CAPÍTULO 19 #3
Por no mencionar que Elaine había dejado bien claro su desdén hacia Max.
Un movimiento en el bolsillo de la chaqueta de Valerie atrajo la atención de Lara.
Primero aparecieron unos bigotillos diminutos, seguidos de un morro puntiagudo y unos ojos enormes y oscuros. La criatura que asomó parecía un ratón, aunque más delicada, con un suave pelaje gris parduzco, orejas desproporcionadas y una cola fina casi tan larga como su cuerpo.
Un dunnart.
—No sabía que tenías un familiar —dijo Lara.
La expresión de asombro de Theo confirmó que para él también era una novedad.
La diminuta criatura trepó hasta el hombro de Valerie y comenzó a emitir frenéticos chasquidos.
Lara entornó los ojos y recurrió a su magia de la armonía. Una música suave se desplegó mientras cantaba unos versos de «Who You Are»; la magia se derramó sobre el dunnart hasta revelar la cadencia de la voz de la criatura.
El reconocimiento la golpeó. —¿Max?
Valerie suspiró y cogió al pequeño, depositándolo en el sofá a su lado.
Estalló un destello de luz.
La magia azul y púrpura se enroscó alrededor del dunnart en cintas que zumbaban de poder.
Su cuerpo se iluminó bajo las luces; el pelaje se disolvió en hebras luminosas mientras la criatura se estiraba.
Las patitas diminutas se alargaron en manos, la cola desapareció en destellos, y los huesos crujieron al expandirse la silueta.
Lara hizo una mueca.
Theo se echó hacia atrás. —Pero qué…
Las orejas desproporcionadas se encogieron; después el morro puntiagudo se fue suavizando hasta adoptar rasgos humanos. Las extremidades se desplegaron con torpeza y la ropa se fue tejiendo sobre él en destellos escalonados hasta que una figura desgarbada se desplomó de lado entre los cojines.
Max gimió.
Su pelo del color del trigo se disparaba en todas direcciones y él parpadeó varias veces.
Bella expulsó humo. —De roedor tenías un aspecto algo más inteligente.
—Odio la magia de transformación —murmuró Max.
—Me quito el sombrero —dijo Theo, y luego se volvió hacia Max—. Tienes un aspecto horrible, tío.
Max intentó sin éxito domar su pelo. —Sí, así me siento.
A Lara también le parecía una magia bastante impresionante. Valerie no solo había ejecutado la transformación sino que lo había hecho con rapidez y bajo presión. Además, alterar proporciones de forma tan drástica requería un nivel de poder y maestría poco común.
Ahora que Lara observaba a Valerie, notó el cansancio alrededor de sus ojos.
El hechizo le había pasado factura a su amiga, y lo había hecho para proteger a Max.
Bien, es cierto que él no había estado en peligro inmediato. Pero a pesar de su actitud despreocupada, Max siempre había sido sensible en el fondo. Una celda lo habría aplastado por dentro.
—Iba preparada para imprevistos —dijo Valerie.
Que la policía apareciera buscando a Max sin duda entraba en esa categoría.
—Tenía el hechizo cargado y listo —añadió.
—¿O sea que cortaste la luz, lo transformaste y lo metiste en tu bolsillo sin que nadie se diera cuenta?
—Me metí yo solo —dijo Max—. Me pareció más seguro que intentar escapar por fuera y que me comiera un gato o un zorro. Por no mencionar que tenía muchas ganas de recuperar mi cuerpo normal.
Lara se estremeció. Toda la experiencia sonaba espantosa.
—En realidad es divertido cambiar de forma —dijo Theo. La conmoción inicial había dado paso a la diversión y ahora sonreía abiertamente.
—Para ti, quizá —dijo Max—. Esa no es una experiencia que tenga muchas ganas de repetir. Sin ánimo de ofender —añadió dirigiéndose a Valerie.
Valerie asintió. —No me has ofendido.
Bella bajó de un salto y empujó a Max con el morro. —Entiendo que tengas los sesos un poco revueltos; sin embargo, las normas básicas de cortesía deberían prevalecer.
Max abrió mucho los ojos y se incorporó. —Ah, tienes razón. Lo siento. —Miró a Valerie—. Bella tiene razón. Estoy profundamente agradecido, Valerie. La verdad es que no sé cómo voy a devolverte el favor, pero lo haré.
La mirada de Valerie se posó en sus manos antes de volver a alzarse. —No hace falta. Es lo que hacen los amigos.
—No —dijo Max, esta vez con más firmeza y una convicción que no dejaba lugar a dudas—. Te has jugado el tipo por mí y has sido absolutamente increíble. —Su expresión se tornó de nuevo sincera—. No estoy seguro de qué hice para merecer tu amistad.
Lara sin duda iba a tener una conversación con su hermano más tarde, porque era imposible ser tan despistado.
Y más siendo empático. Aunque, para ser justos, su padre tenía un dicho favorito: una bruja de la armonía es capaz de oír todas las notas disonantes de la sala excepto las que lleva dentro de sí misma.
A decir verdad, había sido una velada bastante dramática.
—Todo eso puede ser cierto —intervino Lara—, pero ahora mismo tenemos un problema mucho mayor entre manos. —Miró a Max—. Tenemos que mantenerte escondido mientras averiguamos quién está detrás de esto de verdad.
Y encontrar la manera de que Rhys no se enterara de lo que tramaban.
—Yo me apunto —dijo Theo—. ¿Y ahora qué?