2 Archer
ARCHER
Recostado en mi sillón de cuero negro, levanto los pies y los apoyo en el borde del escritorio.
No estoy seguro de cuánta fe depositar en la conversación que acabo de tener con uno de mis informantes, pero le doy vueltas a toda la información en mi cabeza.
Decidiendo si merece la pena que le dedique tiempo a investigarlo más a fondo.
Implica a Miceli Rossi y a su familia. Normalmente, no me preocuparía porque sé que Miceli puede cuidarse de sí mismo y de los suyos.
Pero últimamente le han pasado muchas cosas a su familia y he estado atento.
Si me topo con alguna información que pueda ayudarlo o, en este caso, advertirlo, se la paso.
Para que quede claro, no le debo nada; él no me debe nada.
Aunque, técnicamente, supongo que Miceli sí que me debe algo, pero le dije que no se preocupara.
Deberme algo a mí es como deberle un favor al diablo.
Nadie quiere llegar a eso. He visto cosas, hecho cosas, sé cosas…
que nadie más debería. O de las que nadie querría ser consciente, porque son secretos oscuros и letales.
Le tengo cogido el pulso al submundo y me encargo de saber lo que pasa en la ciudad en todo momento.
Mi red de informantes, en su mayoría una telaraña de criminales, me mantienen al corriente.
También tengo contactos en el departamento de policía y mantengo una buena relación con un exagente de la CIA.
Así que, cuando digo que sé lo que pasa, bueno, es quedarse corto. Soy como el TMZ del submundo de Nueva York. Consigo los cotilleos y los hechos el primero, y luego decido cuál es la mejor manera de usar esa información. A quién contárselo, a quién no… y quién pagará más por saber lo que sé.
Mientras yo gobierno el submundo, Miceli Rossi, por otro lado, gobierna el reino de la mafia. Junto con las otras cinco familias gobernantes que llegaron de Italia y Sicilia hace generaciones, dirigen los negocios de la ciudad. Mientras él gobierna el día, yo gobierno la noche.
Después de todo lo que he hecho y he visto, es a donde pertenezco: a la oscuridad.
Llevo una vida solitaria y así es como la prefiero.
No tengo ningún deseo de conocer a una mujer, casarme y tener una familia.
La oscuridad consume cada aspecto de quién soy, dónde he estado y adónde voy.
No hay lugar en mi vida para la inocencia.
Además, probablemente sería alérgico y me saldría un sarpullido al instante si me acercara a algo remotamente puro o bueno.
Mi atención se desvía hacia la invitación que descansa en el borde de mi escritorio.
Es para un baile de máscaras benéfico y normalmente la ignoraría.
La pasaría por la trituradora de papel sin pensarlo dos veces.
Pero, en este caso, me conviene ir. La pareja que organiza el evento se puso en contacto conmigo hace poco y me pidió mis servicios.
Todavía no he aceptado ni he declinado la oferta porque me gusta ver a la gente en persona primero, para poder observar cómo interactúan y llevan sus negocios antes de aceptarlos como clientes.
Porque, seamos sinceros, las mierdas que hago, las que ellos quieren que haga, no siempre son del todo legales.
Necesito saber que trabajo para seres humanos decentes, porque hasta el diablo tiene sus principios.
Además, calculo que también podré vigilar de cerca a la familia Rossi mientras esté allí, por si surgen problemas. Matar dos pájaros de un tiro.
Corre el rumor de que Carmine Gallo está planeando su venganza contra la familia Rossi y que está dispuesto a hacer lo que sea para conseguirla.
Es cierto que Angelo y compañía son supuestamente responsables de quemar la mansión del hombre y obligarlo a esconderse porque lo buscaban unos cazarrecompensas.
Pero, para ser justos, Gallo fue quien ordenó el asesinato de Angelo y su nueva esposa, Blake Serrano Rossi.
Simplemente fueron más listos que él, le dieron la vuelta a la tortilla y ahora está cabreado.
Mi mirada pasa de la invitación a mi móvil y lo cojo. Tras marcar el número de Miceli, me recuesto más en el sillón mientras suena. El otro hombre responde casi de inmediato.
—Archer, ¿cómo está?
—Pues ya sabe —respondo con calma—, lo de siempre.
Me gustaría decir que llamo a Miceli por la bondad de mi corazón, pero sería mentira. Siempre se trata de negocios y de cuál es la mejor manera de aumentar el dinero en mis arcas.
—¿Qué tiene para mí? —pregunta el otro hombre, yendo directo al grano, lo que me parece bien.
No diría que Miceli Rossi es un amigo, sino más bien un conocido de negocios estratégico.
No es que quedemos para tomar unas cervezas y charlar de chorradas.
No, en lugar de eso, traficamos con información.
Y, por supuesto, con dinero contante y sonante. Que es exactamente el motivo de mi llamada. Al mantener informado a Miceli, que es lo mejor y más valioso que puedo hacer, él me lo pagará generosamente con favores y dinero. Es una situación en la que ambos ganamos.
—Quería ponerle sobre aviso —digo, quitando una pelusa de mi camiseta negra—. Gallo está en pie de guerra y ha jurado acabar con usted y con su familia. Cueste lo que cueste.
Rossi maldice por lo bajo. —Ese gilipollas se está convirtiendo en una china en mi zapato.
—Sí, bueno, puede que le interese asegurarse de que se encarguen de él más pronto que tarde.
—Tomó nota. Le agradezco el aviso. Como siempre, me aseguraré de que sea compensado.
Me enderezo y mis botas caen al suelo con un golpe sordo. —Un placer hacer negocios con usted, Rossi.
—Igualmente.
Colgamos y me levanto y me estiro. Una vez más, mis ojos se posan en la invitación y la cojo.
Es un sobre negro con mi nombre grabado en una caligrafía elegante en el anverso.
Lo abro y deslizo la tarjeta negra para sacarla.
Toda la información de la fiesta está ahí, escrita en letras plateadas y brillantes, incluida la parte en la que se recomienda encarecidamente el uso de máscaras y disfraces.
Suspiro. Disfrazarme no es una de mis prioridades, pero he oído hablar mucho de esta fiesta en particular, así que sé que todo el mundo se disfraza.
De hecho, los invitados lo dan todo y se visten de punta en blanco.
Nadie se quita la máscara hasta la medianoche y es una tradición que se mantiene desde hace diez años.
¿Y quién soy yo para romper la tradición?
Nadie. Así que eso significa que mi culo tiene que buscarse un disfraz. Por supuesto, me horroriza la idea y no tengo ni pajolera idea. Tampoco tengo amigos que me ayuden a decidirme.
Pasándome una mano por el pelo negro, me recuerdo a mí mismo que es lo mejor. Permanecer solo y distante es... lo... mejor. Me repito la frase varias veces para metérmela bien en la cabeza.
Hace mucho tiempo, las cosas habían sido diferentes... y mira lo horrible que salió todo. No, me niego a volver a poner en peligro a nadie nunca más. Eso significa que no voy a meter a nadie en mi mundo ni a permitirme acercarme demasiado. Sobre todo a una mujer.
Sin previo aviso, una imagen de Caitlin inunda mi mente.
Mi cuerpo reacciona como siempre y las náuseas me golpean el estómago.
Ella no se merecía lo que le pasó y el tiempo que ha pasado no ha ayudado a aliviar el peso de mi culpa.
Mi dolor ha disminuido con el tiempo y eso probablemente me convierte en un cabrón aún más grande de lo que ya soy.
La verdad es que no creo que sea capaz de amar.
He oído hablar de ello, he leído sobre ello, incluso lo he presenciado.
Joder, los hombres Rossi han caído todos y ahora sus mundos giran en torno a sus esposas.
Pero no soy capaz de imaginarme conociendo a una mujer y que mi mundo se tambalee y mi estómago se llene de mariposas.
Si es atractiva, con lo único que puedo contar es con un empalme y, si tengo suerte, con un rollo de una noche.
Es de lo único que soy capaz, de todos modos.
Cuando Caitlin murió, toda la humanidad y calidez que tenía murieron con ella.
No soy un buen tipo. Soy frío, despiadado y disfruto del poder que conlleva la información.
Prefiero mil veces contar los dólares de mis diversas cuentas bancarias por el mundo que acurrucarme con una mujer necesitada.
Porque al final todas se vuelven necesitadas y quieren más de lo que puedo dar.
Con otro suspiro, me acerco al gran ventanal con vistas a la ciudad de Nueva York.
El sol se ha puesto hace unos minutos y la noche ya ha caído sobre nosotros.
Las luces brillantes resplandecen por todas partes y me tomo un momento para empaparme de todo.
Esta ciudad es mi dominio y me gusta mantenerla limpia de alimañas y escoria.
Tal vez eso te incluya a ti, se burla una vocecita.
Sacudiendo la cabeza, encierro toda la culpa y las dudas y me cruzo de brazos.
Como antiguo soldado de operaciones especiales, se me da bien compartimentar.
El ejército también me enseñó a ser tenaz, a estar centrado y aprendí a sacar las cosas adelante.
También me hizo odiar mostrar cualquier tipo de debilidad.
Proyectar fuerza y confianza es clave. Es quien soy ahora y no hay vuelta atrás.
Mientras contemplo la ciudad que amo, mi mente vuelve a Carmine Gallo.
Se mudó aquí hace casi dos meses e instantáneamente empezó a causar problemas.
Por lo que puedo deducir, está interesado en hacerse con todo lo que pueda por aquí.
Se rumorea por la calle que ha estado haciendo muchas preguntas sobre las otras familias de la mafia.
Por lo que estoy oyendo, parece que quiere hacerse con la alianza de las Cinco Familias.
O, posiblemente, acabar con ella por completo.
Gallo no quiere compartir; quiere todo el poder y el control.