Suyo para Siempre (Capos de la Mafia 5) 16 Archer
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16 Archer

ARCHER

Lúcido y tumbado en el suelo, soy consciente de todo lo que sucede a mi alrededor, pero no puedo moverme.

La pistola Taser ha interferido temporalmente mis señales neuronales.

Inmovilizado e indefenso, oigo a Carlotta gritarles que me dejen en paz, pero me preparo para recibir un tiro en la cabeza.

Milagrosamente, no sucede. Después de otra descarga, me dejan respirando y se llevan a Carlotta.

Un error garrafal. Un puto error garrafal.

La cabeza me da vueltas mientras mis músculos se contraen, intentando funcionar, pero fallando estrepitosamente. Debería haber sabido que venir aquí era un error. Empecé a ponerme nervioso después de que Carlotta entrara en su dormitorio. Esos matones debían de estar vigilando su apartamento.

Pero sigo respirando, lo que significa que voy a salvar a mi mujer.

Porque, sí, en algún momento Carlotta Rossi se ha convertido en mía.

Quizá me pertenecía desde el momento en que nos besamos en la fiesta de máscaras.

No lo sé. Lo único que sé es que voy a tener que arrastrarme suplicando y esperar que me perdone, porque he sido un idiota.

Un completo y absoluto idiota por alejarla de mí.

Ese pensamiento me ha golpeado en toda la puta cabeza en el mismo instante en que esa pistola Taser me ha derribado.

Quizá la descarga me ha despejado la mente y debería estar agradecido.

No lo sé. Lo único que sé es que más vale que nadie le haga daño a mi chica.

Voy a por ella y quien se interponga en mi camino puede darse por muerto.

Le rezo a Dios para llegar a tiempo a Carlotta, porque no me cabe la menor duda de que está en serios problemas.

Gallo la cagó una vez y perdió su oportunidad porque yo intervine y la rescaté.

Eso significa que esta vez será extremadamente cuidadoso y diligente.

No va a parar hasta que apague su hermosa luz y me niego a permitir que eso ocurra.

Ni de puto coña.

Mis músculos empiezan a responder a medida que el efecto paralizante desaparece, así que me siento y saco el móvil de la chaqueta. Con manos temblorosas, marco el número de Miceli.

—Archer —dice al responder—. ¿Está en el avión?

—No exactamente. —Mierda. Odio tener que decirle a su hermano que la he cagado—. Llegamos a su casa y, menos de cinco minutos después, unos hombres de Gallo echaron la puerta abajo.

Miceli maldice.

—Me han dado con una pistola Taser y se la han llevado. Tenemos que encontrarla, y rápido.

—¿Alguna idea de adónde han ido? —pregunta Miceli, muy profesional y listo para la acción, lo cual agradezco.

—No, pero puedo contactar con mis fuentes.

—Ofrezca una recompensa indecente por cualquier información que conduzca a mi hermana.

—Recibido.

—Mientras tanto, venga a mi casa. Llamaré a mis hermanos.

—Sí, voy de camino. Y, Miceli… —mi voz se apaga. Joder, me siento fatal. Si algo le pasa a Carlotta…

Mierda. Ni siquiera puedo permitir que mi cerebro piense en eso.

—¿Qué?

—Lo siento. Deberíamos haber ido directamente al aeropuerto. Debería haberlo sabido.

—No es culpa suya. Fui yo quien dijo que la llevara a su apartamento para que hiciera una maleta. En todo caso, la culpa es mía.

—Vamos a recuperarla —le aseguro, con la voz cargada de convicción.

—Llame a sus contactos, Archer. Y después mueva el culo para acá.

—Recibido.

Colgamos e inmediatamente salgo del apartamento y bajo a mi coche. A estas alturas ya se han ido y la única manera de encontrar a Carlotta es esperando y rezando para que uno de mis informantes dé con una buena pista. Y rápido, porque el tiempo se agota.

Una vez sentado en mi Challenger, abro una aplicación de mensajería encriptada y envío un mensaje a todos los que tengo en mi lista.

Por supuesto, también me aseguro de mencionar el nombre de Miceli Rossi y que ofrece un enorme incentivo económico por cualquier información que lleve a su hermana.

Tras enviar el mensaje, arranco el coche y me dirijo a Billionaire’s Row, donde viven Miceli y Alessia.

Su hermana.

Esas palabras me golpean con fuerza porque no solo la cagué al permitir que se llevaran a Carlotta, sino que también la jodí a base de bien al acostarme con ella y luego soltarle mis insensibles exigencias de que lo que pasara en la cabaña se quedaba en la cabaña, bla, bla, bla.

Dios, me siento como un auténtico gilipollas. Era virgen y me entregó su cuerpo y, creo, un pedacito de su corazón. ¿Y qué hago yo? Se lo tiro a la cara y le repito una y otra vez que no puedo estar con ella porque mi estilo de vida es demasiado peligroso.

Sí, eso es cierto. Bueno, en parte. Llevo una vida peligrosa y nunca quiero ponerla en una situación precaria.

Pero lo que acaba de pasar no tiene nada que ver conmigo ni con mi trabajo en la sombra.

Carmine Gallo está empeñado y decidido a plantar su gordo culo en la mesa con las Cinco Familias.

Para ello, planea hacer lo que sea necesario para usurpar el puesto de la familia Rossi.

Aunque yo no estuviera en escena, Carlotta seguiría en peligro. Pero como sí estoy involucrado, ahora sus posibilidades de ser encontrada mucho más rápido han aumentado. Así que es bueno que esté en su vida, ¿no?

—Joder, claro que sí —mascullo—. Encontrar a Carlotta y devolverla sana y salva a su familia es mi máxima prioridad. Y quizá, solo quizá, que yo esté en su vida no sea algo malo. Si estoy con ella, siempre estará protegida y cuidada y… amada.

El corazón me da un vuelco extraño al pensarlo.

Nunca me he enamorado, así que no puedo decirlo con seguridad, pero creo que estoy a un paso de enamorarme de Carlotta...

, si es que no lo estoy ya. La vulnerabilidad es algo que siempre he evitado porque pensaba que hacía que un hombre pareciera débil.

Pero estoy aprendiendo que tener estos sentimientos tan fuertes por Carlotta no me hace sentir débil en absoluto.

El problema con Caitlin fue que yo no estuve ahí, ni emocionalmente ni, la mayor parte del tiempo, tampoco físicamente.

Por supuesto, siendo realistas, no hay dos personas que puedan estar siempre juntas las veinticuatro horas del día.

Pero, por primera vez, estoy empezando a darme cuenta de que tenerme cerca no es necesariamente algo malo.

Tengo contactos, tengo habilidades y, lo más importante, tengo la experiencia necesaria para hacer lo que haga falta. Y sin remordimiento alguno.

El tráfico es un coñazo, como de costumbre, pero no dejo que me frene. Sé que estoy conduciendo demasiado rápido, de forma temeraria, pero la vida de Carlotta está en juego. Estoy casi en casa de Miceli cuando me asalta el peor pensamiento del mundo.

¿Y si no podemos salvarla? ¿Y si pierdo a Carlotta?

La idea de que Gallo la mate hace que se me encoja y se me revuelva el estómago.

Es tan dulce, tan buena, tan inocente. No puedo permitir que se convierta en un daño colateral como Caitlin.

De repente, los peores escenarios posibles empiezan a bombardearme como metralla.

¿Y si ninguno de mis contactos responde?

¿Y si llegamos demasiado tarde y, al igual que con Caitlin, entro en una habitación en alguna parte y encuentro el cuerpo sin vida de Carlotta en el suelo, con la sangre manando de sus heridas mortales y empapando el suelo?

—Joder —piso con más fuerza el acelerador, esquivo un coche parado en un stop y me salto la intersección tras un rápido vistazo. No tengo tiempo para detenerme, ni para ceder el paso, ni para esperar, y siento cómo cada precioso segundo se escapa como la arena de un reloj.

Y eso me aterroriza de cojones.

Haciendo todo lo posible por mantenerme centrado, reprimo el pánico punzante que amenaza con hacerme perder el control. Es importante, ahora más que nunca, mantener la cabeza fría y estar preparado, tanto mental como físicamente.

—Contrólate, Archer —me regaño a mí mismo—. No sirves de nada y no puedes ayudarla si entras en pánico.

En todos mis años en operaciones fantasma, nunca entré en pánico. Ni una sola vez. Siempre he permanecido tranquilo, sereno y dueño de la situación bajo presión. Pero la idea de perder a Carlotta me está volviendo un poco loco y muy preocupado.

Sí, nos acostamos, pero fue mucho más que eso.

Pensar en el breve tiempo que pasamos juntos en la cabaña hace que el corazón se me encoja dolorosamente.

No sé cuándo ni cómo, pero ese pequeño petardo me hechizó.

Me embrujó para que sintiera cosas que nunca antes había sentido y ahora todo lo que quiero es rodearla con mis brazos y mantenerla a salvo.

Por desgracia, no puedo hacerlo. Al menos, todavía no. En lugar de eso, estoy atrapado en un horrible juego de espera, sin saber las consecuencias de lo que va a pasar, y me está matando por dentro.

Después de lo que parece una eternidad, aparco en una plaza de visitante en el edificio de Miceli y salgo del coche de un salto. Una vez dentro del alto y extravagante edificio, me meto en el ascensor, que me sube directamente a su planta.

Con el corazón en un puño y aferrándome al móvil como si fuera un salvavidas, llamo a la puerta e, inmediatamente, se abre.

—Archer, entre. ¿Ha recibido alguna noticia?

—pregunta Miceli, con el ceño fruncido y la mirada intensa mientras cierra la puerta tras de mí.

Puedo ver la preocupación en cada arruga de su cara y desearía tener mejores noticias que darle, pero mis contactos aún no han respondido.

Apenas han pasado veinte minutos, así que no es nada raro. Solo jodidamente frustrante.

—Todavía no —le digo—. Esperemos que muy pronto.

Me indica con un gesto que lo siga al salón, donde están reunidos sus hermanos y sus esposas, junto con Leo Amato, su guardaespaldas y mejor amigo, y su mujer, Gia DeLucca, la hermana mayor de Alessia.

Todos parecen muy serios y apesadumbrados.

Me desgarra el puto corazón. Me culpo a mí mismo, deseando haber podido hacer más y detener a esos cabrones.

Pero no puedo centrarme en eso porque los «y si...

» y los «podría haber...» no van a ayudar a Carlotta ahora mismo.

Tengo que mantener una actitud positiva y tenemos que unirnos y hacer lo que sea necesario para recuperar a mi chica.

Porque, sí, es mía. No tiene sentido negarlo.

Estoy cayendo o quizás ya he caído. Para ser sincero, no sé qué coño está pasando.

Mi corazón es un caos y estos sentimientos que ella ha despertado en mi interior son completamente nuevos.

Sea como sea, necesito a Carlotta Rossi como nunca antes he necesitado a nadie.

Necesito a mi chica como el mismo aire que respiro.

La revelación golpea mi corazón normalmente sereno como un mazo y un fuego empieza a arder en mis venas. Haré cualquier cosa para encontrarla. Incluso si eso significa ponerme en peligro o sacrificar mi vida para salvar la suya.

Siempre he sido un protector y un guerrero, y he sacrificado mucho por mi país.

Pero esto es extremadamente personal. No es un trabajo más.

Si esta misión de rescate se va al traste y acaba en desastre, nunca lo superaré.

La culpa será mi perdición y perder a Carlotta significa que me perderé a mí también. Y esta vez no habrá vuelta atrás.

No puedo quedarme de brazos cruzados y seguir sin hacer nada o me volveré loco de remate. Necesitamos trazar un plan. Necesitamos encontrarla. Apoyado en la pared, me cruzo de brazos mientras sus hermanos empiezan a hacer un millón de preguntas sobre lo que pasó en su casa.

Los pongo al día tan rápida y exhaustivamente como puedo. No hay mucho que contar porque estuve fuera de combate la mayor parte del tiempo. Pero les digo que tres hombres armados derribaron la puerta y que cuando entré corriendo en el salón, me estaban esperando.

—Le dije a Carlotta que se escondiera, pero vuestra hermana no es que haga mucho caso —digo con tono seco.

—¿Quién? ¿Lottie? —Angelo pone una cara de falsa confusión—. ¿Lo dice en serio?

—Desde luego, es un petardo —murmuro, imaginando la forma adorable en que frunce el ceño y arruga la nariz justo antes de ponerse hecha una fiera por algo.

—Ah, ¿así que ya ha sido testigo de Carlotta la Trituradora? —pregunta Vin con ironía.

Resoplo, conteniendo una carcajada.

—Es un apodo que le va al pelo.

—Sí, nuestra hermanita puede aplastar las pelotas más grandes con facilidad —afirma Enzo.

—Vaya que sí puede —murmuro. El corazón se me encoge de la emoción y bajo la vista a la pantalla de mi móvil, deseando que aparezca un mensaje con información sobre el paradero de Carlotta. Joder, cualquier pista en este momento sería algo.

Resoplando con frustración, me paso una mano por el pelo y, al levantar la vista, me doy cuenta de que todo el mundo me está mirando fijamente. Sus hermanos me observan con curiosidad, mientras que sus esposas intercambian sonrisas cómplices.

No sé en qué momento me he vuelto tan fácil de leer, pero hago lo que puedo por ocultar cualquier expresión de mi rostro.

Nadie tiene por qué saber lo que ha pasado entre Carlotta y yo en la cabaña.

Joder, la cosa no acabaría nada bien para mí si a cuatro hombres Rossi se les ocurre matarme por haber tocado a su hermanita pequeña.

—De acuerdo, escuchad todos —dice Miceli, aclarándose la garganta y haciéndose con el control de la sala—. Repasemos exactamente lo que sabemos y qué vamos a hacer para recuperar a Lottie. Porque si los contactos de Archer no dan resultados, actuaremos de todos modos.

Miceli Rossi es extraordinario, el más grande físicamente de todos nosotros, y se adueña de una habitación y cautiva al público como nadie.

Por eso es capaz de liderar tan bien a las Cinco Familias.

La gente acude a él en busca de guía y es respetado por muchos líderes y empresarios importantes de esta ciudad.

Sin embargo, Carmine Gallo no es uno de ellos. Y va a caer.

Porque la alternativa sería dejarle ganar y ni de coña vamos a permitir que eso ocurra. Es la maldad personificada y su plan de hacerse con el control de la mesa no puede traer nada bueno.

Mientras la familia de Carlotta analiza cada uno de los ángulos y las posibles opciones que tenemos —y sin información no son muchas—, deseo con todas mis fuerzas que mis contactos respondan.

Una sensación de angustia me corroe el estómago como una úlcera maligna.

Si no llegamos pronto hasta Carlotta, me aterra que vaya a correr la misma suerte que Caitlin.

Y si eso ocurre, no me lo perdonaré jamás.