CAPÍTULO 16
L a magia rúnica de Darryl salió a jugar.
Arthur no sería consciente de ella, pero para Lara sonaba como la «Syrinx» de Debussy interpretada por una flauta sola, compleja e hipnótica.
La mayoría de la gente solo concebía la magia rúnica como la disciplina que convertía los acuerdos en contratos vinculantes por arte de magia.
Ese era su lado benigno. Esto era otra cosa, y nadie entendía del todo cómo funcionaba.
En su nivel más básico, relajaba al receptor y lo empujaba hacia respuestas emocionales positivas.
Los magos rúnicos tenían buen cuidado de mantener esta aplicación en secreto.
Un lanzador tan poderoso como Darryl podía hacer más, sin embargo. Lara había visto el efecto antes. Incluso otros magos se encontraban abriéndose ante él, bajando la guardia y compartiendo cosas que normalmente habrían mantenido bajo llave.
No todo el mundo era igualmente susceptible, y saberlo ayudaba.
Arthur, que era humano, tenía poca defensa contra ello. Se inclinó hacia delante, con una expresión de vivo interés iluminándole la cara.
Darryl abrió las manos.
—Tengo un pequeño problema relacionado con unas tierras de mi propiedad.
—¿Y necesita una opinión experta?
—No es el tipo de cosa que confiaría a cualquiera —respondió Darryl con cautela.
Lara echó un vistazo al reloj y tamborileó los dedos en el brazo del sillón, interpretando su papel e intentando no pensar demasiado en lo que estaban haciendo realmente.
Podría haber sumado su propia magia a la mezcla, podría haber tejido un poco más de distensión en el ambiente, pero la idea le producía rechazo. Ya se sentía peligrosamente cerca de la manipulación y de la trampa.
Por supuesto, seguía siendo cómplice.
Aunque no había previsto que Darryl usaría su magia rúnica, debería haberlo imaginado. Siempre afirmaba que podía atenuar el efecto, pero nunca apagarlo del todo.
Probablemente había algo de verdad en eso. La propia magia de la armonía de Lara existía como una corriente constante en su cuerpo. Pero la suya no tenía que ver con obtener una ventaja desleal.
—Soy la discreción en persona —dijo Arthur, llevándose la mano al corazón.
Bella resopló. Lara le lanzó una mirada de advertencia.
Darryl dio otro sorbo al whisky.
—Es… delicado.
—Mire. —Arthur se inclinó hacia delante, con una rodilla que rebotaba de inquietud—. He hecho un montón de trabajo para sus padres. Por eso ha venido a mí, ¿verdad?
—Sí —dijo Darryl—. Pero esto es diferente, y no creo que haya gestionado este tipo de asunto para ellos.
Los ojos de Arthur se entornaron. Era evidente que la conversación no iba por donde él quería.
—¿Qué? —preguntó—. ¿Quiere referencias?
—Estoy seguro de que es competente. —Darryl hizo girar su copa—. Pero necesito a alguien con experiencia en este campo específico.
—Cariño —dijo Lara, mirando el reloj de nuevo—, se está haciendo tarde.
Darryl le dio una palmadita en el brazo.
—Nos iremos pronto, ruiseñorcito mío.
Un estremecimiento recorrió a Lara.
El apodo cariñoso era el que él usaba cuando salían juntos. Por un segundo peligroso, la arrastró hacia atrás en el tiempo con una claridad asombrosa.
Por suerte, logró disimular la reacción con una capa de irritación genuina.
Bella bajó el hocico hasta las patas y cerró los ojos, probablemente para no lanzar un mordisco.
Darryl volvió a prestar atención a Arthur.
—Me temo que voy un poco justo de tiempo. ¿Podríamos retomarlo otro día?
—¡Espere! —Arthur levantó una mano, aunque Darryl no había hecho el menor amago de levantarse—. Cuénteme un poco más, y estoy seguro de que podré citar casos similares en los que he ayudado a clientes.
—Alguien está denunciando contaminación en el arroyo que atraviesa mi propiedad. —Darryl se encogió de hombros con esa indiferencia propia de los adinerados. Los problemas surgían. El dinero los resolvía. ¿Qué más había que hablar?
¿Cuánto de esa actitud era auténtica?
Arthur le lanzó una mirada de complicidad.
—¿Tiene actividad industrial allí?
Darryl vaciló antes de asentir con un gesto seco.
—Soy su hombre. —Arthur levantó su copa—. He gestionado cosas así antes. Conseguí informes que salvaron a clientes de desastres absolutos.
—¿Resistirán el escrutinio? —preguntó Darryl.
Lara exhaló ruidosamente y se removió en el asiento. El juego de roles se había vuelto más fácil ahora que Arthur se mostraba cómodo con la idea de falsificar informes.
—¿Por quién me toma? —Arthur se llevó una mano al pecho como si estuviera ofendido, aunque el brillo de sus ojos arruinó la actuación.
—¿Tiene ejemplos recientes?
—¿Cariño? —se quejó Lara.
La comisura de la boca de Darryl se curvó.
—Ya queda poco, cielo. Te lo prometo.
—¡Bien! —Arthur se puso en pie de un salto—. Tengo algo por aquí que puedo enseñarle.
—¿Ah, sí? —Darryl permaneció sentado un segundo más antes de levantarse con deliberada desgana—. Bueno, ya que estoy aquí, no está de más echarle un vistazo rápido.
—Eso es. —Arthur se colocó detrás de su escritorio y empezó a teclear en el portátil.
Lara también se levantó, haciendo que el movimiento pareciera impaciente. Darryl le tomó la mano como si la estuviera tranquilizando.
Bella abrió un ojo pero no se movió. Habría resultado demasiado sospechoso que la dragoneta pareciera interesada en el documento.
—Aquí vamos —anunció Arthur—. Este le ahorró una fortuna a un promotor.
Darryl guio a Lara para acercarse mientras ella seguía haciendo su mejor interpretación de alguien que preferiría estar cenando antes que escuchar un litigio medioambiental.
Arthur abrió el informe y comenzó a desplazarse por él.
Darryl le echó un vistazo superficial.
—¿Una disputa urbanística? —Sonaba claramente poco impresionado—. Pensaba en algo con un poco más de peso. Algo donde sus conclusiones hubieran realmente importado.
Arthur se sintió visiblemente herido en su orgullo. Cerró el archivo de un clic.
—¿Quiere algo serio? Pues tengo algo serio.
Abrió otra carpeta y seleccionó un documento.
—Este es una joya. Se mantuvo en los tribunales y todo.
En el momento en que el informe apareció en pantalla, Lara abandonó la actuación.
Darryl se inclinó sobre el hombro de Arthur y tomó el control del ratón, desplazándose por el informe. Sin inmutarse, Arthur siguió hablando. Lara hizo caso omiso de él y recorrió los nombres y los detalles legales en busca de la conexión.
¡Ahí!
El abogado defensor que figuraba en el caso era Jack Fulton, y el nombre de la empresa era North and South Ltd.
—¿No impugnó la acusación las conclusiones? —El tono de Darryl era frío y profesional. Lara resistió el impulso de frotarse los brazos.
—Lo intentó. —Arthur se dio un golpecito en la sien—. Pero yo lo tenía todo bien atado. También tengo amigos en el sector. El perito que trajeron me respaldó.
—¿Como favor? —preguntó Darryl con el tono justo de incredulidad.
Arthur esbozó una sonrisa torcida.
—Un poco de aceite mantiene la maquinaria en marcha.
Lara había visto y oído suficiente. Dio una patada en el suelo y ni siquiera se sintió culpable por el gesto infantil; necesitaba aire fresco. Ahora mismo.
—Me temo que tendremos que dejarlo aquí —dijo Darryl. Extendió la mano, y Arthur se la estrechó con entusiasmo—. Me pondré en contacto.
Lara no le esperó.
Bella saltó del sillón y la siguió mientras Lara salía a zancadas del despacho, cruzaba la casa y salía al cálido aire de la noche. Al cruzar el umbral y emerger al jardín, inspiró hondo.
Un niño había caído enfermo, y ese informe le había dado a la empresa la justificación para evitar pagar el tratamiento.
Arthur lo había contado todo con la satisfacción despreocupada de alguien que habla de un negocio exitoso.
El chófer había salido del BMW y abierto la puerta trasera cuando ella llegó a la acera. Lara se deslizó en el fresco interior de cuero con más fuerza que elegancia, la mandíbula tan apretada que le dolía. Su magia bullía inquieta, con notas discordantes que se raspaban entre sí en ritmos feos.
Darryl se unió a ella en el asiento trasero y le hizo una señal al conductor para que arrancara.
—¿Estás bien, Lara?
No .
—Sí.
La mentira tuvo un efecto chirriante en su magia de la armonía; la nota le ponía los dientes de punta.
Darryl le dio un suave apretón en la mano.
—¿Qué piensas hacer con la información?
—¿Qué quieres decir? —Lara se volvió hacia él—. Es corrupto. Hay que exponerlo.
Darryl soltó un aliento lento.
—La prioridad tiene que seguir siendo resolver el asesinato.
—Esto demuestra que la empresa y sus directivos tenían un móvil si Jack lo sabía. —Lara cruzó los brazos.
Había querido preguntarle a Arthur directamente en el momento en que vio el nombre de Jack asociado al caso, pero no había ninguna manera diplomática de hacerlo sin levantar sospechas.
— Si lo sabía —dijo Darryl—. Y si me hubieras dado un poco más de tiempo, podría haber conseguido esa respuesta de él.
Lara se hundió en el asiento.
Tenía razón. Había dejado que la rabia se apoderara de ella y había cortado la conversación antes de que Darryl pudiera hacerlo.
—También tenemos que ser cautelosos. Si revelamos lo que ha hecho, habrá que revisar todos sus casos. No habrá aceptado sobornos por todo, lo que significa que entre ellos habrá peritajes legítimos.
El estómago de Lara se tensó. Decisiones justas podrían ser revocadas junto con las poco éticas.
Vidas reconstruidas con esmero podrían verse sumidas en la incertidumbre de nuevo.
El coste de los juicios por sí solo arruinaría a algunas familias, y eso sin contar el desgaste mental de las personas vulnerables obligadas a revivir viejos traumas.
Sin embargo, para quienes habían sido perjudicados, este también era un camino hacia la justicia.
La cola de Bella se enroscó alrededor de sus patas.
—La verdad es incómoda —dijo—. Pero las mentiras son jaulas, por muy bien tapizadas que estén. La gente merece la oportunidad de salir de ellas.
Tanto Darryl como Bella tenían razón.