CAPÍTULO 6
—Max me ha dicho que eres una artista con mucho talento —dijo Lara.
La adulación podía llevarle muy lejos.
—¡Qué detalle tan bonito! —Aimee alargó la mano hacia la de Max, y él se tensó. Luego se volvió hacia Lara—. He tenido varias exposiciones, y mi obra está en exposición permanente en varios edificios a lo largo de la Gold Coast.
—Qué fascinante —dijo Bella. Por suerte, Aimee desconocía las tendencias sarcásticas de Bella y respondió con una sonrisa radiante.
Como ni Valerie ni Max intervinieron, Lara continuó: —¿De dónde sacas la inspiración?
—De todas partes —respondió Aimee, con la mirada perdida en el paisaje exterior—. La forma en que la luz se refleja en las conchas, los colores de un atardecer, la sensación de estar al borde de algo inmenso. Hay que estar abierta a todo. Soy sensible a todo.
—Esa sensibilidad es tan típica de los artistas —dijo Lara, recogiendo el hilo y tirando de él—. El asesinato debe de haberte afectado mucho.
La sonrisa de Aimee vaciló. —Sí. Es una tragedia.
Jack rebosaba vida. —Tomó aire—. Y, por supuesto, yo no tuve nada que ver.
Es un escándalo que siquiera me consideren sospechosa.
Además —le apretó brevemente los dedos a Max antes de erguirse—, Max y yo estábamos juntos. Es imposible que lo hiciera yo.
La voz de Aimee era tranquila, pero algo no encajaba; sonaba ensayada.
—¿De verdad? —preguntó Valerie. Su tono era suave, pero la pregunta había sido bastante directa—. Da la impresión de que la policía no lo ve así.
Aimee frunció el ceño. —Hubo un pequeño intervalo en que no estábamos juntos. Simplemente no tienen a nadie más, así que intentan cargarle el muerto a la persona más fácil. ¿No dicen siempre que es el cónyuge?
—La expareja, en este caso —dijo Lara, dejando que su magia alcanzara la cadencia de las palabras de Aimee en busca de cualquier indicio de engaño.
—Naturalmente. —Aimee enrolló un mechón de pelo en el dedo—. Estoy con Max y Jack es historia.
Una pequeña nota disonante. ¿Habría visto a Jack más recientemente? ¿Habían reavivado algo o había sido un único desliz? Max no lo llevaría nada bien.
—¿Cuándo fue la última vez que lo viste? —preguntó Lara.
Apareció el camarero. —Buenas tardes. ¿Están listos para pedir?
Lara ni siquiera había mirado la carta y estaba a punto de pedir más tiempo cuando Aimee se adelantó: —Yo quiero la ensalada de pollo, el aliño aparte, por favor, y un vaso de Coca-Cola light.
Obligada a ojear la carta mientras el camarero aguardaba con expectación, Lara eligió el primer plato que vio. Valerie, Max y Bella siguieron con pedidos igualmente rápidos.
—La comida aquí os encantará. El chef se formó en Francia, en un restaurante de una estrella Michelin.
—Entonces, volviendo al tema de Jack… —insistió Lara.
Aimee se dio toquecitos en los ojos. —Todo esto ha sido muy duro para mí.
—La opinión generalizada es que hablar de los sucesos traumáticos ayuda —dijo Bella, con una empatía tan bien modulada que los labios de Lara temblaron en su esfuerzo por contener una sonrisa.
—Ay, qué verdad tan grande —dijo Aimee—. Tendría que pedir cita con mi terapeuta cuanto antes.
Sonaba como si las visitas fueran algo habitual, pero no significaba gran cosa. Mucha gente iba al terapeuta, y había un abismo enorme entre eso y el asesinato.
—Aimee —dijo Lara, dejando que un destello de magia tiñera su voz, suavizando las notas, persuasiva—. Intento ayudar. Haz memoria, por favor, y dime cuándo fue la última vez que viste a Jack.
—Debió de ser… —Aimee tamborileó los dedos sobre la mesa—. La vez que lo vimos en el restaurante, ¿verdad, cariño?
—Sí —dijo Max.
—¡Ahí lo tienes! —Aimee sonrió de oreja a oreja—. Eso fue hace unas semanas.
Aimee estaba mintiendo.
Mientras Lara sopesaba la mejor manera de hacer que Aimee tropezara con su propio engaño, llegaron dos camareros con los platos.
—Barramundi asado a la sartén —dijo uno, dejando el plato delante de Lara y pasando luego al solomillo de wagyu de Max.
El segundo camarero colocó ante Valerie la tagliatelle de calabaza, ricotta y macadamia.
—¿La ensalada César de pollo? —preguntó el otro camarero.
Aimee levantó la mano.
—Y la pizza Diavola.
Bella olfateó y asintió con aprobación.
Lara esperó a que se marcharan los camareros. —¿Por qué rompisteis vosotros dos?
—Jack no supo apreciar lo que tenía. —Aimee pinchó un trozo de ensalada con demasiada energía.
—¿Quieres decir que no supo apreciar tus múltiples virtudes? —preguntó Bella, y Valerie ocultó una carcajada tras un carraspeo.
—Exactamente. —Aimee agitó el tenedor—. A diferencia de Max, que me trata como a una princesa.
Max esbozó una sonrisa hueca, y Lara se preguntó cuánto tardaría en reunir el valor para poner fin a la relación. No hacía falta ser una empática para ver lo infeliz que era. Aimee o no se daba cuenta o prefería no hacerlo.
—Cuéntame cómo fue vuestra ruptura —dijo Lara—. ¿Qué pasó antes de que llegara ese momento? —Eligió las palabras con cuidado. Quería la historia real, no la versión que Aimee había pulido hasta convertirla en un final limpio y ordenado.
—Jack siempre estaba ocupado con el trabajo.
Horas absurdas, de día y de noche. Tenía que entender que la novia a quien quieres es lo primero, pero estaba obsesionado con convertirse en socio.
Incluso se traía trabajo a mi casa. —Alzó las manos, olvidada ya la ensalada—.
Se quedó dormido en el sofá leyendo documentos mientras yo veía una película.
Lara hizo un sonido comprensivo. Jack había llegado a ser socio al final. Si ese había sido su objetivo, había valido la pena.
—¿Y sabes qué? Cuando le eché eso en cara, tuvo la desfachatez de decirme que era un asunto urgente.
Max palideció ante su creciente agitación y le puso una mano en el brazo, pero Aimee continuó.
—Lo comprobé. ¡Urgente las narices! Era solo una adquisición de terrenos en el campo. Explícame tú cómo eso cuenta como urgente.
—¿Y entonces le diste un ultimátum? —aventuró Valerie.
—Exacto. —Aimee asintió—. Era yo o el trabajo.
El trabajo había ganado, y eso debió de escocer. Luego apareció Max, amable y atento, y Aimee probablemente se había aferrado a él como al antídoto perfecto para su ego maltrecho.
Ay, Max.
Lara saboreó el barramundi que se deshacía en la boca antes de volver a hablar. —¿Fue esa la primera vez que discutisteis por eso?
—No —dijo Aimee y desvió la mirada.
Ah, eso no querías que saliera, ¿verdad?
—Pero fue la gota que colmó el vaso —dijo Aimee con convicción.
Aunque eso tampoco sonaba del todo cierto.
Lara mantuvo un tono ligero. —Max dice que a Jack le costó dejarte ir.
Aimee mordisqueó un poco de pollo y luego dio un sorbo a su Coca-Cola light. —Claro. Probablemente se dio cuenta de lo que había perdido. Es lo que pasa. No sabes lo que tienes hasta que lo pierdes.
Aimee tenía un tópico para cada ocasión.
—También hay que dejar ir a quienes te quieren, y si lo hacen de verdad, vuelven.
Max cortó un trozo de carne con paciencia forzada. —Aimee es muy aficionada a la superación personal.
—Ya veo —dijo Lara—. ¿Así que te llamó después?
Aimee se encogió de hombros. —Unas cuantas veces. Y apareció en sitios donde yo estaba, como el restaurante.
De nuevo ese titubeo en el tono.
Valerie levantó su té helado y lo hizo girar suavemente. —Por suerte, parece que la superó.
—¿Qué quieres decir? —preguntó Aimee, con un tono cortante.
—Bueno, dijiste que hacía semanas que no lo veías, así que ya no te perseguía.
Aimee descartó el comentario con un gesto despreocupado.
Dado lo que captaba su magia, Lara sospechaba todo lo contrario: que Aimee era quien lo perseguía. Quizás había dejado de hacerlo en cuanto se sintió segura con Max. O quizás no había parado en absoluto, y todo había acabado en asesinato.
—¿Hubo llamadas telefónicas? —preguntó Lara.
—Yo le colgaba siempre —dijo Aimee.
Podía ser cierto, pero lo que importaba era quién había hecho las llamadas. La policía revisaría los registros, y si había sido Aimee quien había estado acosando y hostigando a Jack, eso la haría parecer mucho más sospechosa.
Y, por extensión, a Max.
—¿Puedes contarnos algo más sobre Jack? Sus aficiones, sus amigos, el bufete… —insistió Lara.
Aimee apretó los labios en un mohín. —Ya no quiero hablar de esto. Está muerto. Hay que dejar el pasado atrás.
Bella soltó un rizo de humo, y Lara no pudo reprochárselo. A pesar de su entrenamiento, su propia paciencia empezaba a agotarse.
—Cariño, ayudaría mucho que le contaras algo a mi hermana. —Max le apretó brevemente la mano a Aimee.
Aimee soltó un largo suspiro de mártir y dio otro bocado a su ensalada, masticando con una lentitud deliberada. Su plato seguía casi lleno, mientras que Bella había terminado el suyo hacía rato y Valerie y Lara iban muy adelantadas.
—Está bien —dijo al fin—. El bufete es lo que te imaginas. Competitivo, algo despiadado y bastante exitoso. Yo no tenía mucho trato con ellos, pero Jack y yo fuimos a tomar algo con Julian Peters, con Katy no sé qué —no se me dan bien los apellidos— y con el socio, Henry Duvall, un par de veces.
Lara entornó los ojos. No parecía tener ningún problema para recordar los apellidos de los hombres.
—Julian es listo y atractivo, y lo sabe —continuó Aimee—. Puede ser bastante ocurrente cuando quiere. —Se le curvaron los labios—. Katy, en cambio… bueno, es agradable, pero un poco sosa y del montón.
Curioso: a Lara le había parecido que Katy era bastante atractiva.
—¿Y Henry Duvall? —apuntó Lara.
Aimee se encogió de hombros. —Suficientemente agradable. Era importante para Jack causar buena impresión, así que yo hacía lo posible por parecer interesada en lo que dijera.
—¿Hablaban de los casos en que trabajaban? —preguntó Valerie.
—Constantemente. —Aimee puso los ojos en blanco—. Todo ese lenguaje jurídico tan enrevesado: cláusulas, precedentes, responsabilidades. Algo sobre problemas de contaminación y demandas por negligencia, creo, pero al cabo de un rato todo se mezclaba.