14 Archer #2
Carlotta me suelta la mano y se pone de pie, con las manos en las caderas.
Tan peleona, tan decidida a demostrarme que me equivoco.
—El amor puede arreglarte, Damon Archer.
Puede sellar las grietas y reparar tu alma.
No dudes de su poder. He visto su fuerza sanadora de primera mano con todos mis hermanos.
—Su voz se suaviza, volviéndose más dulce—.
Quizá no siempre es amor romántico. Podría ser el amor de un amigo, el amor de una familia o el amor de un hijo. Prométeme que no te rendirás.
Extiendo las manos y ella las coge al instante. —¿Cómo te has vuelto tan sabia? —pregunto, tirando de ella para que se siente en mi regazo.
—Soy sabia —declara con picardía, acunándome la cara y mirándome directamente a los ojos—. Y mi primera perla de sabiduría para ti es que beses a la mujer que tienes en tus brazos inmediatamente.
—Parece un consejo bastante bueno —bromeo.
—Oh, lo es —me asegura con una sonrisa traviesa.
Incapaz de resistirme, capturo su boca en un beso que calma mi alma y da esperanza a mi corazón.
Quizá tenga razón. Quizá algún día sea capaz de perdonarme y dejar atrás el pasado.
Ahora mismo, sin embargo, estoy decidido a disfrutar del presente.
Tampoco quiero pensar en el futuro. Lo único que quiero es absorber la luz y la energía positiva de Carlotta.
En algún momento, sé que esta burbuja perfecta que hemos creado va a estallar.
Solo que no esperaba que fuera tan pronto.
El beso desemboca en un encuentro tórrido en la isla de la cocina y todavía estamos en la nube de nuestros orgasmos cuando suena mi teléfono.
Me subo los pantalones del chándal y lo cojo de la mesa de la cocina.
—Archer —contesto, mientras mi mirada se desliza por las esbeltas piernas de Carlotta. Solo lleva puesta mi camiseta y haberla tomado en la encimera ha sido el mejor postre que podría haber pedido.
—Soy Miceli.
—Hola, Miceli, te pongo en altavoz. —Activo el altavoz y ambos nos sentamos a la mesa—. ¿Qué pasa? ¿Alguna novedad sobre Gallo?
—Por eso llamo. El cabrón ha desaparecido. Nadie puede localizarlo y eso nos pone nerviosos.
Intercambio una mirada con Carlotta. —¿Así que quiere que nos quedemos aquí un poco más?
—No tengo ningún problema con eso y le cojo la mano.
Nos sonreímos y ya estoy empezando a pensar en cuántas cosas perversas podemos hacernos durante la próxima semana.
Joder, quizá incluso más. Voy a tomármela en cada superficie de esta cabaña.
—No —dice, interrumpiendo mis sucios pensamientos—. Queremos mantener a Carlotta a salvo, así que hemos decidido que la mejor opción es enviarla a Sicilia para que se quede con nuestros padres hasta que podamos encargarnos de Gallo.
—¿Qué? —prácticamente chilla Carlotta.
—Hola, Lottie —dice Miceli con sequedad.
—No me vengas con «holas» —dice ella, enfadándose a toda prisa—. Estamos perfectamente a salvo aquí arriba y no quiero ir corriendo a esconderme a Sicilia.
—Lo siento, hermanita. El jet está esperando y Archer te va a llevar de vuelta a la ciudad para que hagas una maleta y luego vayáis directamente al aeropuerto.
Sin discusiones. Tu seguridad es nuestra máxima prioridad, especialmente después de que Gallo lograra secuestrarte antes.
¿O es que te has olvidado de eso convenientemente?
—Por supuesto que no me he olvidado —espeta. Luego, suaviza su voz de inmediato—. Pero, Miceli, aquí me siento segura.
—Me alegro, pero te vas a Sicilia.
Está que echa chispas, por supuesto, pero no puedo llevarle la contraria a Miceli.
Carlotta es su hermana y sacarla del país es probablemente la mejor decisión.
Pero este es el momento que tanto temía.
Despedirme de Carlotta va a ser una putada de las gordas.
En estos últimos días, me ha empezado a gustar muchísimo.
Cuanto más la conozco, más tiempo quiero pasar con ella. Pero todo eso se va a acabar.
Miro el reloj. —Nos iremos de inmediato —le digo a Miceli, y Carlotta golpea la mesa con el puño, pero la ignoro.
—Gracias, Archer. ¿Y, Carlotta?
—¿Qué? —espeta ella con los dientes apretados.
—Pórtate bien y nos vemos en diciembre por las fiestas.
Antes de que pueda soltar una respuesta airada, ambos colgamos la llamada.
—Carlotta, tiene razón. Te guste o no, ir a Sicilia es lo más seguro.
—¿Así que a ti te parece bien?
No, pero ¿qué puedo decir?
—Tiene que parecerme bien —le digo—. Tus hermanos han puesto tu cuidado en mis manos y no voy a ponerlo en peligro por unos cuantos polvos más.
En el momento en que las palabras salen de mi boca, me arrepiento. Al instante.
Mierda.
Sus ojos oscuros se entrecierran, sus cejas se fruncen y aprieta la mandíbula. —Ah, claro. Aquí solo estamos follando, así que no es para tanto, ¿verdad? Además, oye, qué buena manera de librarte de mí: hacer lo que te ordena mi hermano.
—No me refería a eso —digo, intentando rectificar—. No quiero librarme de ti. Estoy disfrutando del tiempo que pasamos juntos y… —Mi voz se apaga al ver la expresión furiosa de su cara.
No hago más que meter la pata y probablemente debería callarme.
—Seguro que sí —dice con desdén y se levanta—. Me alegro de saber que te lo has pasado bien follándome, pero vámonos. Mis hermanos han hablado.
Mientras se aleja a grandes zancadas, sé que es mejor no decir nada. Al menos si no quiero que me mande a la mierda. Mi pequeño huracán acaba de tocar tierra y necesito cerrar las escotillas. El viaje de vuelta a Nueva York va a ser movidito, de eso estoy seguro.