Susurros secretos (Los misterios de la bruja de la armonía 3) CAPÍTULO 6 #2
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CAPÍTULO 6 #2

Lara reprimió un suspiro de frustración. Aimee no había revelado nada de verdadero peso. Desde luego, nada que no supieran ya.

—¿Jack mencionó alguna vez tener enemigos? —preguntó Lara.

—No mucho. —Aimee trazó círculos lentos en la comida con el tenedor—. Sí dijo que el trabajo no era fácil, eso sí. Con ese tipo de casos, siempre hay alguien que sale perdiendo. Así funciona.

Exactamente lo contrario de lo que Lara perseguía en sus mediaciones.

—La gente se enfadaba, y algunos le gritaban y se ponían imposibles. Qué falta de educación —añadió Aimee.

El camarero apareció de nuevo. —¿Les apetece algo de postre?

—Un té English Breakfast para mí, si tienen —dijo Valerie.

Lara no tenía ganas de alargar el almuerzo más de lo necesario —estaba claro que Aimee no iba a dar mucho de sí—, pero ya que estaba, podía pedir algo. —Un moca estaría genial, gracias.

Bella asintió con la cabeza. —Una tarta de limón con nata, si es tan amable.

—Un capuchino, por favor —dijo Max. Había dejado gran parte del plato sin tocar.

—Ya te he dicho que es cancerígeno, cariño —le reprendió Aimee.

El camarero hizo una retirada discreta y diplomática cuando Max no respondió.

—Espera —dijo Lara a Aimee—. Has mencionado que alguien le gritó a Jack.

—Sí. Bastante ridículo. —Aimee hizo un ademán con la mano—. Un hombre estaba plantado delante de su oficina con un cartel que decía que Jack era tan asesino como su cliente.

—¿Así que tú estabas allí?

Aimee asintió.

—¿Recuerdas el nombre del hombre? ¿O el del cliente?

—No es que se presentara —dijo Aimee, con sorna—. Aparté a Jack cuando intentó calmar al hombre enfurecido. No tiene ningún sentido discutir con ese tipo de personas.

—¿Y el nombre del cliente, cariño? —apuntó Max.

—Ay, dios, lo tenía en el cartel —Aimee frunció el ceño, tamborileando los dedos contra el plato—pintado para que pareciera sangre goteando por las letras. No, lo siento. No me acuerdo.

La conversación fue apagándose después de eso. Aimee había agotado su memoria o, sencillamente, no tenía ninguna intención de ofrecer nada más. Max hizo varios intentos de charla intrascendente, pero no llegó muy lejos.

Lara le fue dando vueltas a lo poco que había dicho Aimee, sopesando si había algo aprovechable en ello, o si insistir más solo lograría cerrarla por completo. Tenía la sensación inequívoca de que Aimee no volvería a ponerse a su disposición con tanta facilidad.

Lara le dirigió a su hermano una mirada de soslayo. Definitivamente tenía un tipo: rubia, guapa y necesitada de ser rescatada. Quizás le resultara más fácil pasar página. Y sin embargo, esta vez no parecía lograrlo, aunque él mismo había dicho que quería.

El asesinato lo complicaba todo. Max no se alejaría mientras eso pesara sobre la cabeza de Aimee. La empatía tenía sus inconvenientes, o quizás era simplemente Max y sus decisiones. ¿Cuándo fue la última vez que ella y su hermano se habían sentado a hablar de verdad, los dos solos?

Tendría que remediar eso pronto. Por el momento, sin embargo, solo quería terminar la comida y dejar atrás a Aimee y su escasa colaboración.

Se despidieron a la puerta del restaurante; Aimee alegó un dolor de cabeza e insistió en que Max la llevara a casa.

—Hay cosas que nunca cambian —bufó Bella, viendo alejarse a Max con Aimee.

—¿Qué quieres decir? —preguntó Valerie.

Lara vaciló. No era algo que soliera compartir, pero en este caso podía ser relevante para resolver el caso. —Max tiene tendencia a enamorarse del tipo de mujer equivocado.

Valerie enarcó una ceja. —A ver si adivino: las que se las dan de indefensas.

El impulso de defender a su hermano chocó con el instinto de honestidad de Lara. —Tiene que ver con su empatía.

Bella resopló. —Quieres decir que se siente atraído por quienes cree que necesitan que las salven.

—La deshonestidad no tiene ninguna excusa —dijo Valerie, con sequedad.

Ah. Así que esa era la raíz de la frialdad de Valerie hacia Max. Lara se encontró preguntándose qué habría ocurrido en el pasado de Valerie para que tuviera esa reacción. ¿No había dicho que fue una rebelde? Quizás ella misma se había metido en líos con la policía porque alguien mintió.

—¿Cómo ha ido? —preguntó una voz grave, sacándola de sus cavilaciones.

Lara se volvió y sonrió a Rhys y Theo. —No demasiado bien. Creo que me he ganado un helado después de eso.

Mientras se encaminaban hacia el quiosco a la vuelta de la esquina, Lara les puso al corriente de la conversación.

—¿Crees que estaba ocultando algo? —preguntó Theo, equilibrando una doble bola de helado de macadamia en un cucurucho.

Lara lamió una pequeña espiral de su helado de delicias turcas, con pétalos rosas sobre la base blanca. —Es posible que no quisiera recordar, pero no creo que sea eso.

Rhys sacó una cucharada de su tarrina de coco con pepitas de chocolate. —Probablemente tengas razón. Por lo que he leído, no es ni de lejos tan ignorante como quiere aparentar.

—¿Qué has leído? —preguntó Lara.

—Isla nos ha mandado más material de redes sociales —explicó Theo.

Valerie hizo un gesto con su cucurucho. —No nos tengáis en ascuas. ¿Qué es?

Rhys alargó la mano y le limpió a Lara una manchita de helado de la punta de la nariz, y ella contuvo el aliento. —Ha representado al negocio familiar en conferencias y ha participado en negociaciones para adquisiciones.

—Hay algo más —dijo Theo—. Aimee tiene mal genio. No es la primera vez que tiene problemas con la ley, pero sus padres son ricos y pueden permitirse muy buenos abogados.

Rhys se removió. —Le pegó una bofetada a una mujer en una fiesta hace unos meses. Al parecer, la mujer estaba coqueteando con Jack. Se presentó una denuncia.

—No es lo mismo que matar —dijo Lara.

—Hay que ir paso a paso —respondió Theo, con un asomo de humor en la voz.

—¿Tiene mascotas? —preguntó Bella, completamente seria—. Cómo trata uno a sus compañeros animales es una medida muy reveladora del carácter.

Theo se encogió de hombros. —Tiene un caballo de carreras. ¿Eso cuenta?

—Le gusta el tiro con arco —añadió Rhys—, y tiene muy buena puntería.

¿Se traduciría eso en ser buena tiradora?

Max estaba a solas con Aimee.

Maldita sea, Max.

Rhys debió de notar la inquietud de Lara, porque alargó la mano y le sostuvo la mejilla. —Como tú misma señalaste, Aimee no ha matado a nadie, que nosotros sepamos.

Valerie soltó una carcajada burlona.

Lara sacudió la cabeza. —Casi me habías tranquilizado hasta ese último inciso.

El pulgar le rozó a lo largo de la mandíbula. —No lo estoy haciendo muy bien, ¿verdad? Pero si te sirve de algo, no creo que Max esté en peligro todavía.

—Ah, muy tranquilizador —dijo Theo—. O sea… ¿nos alarmamos ya o lo dejamos para más tarde?

Rhys mantuvo la mirada fija en Lara. —El asesinato requiere motivación. Tu hermano no le ha dado ningún motivo.

Lara se mordió el labio. A no ser que intentara romper con ella.

—¿Crees que puede ser culpable del asesinato de Jack?

—Si tiene mal genio y estaba enfadada con Jack, entonces tenía los medios, el móvil y la oportunidad.

Lara frunció el ceño. —Tengo que hablar a solas con mi hermano.

—Será mejor que yo esté presente —dijo Bella—. Ya hemos establecido el coeficiente de testarudez de los St Clair.