertas en miembro de la mesa... si devuelves a Carlotta sana y salva.

Si Gallo acepta, todo esto se acaba ahora. Parece demasiado fácil, y sus siguientes palabras confirman exactamente lo que estoy pensando: que Carmine Gallo quiere algo más que un puesto en la mesa. Quiere destruir a las Cinco Familias por completo.

—Demasiado poco y demasiado tarde. Ese tiempo ya pasó y ya no me interesa. Pero gracias por la generosa oferta —su voz rezuma sarcasmo.

Bueno, se acabó lo de hacerlo por las buenas.

—¿Por qué no te lo piensas antes de descartarlo tan a la ligera? —dice Miceli, intentando ganarnos más tiempo.

—¡No hay nada que pensar! —espeta Gallo—. Prefiero mataros a todos.

El odio en su voz es pura maldad, y tiene que haber algo más profundo aquí. Simplemente no tengo ni idea de qué. Antes de que Miceli pueda siquiera responder, Gallo cuelga.

—Pues vaya plan —refunfuña Leo desde el asiento trasero.

—Está muerto —gruñe Miceli.

—Tiene que haber algo más que el simple hecho de querer un puesto en la mesa —reflexiono en voz alta—. Gallo está lleno de un odio tan despiadado y está tan empeñado en destruir a toda vuestra familia…

Mi voz se apaga mientras ellos sopesan mis palabras.

—Estoy de acuerdo —dice Leo—. Esto tiene que ser más profundo.

Miceli emite un sonido de frustración. —Si es así, y estoy de acuerdo con vosotros, no tengo ni idea de qué puede ser. Pero sí, desde luego parece algo personal y no sé por qué.

—Sea lo que sea, no importa. Lo único que importa es rescatar a Lottie —digo, sonando más vehemente de lo que pretendo.

Miceli me lanza una mirada de reojo. —¿Cuándo has empezado a llamarla Lottie?

Aunque en su voz solo hay curiosidad, siento que todo mi cuerpo se tensa. —En la cabaña —le digo con cuidado, moviéndome incómodo en mi asiento.

Miro a Leo y veo su sonrisa socarrona. Cabrón. Siempre ha sido extremadamente perspicaz.

En lugar de hacer más comentarios, Miceli comprueba el GPS y pisa el freno.

—Ya hemos llegado —declara—. ¿Estáis todos listos?

Pongo la mano sobre la pistola en mi funda y asiento. —Vamos a por Carlotta.

Hora de entrar a sangre y fuego.