Suyo para Siempre (Capos de la Mafia 5) 1 Carlotta #2
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1 Carlotta #2

Mis tacones repiquetean contra el lustroso suelo de madera al entrar en el restaurante de moda y veo a mis chicas ya reunidas en una mesa de un rincón.

Las saludo con la mano y me dirijo hacia el fertilísimo grupo de mujeres.

Alessia y Miceli ya están esperando su segundo bebé y ella parece a punto de estallar.

Hannah y Gabriella dieron a luz no hace mucho y todavía están amamantando a sus nuevos retoños.

Y Blake está delgadísima como siempre, pero está embarazada de un par de meses.

Mis hermanos son ridículamente viriles. No es algo en lo que me guste pensar demasiado, así que lo aparto de mi mente rápidamente antes de que se me ocurra imaginarme algo que no quiero visualizar jamás.

—Hola, preciosas mamás —digo a modo de saludo y me siento. De inmediato hago una seña a un camarero; necesito algo de alcohol en mi sistema—. ¿Me pones un Cosmopolitan?

Él asiente y se marcha.

—Todavía no soy mamá —afirma Blake, pasándose una mano por el vientre plano.

—Llegará antes de que te des cuenta —le dice Gabriella con una sonrisa cómplice.

—¿Qué tal la luna de miel? —le pregunto a Blake.

Ella y Ang acaban de volver no hace mucho.

Después de casarse, él la llevó en su helicóptero a Maine, donde se alojaron en una pequeña y acogedora cabaña.

A mi hermano le gusta presumir de sus habilidades como piloto, pero es condenadamente bueno.

Creo que se equivocó de vocación y que debería haber sido piloto de la Marina.

—Increíble —responde ella, soñadora—. Volver a donde nos enamoramos fue muy especial.

—Oh, nos alegramos mucho por ti —dice Alessia, y todas asienten.

Un minuto después, la conversación deriva inevitablemente hacia los bebés y la maternidad.

Todas son madres primerizas y entiendo que están aprendiendo mucho las unas de las otras, pero yo me siento inmediatamente excluida.

Así que me limito a sonreír, asentir y beberme la copa de un trago para luego pedir otra rápidamente.

No tengo mucho que aportar a la conversación y, al final, me quedo mirando al vacío, preguntándome si algún día podré participar y ofrecer algún consejo útil o válido sobre estar casada o tener hijos. Al cabo de un rato, Blake y Gabriella parecen darse cuenta de mi silencio.

—Vale, ya basta de hablar de bebés —afirma Gabriella, y yo le lanzo una mirada de agradecimiento—. Que sepas, Carlotta, que como eres la única soltera de esta mesa, todas te tenemos un poco de envidia.

—¿Envidia? —repito, incrédula—. ¿De qué?

—De tu libertad, para empezar —dice Blake.

—De tener el mundo a tus pies —dice Alessia.

—Y de poder irte y hacer lo que te dé la gana, cuando te dé la gana —añade Hannah.

—No me siento muy afortunada —digo un poco con tristeza, pero supongo que tienen razón—. De hecho, si os soy sincera, os tengo un poco de envidia. Bueno, más que un poco.

Hay tanta melancolía en mi voz que ni siquiera puedo intentar disimularla.

—Sois tan locamente felices —continúo—, y no me malinterpretéis, me alegro mucho por vosotras. Es solo que… no sé qué me pasa. Últimamente, he estado un poco…

Mi voz se apaga y todas escuchan con suma atención.

—¿Un poco qué? —pregunta Alessia con delicadeza.

—Sola —admito en voz baja. Luego añado rápidamente—: Pero sé que es culpa mía. No salgo tanto como debería y me cuesta confiar en los hombres.

—A mí me pasaba lo mismo —dice Blake—. Es un milagro que Angelo y yo nos conociéramos. Toda mi vida había sido trabajo y nunca salía. Socialmente, al menos. Solo para cazar a los malos.

Sonrío con suficiencia, imaginando a Blake como cazarrecompensas en su vida anterior. Ahora que está casada y esperando un bebé, ya no anda por ahí capturando a gente peligrosa. Sobre todo porque a Angelo le daría un infarto.

—Pues vamos a cambiar eso —dice Hannah con naturalidad, con un brillo en los ojos—. Chicas, creo que deberíamos ayudar a Carlotta a encontrar a un buen hombre.

—¿Acaso existen? —no puedo evitar preguntar.

—Sí —responde Alessia sin dudar—. Tus hermanos.

—Bueno, no puedo salir con mis hermanos ni querría, sin ofender. Así que, ¿dónde está el resto de los hombres buenos? —me pregunto en voz alta. Porque desde luego, yo no encuentro ni uno.

—Por ahí, en alguna parte —dice Hannah, lo que no ayuda en absoluto—. Y vamos a ayudarte a encontrarlo.

—Gracias, y no es por aguaros la fiesta, pero la cosa pinta bastante mal, chicas.

—Oh, vamos —bufa Gabriella, agitando la mano en el aire—. Todavía eres una cría. Tienes tiempo de sobra. Aunque está claro que algo o alguien te ha dejado un poco desengañada.

A Gabriella no se le escapa una. Aunque, siendo una mujer de negocios y estando casada con Enzo, entiendo que esté siempre alerta. Es extremadamente perspicaz, bastante intuitiva y muy madura para su edad.

—Sí, se llamaba Rendall y, en cuestión de tres meses, consiguió hacer añicos mi autoestima y mi confianza en el sexo opuesto. Ahora tengo miedo de no volver a ser lo bastante buena para nadie o de no poder confiar en un hombre nunca más.

—Oh, cariño, no todos los hombres son así. Los mejores te querrán y te protegerán. Siempre —me dice Alessia, y las demás asienten.

—Es verdad —asiente Hannah—. Vin me salvó cuando más necesitaba a alguien.

Vincentius había intervenido y rescatado a Hannah cuando la obligaron a participar en una subasta clandestina.

Había superado todas las demás pujas, había aparecido de la nada y había sacado a Hannah de aquella pesadilla.

Literalmente, en brazos, había subido al escenario, la había levantado y se la había llevado.

—No puedes renunciar al amor —Alessia se inclina y me pone una mano en el brazo—. Te ayudaremos, ¿verdad, chicas?

Todas asienten.

—Tengo una idea —declara Gabriella con una sonrisa asomando por la comisura de los labios—. ¡El baile de máscaras!

—¿Qué pasa con el baile? —pregunto, sin pillarlo.

Este fin de semana hay un baile de máscaras benéfico, pero no pensaba ir. No tengo disfraz ni pareja, y me parece demasiado esfuerzo.

—¡Sí! —sonríe Alessia, asintiendo—. Tienes que venir, Carlotta.

Empiezo a negar con la cabeza, pero entonces me doy cuenta de que quizá tengan razón.

No paro de decir que necesito salir más y esto, sin duda, cumpliría ese requisito.

El baile de máscaras es un gran acontecimiento y atraerá a una gran multitud.

¿Quizá a un desconocido guapo y soltero?

Supongo que puedo tener esperanza. Por encima de todo, sin embargo, es un importante evento benéfico y mostrar mi apoyo sería un buen gesto.

Aun así, no estoy del todo convencida. Además, sigo de bajón y no me siento ni lo bastante buena ni con la confianza suficiente para llamar la atención de un hombre. Tengo el flirteo algo oxidado.

—No tengo nada que ponerme —les digo. Es una excusa tonta, lo sé.

—Podemos ayudarte —declara Hannah sin dudarlo, y las chicas asienten de acuerdo.

Tras dudar brevemente, asiento con lentitud. —¿Y por qué demonios no? —digo, y todas chillan de alegría.

La verdad es que soy una romántica de corazón, así que lo intentaré. Quizá, si el destino me sonríe, conozca a alguien y reactive mi vida amorosa.

Aunque tampoco voy a hacerme ilusiones.