Susurros secretos (Los misterios de la bruja de la armonía 3) CAPÍTULO 17
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CAPÍTULO 17

M ax miró a Lara con el ceño fruncido y los brazos cruzados.

—¡No puedes ir! ¡Es demasiado peligroso!

Lara lanzó una mirada disimulada a Rhys. Él no había intervenido ni había mostrado la menor reacción mientras ella les contaba su conversación con Darryl.

—Creo que es una oportunidad estupenda —dijo Valerie. Se cruzó de piernas en el sofá, y los ojos de Max siguieron el movimiento, dándole a Lara un respiro de su enfado.

—¿Qué quieres decir? —preguntó Max, con un tono menos cortante que antes.

Rhys sacó el móvil pero no lo miró. —Estoy de acuerdo.

—¿De verdad? —Lara no pudo evitar la pregunta.

—Aún no os he informado del todo sobre la conversación con Aimee.

No, no había habido tiempo. Tras el ataque, la policía los había interrogado, y luego Rhys se había quedado atrás mientras Lara iba a ver a Darryl.

—Sí —dijo Valerie—. Creo que aportaría un contexto útil. Abre una posibilidad interesante.

Valerie habría escuchado la conversación en directo, pero ni Theo ni Max habían estado presentes y, a juzgar por las miradas desconcertadas que ponían, ella todavía no les había puesto al corriente.

Rhys hizo un resumen de la sesión y repitió lo que Aimee había dicho sobre la víctima, la rapidez con que la conversación había virado hacia el efecto que el asesinato tendría sobre ella, y el pragmatismo de sus opiniones respecto a las prácticas empresariales.

Lo expuso todo en términos serenos y objetivos, pero el subtexto era inequívoco.

La mandíbula de Max se tensaba por momentos.

Rhys tomó un sorbo de agua. —Luego volvió al tema de mi trabajo.

—¿Le dijiste que eres policía? —preguntó Theo, aunque la pregunta reflejaba la misma sorpresa que sentía Lara.

—No. En casa de sus padres, mencioné que mi familia trabaja en seguridad.

Lara recordaba el comentario. En su momento había admirado aquel elegante quiebro.

—Para ella es una señal —dijo Rhys. A pesar de su tono neutro, las palabras destilaban desprecio.

Bella soltó un resoplido de humo, y los labios de Valerie se curvaron levemente. Las brujas creían en las señales y en el orden natural de las cosas, pero las señales no eran mandatos. Eran puertas por las que una bruja podía elegir pasar si el momento y el propósito eran los adecuados.

El destino era una elección.

Max se inclinó hacia adelante con ambas manos apoyadas en las rodillas y el ceño fruncido. —¿Una señal de qué?

—De que yo debería ser quien la proteja.

Era fácil entender el atractivo de la idea. Rhys irradiaba fuerza y competencia, pero bajo esa superficie también había una sensación de seguridad.

Sin embargo, la lógica no hacía absolutamente nada por aplacar la punzada de celos que provocaba la idea.

Theo negó con la cabeza. —A ver si lo entiendo bien. ¿Te ofreció dinero para convertirte en su guardaespaldas?

Rhys asintió.

—¿Y qué dijiste? —preguntó Lara.

—Que me lo pensaría.

Max soltó una carcajada sin humor. —¿Y qué te dijo ella a eso ?

—Subió la tarifa por hora.

—Que ya era considerable de por sí —añadió Valerie.

Con cuidado, Lara dejó a un lado sus sentimientos y dio vueltas a la idea en su cabeza, examinando las posibilidades desde distintos ángulos.

—Puede que ella asista a la fiesta de mañana —dijo Lara, comprendiendo de pronto adónde quería llegar Rhys.

—Es probable —coincidió Max—. Aunque no me ha dicho nada.

Lara se preguntó si Aimee estaría esperando a tener a todos sus posibles acompañantes alineados antes de decidir a quién quería llevarse.

A lo largo de los años había conocido a gente así.

Las invitaciones se mantenían vagas hasta el último momento; una incluso había admitido abiertamente que quería «ver qué otras opciones había» el mismo día.

Aquella amistad en particular no había durado mucho.

—Aimee mencionó el evento en casa de sus padres —dijo Rhys.

—¿Cómo va a explicar tu presencia? —preguntó Max, sin molestarse en disimular su irritación.

Lara sospechaba que no era tanto celos como orgullo herido.

—Al parecer, el estatus de guardaespaldas de Rhys —Valerie hizo comillas en el aire con los dedos— va a ser «nuestro secreto».

Bella soltó una bocanada de humo burlona. —Nada demuestra mejor las buenas intenciones que las mentiras y los múltiples pretendientes.

—Pero conocieron a Rhys en la fiesta, y él estaba allí con Lara —señaló Max.

La ironía no se le escapó a Lara. Menos de una hora antes, ella misma había planteado exactamente la misma objeción.

—No debería levantar sospechas —dijo Lara—. O eso me han dicho.

Rhys arqueó una ceja. —¿Darryl?

—Sí.

Max levantó las manos al aire. —¡Debería haber roto con Aimee hace siglos!

—¿Por qué no lo hiciste? —preguntó Valerie.

El rostro de Max enrojeció. —Cada vez que lo intentaba, o cambiaba de tema o se ponía a hablar de lo sola que estaba en el mundo.

Theo hizo una mueca y apartó la mirada. El pobre Theo tampoco había tenido mucha suerte en las relaciones sentimentales, pero Lara estaba convencida de que con el tiempo la tendría. De hecho, tenía una idea…

—Quiero estar allí —declaró Max, alzando la barbilla con terquedad.

—Para eso necesitarías una invitación —señaló Bella—. Y sospecho que tu caprichosa novia antepondrá la seguridad al afecto. Suponiendo que haya mucho afecto de por medio.

Auch .

—Yo estaré allí —dijo Theo—. La última vez nadie me vio cuando iba en forma de halcón, y hoy Aimee tampoco se ha fijado en mí.

—Puede que haya una manera —murmuró Valerie, aunque descartó el asunto con un gesto cuando Max le lanzó una mirada interrogante.

—Nos estamos adelantando —dijo Lara—. Rhys todavía no ha sido invitado.

Rhys levantó el móvil. —Ahora sí.

Debía de haberle enviado ya un mensaje a Aimee. La respuesta había llegado con bastante rapidez.

—¿Aprobará esto la capitán Featherstone? —preguntó Lara.

—Briar consiguió antes la autorización oficial. Ahora soy consultor en el caso del ataque incendiario. —Rhys guardó el móvil en un bolsillo—. Comprobaré que le parece bien que asista a la fiesta, pero estoy seguro de que lo considerará una buena idea.

Los ojos de Theo se iluminaron. —Trabajo encubierto.

Lara puso los ojos en blanco. ¿Qué tenían sus amigos con ese entusiasmo por la adrenalina?

Aunque en realidad no había ningún peligro real, se recordó a sí misma. Solo una reunión incómoda llena de gente adinerada que, con suerte, estaría de humor para alardear de sus éxitos.

—Por desgracia, Briar sigue intentando abrirse paso a la fuerza en la investigación del asesinato —añadió Rhys, como si fuera una ocurrencia tardía.

Lara entornó los ojos. —¿No te meterás en problemas?

¿Era eso un destello de diversión en los ojos de Rhys?

—No —dijo con absoluta seguridad—. Estoy de permiso y asistiendo a un evento privado. No hay ningún contrato entre Aimee y yo, ni ella me ha hecho ningún pago.

Lara lo miró fijamente. Rhys parecía operar según el principio de que, si técnicamente no se había infringido ninguna norma, todo seguía siendo legal. En alguien tan apegado a las reglas como él, eso era… inesperado.

—¿Quién eres tú y qué has hecho con mi Rhys? —preguntó Lara, y al instante sintió que el calor le subía por el cuello al darse cuenta de lo que había dicho.

Rhys sonrió; su expresión se suavizó y le hizo al estómago de Lara unas cosas que no eran nada convenientes. Inclinándose hacia ella, le murmuró al oído: —Sigo siendo yo. Y muy tuyo.

Max carraspeó.

—Espera —dijo Lara, recordando algo que Rhys había mencionado—. Theo, ¿seguiste a Aimee? ¿Qué hizo?

Theo se encogió de hombros. —No mucho. Se quedó en el estudio un par de horas más.

No siempre la tuve a la vista, así que no puedo decirte si hizo alguna llamada, pero al final un chófer la recogió y la llevó a un edificio de apartamentos, así que me volví.

Buen sitio, por cierto. Ático con vistas al río.

—Sí —confirmó Max—. Allí es donde vive.

—¿Cuál es el plan para mañana? —preguntó Lara.

Probablemente no sería buena idea que Darryl y Rhys se cruzaran antes de la fiesta.

—Darryl me recoge mañana por la tarde.

—Aimee se ofreció a recogerme —dijo Rhys—, pero le mandaré un mensaje para decirle que quedamos en su apartamento.

Seguro que Aimee se alegra una barbaridad . ¡Uf! Ahí estaban otra vez los celos, asomando la cabeza.

—Bueno, pues ya está todo organizado —dijo Lara, aunque las palabras salieron con menos entusiasmo del previsto. Al principio había sido idea suya, pero ahora todo el asunto parecía crecer más allá de su control.

—No del todo —dijo Valerie, mirando a Lara con ojo crítico—. Tengo que llevarte de compras otra vez.

* * *

De vuelta en la misma boutique de antes, Lara estudiaba su reflejo en el espejo.

Valerie le había explicado a Martha, la bruja propietaria de la boutique, que Lara iba a asistir a una cena íntima en la residencia de los Carlton.

Al parecer, eso había sido toda la información que Martha necesitaba, porque enseguida se había dirigido con paso decidido hacia un perchero, había elegido tres vestidos en rápida sucesión y había llevado a Lara al probador con ellos colgados del brazo.

Lara estudió los tres vestidos colgados.

El primero era negro y entallado, con un sutil brillo.

Encaje traslúcido enmarcaba el escote y las mangas; bastante elegante en un estilo contenido.

El segundo vestido era de un profundo rojo burdeos que ceñía el cuerpo con mucha más audacia, con un escote por los hombros diseñado para atraer miradas. Era sofisticado, dramático y coqueto.

El último vestido era de un suave rosa empolvado con una falda asimétrica y vaporosa y una cintura entallada. Era delicado y evocaba dulzura y vulnerabilidad.

Los tres eran preciosos, pero la belleza no era lo más importante.

En la Academia, el plan de estudios incluía una asignatura sobre la importancia de la ropa. El uniforme de mediadores había sido diseñado para establecer el equilibrio correcto en la mayoría de las mediaciones formales.

Algunas ocasiones, sin embargo, requerían una indumentaria más adecuada, y habían tenido un curso completo dedicado a los mensajes que transmitían el color, la tela y el estilo.