CAPÍTULO 10
L ara suspiró. Tenía la sensación de que no hacían más que dar vueltas en círculo. Luego apartó el pensamiento. Siempre había un hilo del que tirar —toda mediación difícil tenía uno, si se buscaba con suficiente atención.
—Mañana quiero repasar los casos en los que estaba trabajando Jack —dijo—. A ver si algo llama la atención.
Valerie se quitó los zapatos y comenzó a frotarse los pies. —Buena idea. Al cabo de un rato dejé de ver nada útil.
—Puedo ayudar —se ofreció Max.
Valerie enarcó una ceja. —¿No tienes ensayo con la orquesta?
Max se ruborizó y desvió la mirada.
La expresión de Valerie se suavizó. —Un par de ojos más sería de ayuda, sobre todo en todo lo relacionado con el campo. Eso se me escapa.
Bella bajó de un salto de su silla. —Perfecto, tenemos un plan. Pero yo, por mi parte, necesito mi sueño reparador.
—Hay una manera de saber más. —Rhys miró a Lara, con la pregunta clara en los ojos.
—Quieres aceptar la oferta de Aimee —dijo Lara, con un deje de resignación que se le coló en la voz. No le gustaba nada.
—Tú decides.
¿Cómo iba a negarse? Era una decisión sensata. El hecho de que él se lo dejara a ella lo hacía más llevadero, aunque solo un poco. —Tiene sentido.
Rhys se inclinó levemente hacia delante. —¿Estás segura?
No, en absoluto. —Sí.
—Además, puede darme la oportunidad de estudiar la escena del crimen —añadió, sin dejar de observarla.
Max se había acercado a la ventana y miraba hacia el balcón y más allá: la extensión de estrellas sobre sus cabezas, el resplandor brillante de las luces de la ciudad a un lado.
—Aimee dijo que la policía ya lo ha inspeccionado —dijo—.
Sospecho que su padre movió algunos hilos.
—Se volvió hacia ellos—. Hablaré con Aimee y le pasaré vuestros datos.
Había una distancia en su tono que antes no estaba ahí, y Lara no supo cómo interpretarla.
—Debería irme. —Miró a Valerie—. ¿A qué hora vengo a ayudar?
—Yo me levanto al amanecer —dijo Valerie—. Ven cuando quieras.
Él asintió. —Hasta entonces. —Y dicho eso, se dio la vuelta y se marchó.
—Bueno —dijo Bella en cuanto la puerta se cerró con un clic—. Está claro que algo le ha chamuscado las escamas.
—No es una sensación agradable —dijo Valerie.
—¿Qué sensación es esa? —preguntó Theo.
—La de darte cuenta de que has estado ciego. —Valerie se levantó—. Buenas noches. —Y se fue a su habitación.
* * *
A la mañana siguiente, el apartamento era un hervidero de actividad. Valerie había echado a Rhys de la cocina, rechazado la ayuda de todos los demás y se había puesto a preparar el desayuno con una eficiencia implacable.
La mesa estaba repleta: huevos revueltos con hierbas, beicon crujiente, tomates a la plancha, champiñones salteados, pan de masa madre recién hecho y una fuente de fruta cortada, luminosa de bayas y cítricos. Una tetera humeaba junto a una pila de platos y cubiertos.
Lara optó por el suelo y se acomodó contra el sofá. Rhys se sentó a su lado y dejó un plato a su alcance mientras ella sostenía entre las manos un moca que él había subido del café de abajo.
Theo y Bella habían reclamado los taburetes de la isla de la cocina —Theo ya iba por la segunda ración, mientras Bella picoteaba la suya. Frente a ellos, Valerie y Max estaban de pie, muy juntos, con la cabeza inclinada sobre un montón de documentos, hablando en voz baja y concentrados.
El móvil de Max emitió un pitido y la sala enmudeció mientras él lo sacaba y leía el mensaje.
—Todo listo —le dijo a Rhys—. Ha quedado a las dos de la tarde. —Frunció el ceño—. Dice que vayas solo. Al parecer, eso ayudará con el ambiente.
—Me lo esperaba —dijo Rhys.
Lara también. Que no le gustara era otro cantar.
—He traído algo de equipo —añadió Rhys—. Micrófonos discretos, de solapa y de pinza, y una pequeña cámara corporal. Podréis oír y ver todo en tiempo real.
Theo levantó la cabeza con interés. —Qué bien.
—Qué reconfortante ver que Aimee se ha recuperado tan rápido del trance de ayer, ¿verdad? —preguntó Bella, sin dirigirse a nadie en particular.
Lara abrió la boca para reprenderla —Max ya estaba bastante mal; no necesitaba sarcasmo encima—, pero Valerie se le adelantó.
—Cada uno lleva las cosas a su manera.
Max, que había estado mirando el móvil como si estuviera sopesando si aplastarlo, levantó la vista hacia Valerie. Ella no le devolvió la mirada.
—Bueno, yo diría que a ciertas personas les encanta ser el centro de atención —añadió Theo.
Valerie le lanzó una mirada que habría podido cortar el cristal, pero Theo se limitó a encogerse de hombros y levantar el móvil. —Isla me ha mandado las publicaciones. Aimee ya ha colgado un vídeo hablando de ello y tiene miles de visualizaciones. Y también un montón de comentarios de apoyo.
Las redes sociales eran un arma de doble filo. Lara ya se imaginaba los menos generosos.
—Sí, eso le encantaría a Aimee —dijo Max, con tono apagado—. No debería sorprenderme que lo haya publicado. Es una firme defensora de que las redes sociales son buenas para el negocio.
Rhys se levantó. —¿Me puedes enseñar el vídeo?
Theo giró el móvil y le dio al play mientras Lara se acercaba, atraída a su pesar.
Aimee llenó la pantalla.
Seguía con el mismo vestido de la noche anterior, el pelo perfectamente peinado, el maquillaje impecable. Lara entornó los ojos. ¿Se lo había retocado? No parecía el aspecto de alguien que hubiera pasado una noche larga y agotadora.
Aimee hablaba directamente a la cámara, con la voz suave pero clara, relatando los hechos con énfasis calculado.
Al girar el teléfono, apareció la terraza: el suelo de piedra arenisca, la pérgola abierta sobre sus cabezas.
Su narración titubeaba en los momentos precisos, y cuando habló del disparo, se le llenaron los ojos de lágrimas y una de ellas le resbaló por la mejilla.
—…y me pasó a milímetros —dijo, con la voz temblorosa.
Bella soltó un resoplido.
—Quiero verlo también —dijo Valerie, acercándose.
—Espera —dijo Theo, alejándose. Conectó el móvil al televisor inteligente y el vídeo se expandió por toda la pantalla.
Empezó de nuevo.
Esta vez los detalles eran más nítidos: guardias de seguridad al fondo, rígidos, observándolo todo mientras Aimee hablaba. La cámara se movía y oscilaba al caminar, con el repiqueteo de los tacones, hasta que llegó al borde de la terraza y bajó al jardín.
Se detuvo en un pequeño claro.
—Aquí fue desde donde disparó —dijo, girando la cámara para mostrar la hilera de árboles al fondo. Luego volvió a sí misma, con una expresión frágil pero serena—. Ya no me siento segura. Saber que había alguien ahí fuera, vigilando, esperando… da terror pensar que podría volver.
Una inquietud más honda se instaló en el pecho de Lara. Puede que Aimee hubiera pasado miedo la noche anterior, pero ese vídeo denotaba una cierta falta de escrúpulos, y a juzgar por la línea tensa de la boca de Max, él también lo sabía.
Rhys señaló la pantalla. —¿Puedes rebobinar unos segundos?
Theo rebobinó.
—Para.
Rhys se acercó al televisor.
Theo también se inclinó hacia delante, balanceándose sobre los talones. —Ah, ya veo.
—¿Qué veis? —preguntó Lara.
—Eso no es desde donde disparó el tirador —dijo Rhys.
Señaló la pantalla. —Desde esa posición, el ángulo no cuadra con el lugar donde impactó la bala. El disparo vino desde la izquierda de la terraza, más cerca de la línea de árboles. Desde donde ella señala, la trayectoria no cuadraría. No habría pasado cerca de ella de ese modo.
Lara fue alternando la mirada entre la imagen y Rhys. No terminaba de seguir los detalles técnicos, pero si él decía que el ángulo era incorrecto, le creía.
—Bueno —dijo, eligiendo las palabras con cuidado—, la pregunta es si Aimee lo sabe. O no tiene ni idea de lo que dice y se lo está inventando para darle más morbo a la historia, o alguien le ha dado una versión de los hechos.
Max levantó las manos. —Ya no sé qué pensar. Creía que la conocía. —Se volvió hacia Rhys, con algo más firme asentándose en su expresión—. Si estoy allí, puedo leerla. Captar lo que realmente siente mientras haces las preguntas.
—¿Sabe Aimee lo de tu empatía? —preguntó Lara. Max no ocultaba su don, pero tampoco lo pregonaba. Solía incomodar a la gente.
—No directamente —dijo.
Bella resopló. —Eso no es una respuesta, querido Max.
—No se lo he dicho abiertamente —dijo Max, pasándose una mano por el pelo—, pero en más de una ocasión he hecho comentarios sobre los sentimientos de las personas.
—Y acertado —dedujo Lara.
—Lo que significa que, si es perspicaz, puede haberlo deducido —añadió Valerie.
—Oh, es perspicaz cuando le conviene. —La amargura se coló en su voz.
—No va a funcionar —dijo Rhys.
Todos se volvieron hacia él.
—Que estés tú no va a funcionar —aclaró—. Se cerrará en banda. Aunque no sepa lo de tu empatía, estás implicado en el asesinato y conoces los antecedentes. Pero yo soy una página en blanco.
Los labios de Lara se curvaron levemente .
—Alguien a quien puede intentar manipular —dijo Valerie.
Rhys negó con la cabeza. —Iba a decir, alguien ante quien puede sentirse lo bastante relajada como para lucirse.
Más bien coqueteo, pensó Lara, pero se mordió el comentario.
En cambio, se obligó a centrarse en el caso. Todo estaba demasiado turbio y sus emociones empezaban a interferir.
Se apartó del grupo y comenzó a tararear suavemente. «Unwritten». La melodía subía y bajaba mientras se movía, dejándose llevar por el instinto más que por el pensamiento: giros lentos alrededor del borde del sofá, un paso medido sobre la alfombra, el ritmo se asentaba en sus huesos.
—¿Qué está haciendo?
—¡Chis! —la reprendió Bella.
El ruido del tráfico exterior y el lejano estruendo de las olas se desvanecieron cuando la música se adueñó de ella, su magia fue entretejiéndose con las notas hasta que todo lo demás se apagó.
Solo entonces se permitió revivir los acontecimientos de la noche anterior y la información que había estado leyendo por la mañana.
Sus pensamientos se movían al compás de cada paso, cada giro, cada desplazamiento del peso.
Motivos.
Un pivote, un movimiento amplio del brazo.