Susurros en Painswick Court Capítulo 26
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Capítulo 26

E l día después de la vista, el doctor Finch fue a visitar Yew Cottage.

La señorita Lotty le dio la bienvenida y lo invitó a tomar el té con ellas en la sala de estar.

Durante un rato, los tres hablaron de cosas sin importancia; luego, él miró a Anne y entreabrió los labios como si fuera a decir algo, pero, tras lanzar una mirada en dirección a la señorita Newland, cambió de idea y en vez de eso tomó un sorbo de té.

Estaba claro que sentía cierta reticencia a hablar de lo que tenía en mente con ella allí.

La señorita Newland se percató de ello.

—Con su permiso, voy a ir un momento a casa de la señorita Birt para… ver cómo van sus ciruelas.

Pese a lo incómodo de la situación, era buena noticia ver que aquella buena mujer se encontraba mejor y ya podía caminar sin muletas.

Cuando la señorita Lotty se marchó, el doctor Finch agachó la cabeza con timidez.

—Perdón, creo que no he sido muy sutil con las señales.

—Tranquilo, la señorita Lotty no se va a ofender. Es una mujer encantadora y muy comprensiva.

—Sí que lo es. En este tiempo he empezado a encariñarme bastante con ella, y también con… otra gente.

El médico carraspeó, y Anne se preparó para lo que se avecinaba, ansiosa y vacilante al mismo tiempo. Sin embargo, cuando él comenzó a hablar, sus palabras no fueron en absoluto lo que ella imaginaba.

—Confío en que no le importe, pero le he escrito a uno de mis profesores del Guy’s Hospital.

Es un hombre al que respeto mucho y que está al día de los últimos avances en cuestiones de medicina y cirugía.

Le pedí que comprobara varias cosas. En primer lugar, llevaba usted razón cuando convenció a su padre para que no recurriera a los tratamientos más arriesgados que estaba pensando en emplear con su madre.

La cicuta, aunque sea en pequeñas cantidades, puede llegar a ser venenosa, como nos ha demostrado ahora el caso de lady Celia.

»Y respecto al tratado que sugería colapsar un pulmón para que reposara, es una teoría, pero no se ha podido demostrar que dé resultado.

El doctor Carson no ha sido capaz de presentar ningún caso en el que esa práctica haya dado el resultado esperado.

El único caso sobre el que existe documentación al respecto fue uno fallido.

»En base a lo que me ha dicho mi profesor, lo que he leído y mi propia experiencia, aunque sea más limitada, creo que usted y su padre hicieron todo lo que podrían haber hecho para tratar de salvar a su madre.

La triste realidad es que todavía no existe un tratamiento eficaz para curar la tisis, aunque le rezo a Dios para que algún día demos con uno.

—El doctor entrelazó las manos en su regazo—.

De nuevo, espero que no le moleste que haya investigado sobre esta cuestión.

No he querido decirle nada hasta no recibir la confirmación de alguien con más conocimientos que yo.

Una infinidad de sentimientos sacudió a Anne. Sorpresa, alivio, gratitud… Le emocionaba pensar que él le había dedicado tanto tiempo, que le importaba.

—No, no me… no me molesta. De hecho, le estoy muy agradecida.

Pasaron un momento en silencio, hasta que él le preguntó:

—¿Qué piensa hacer ahora?

—Creo que voy a pasar un tiempo con mi padre y mis medio hermanos. Y también iré a visitar a Fanny.

—Ah. Pensaba… Esperaba que se quedara con la señorita Newland.

—Ella estaría encantada de que lo hiciera, desde luego, sin embargo, debo confesarle que estoy cansada de tantos susurros, secretos y engaños.

—Incluyendo los míos.

—Como le dije en su momento, le he perdonado por ello.

Además, los suyos no conllevaron envenenamientos, traiciones ni asesinatos.

Adoro Painswick y es posible que regrese cuando todo este jaleo haya quedado atrás, pero antes necesito alejarme un tiempo.

Ya le he escrito a mi padre para que venga a recogerme.

—Lo entiendo.

Anne inclinó la cabeza hacia un lado y lo miró.

—¿Y usted qué va a hacer? ¿Se va a quedar aquí?

—Me gustaría. Sin embargo, el doctor Marsland dejó claro desde el principio que yo todavía estaba a prueba, y ahora que lo van a llevar a juicio… No sé, creo que hay gente que podría desconfiar de mí por haber sido socio suyo, aunque fuera durante un periodo breve.

Anne sonrió y le tocó la manga de la camisa.

—Como le he dicho en otras ocasiones, pienso que la gente que lo conoce lo considera un médico amable y preocupado por sus pacientes.

Quizá no tenga tanta experiencia como el doctor Marsland, pero estoy segura de que mucha gente estará dispuesta a darle una oportunidad.

Y el hecho de contar con el apoyo de la señorita Fitzjohn ayudará a facilitar el proceso de transición.

Él bajó la vista, hizo una mueca y luego volvió a mirarla.

—Pero no solo se trata de mi relación con Marsland, ¿no es verdad? También está el asunto de Rosa. Sabe que no todo el mundo va a ver con buenos ojos que viva con una sobrina que ha tenido un hijo fuera del matrimonio.

—Hay gente que le dará mucha importancia, no se lo voy a negar.

Aun así, Rosa no es, ni mucho menos, la primera mujer que se ve en una situación semejante, y tampoco será la última.

Es una joven tan dulce y amigable, por lo que estoy convencida de que, con el tiempo, se ganará los corazones de la gente.

—Gracias.

—Además… Me duele decirlo, pero es probable que no sea la única mujer de Painswick a la que Jude Dalby haya llevado por el mal camino. Por eso no me sorprendería que la recibieran con más empatía y compasión de lo que usted se espera.

—Ojalá tenga razón.

El doctor Finch apoyó los codos en las rodillas y redujo la distancia que mediaba entre ambos para tomarla de las manos.

—Anne, sabes que me importas, ¿verdad? Y nada me gustaría más que… un futuro a tu lado, pero en este momento mi propio futuro es todavía de lo más incierto.

—Lo entiendo —repuso ella.

Y luego se recordó su convicción de evitar el amor romántico y dedicar su vida a ayudar a los demás. Aun así, sintió que se le encogía el corazón cuando lo acompañó hasta la puerta y le dijo adiós.

* * *

La señorita Fitzjohn invitó a Anne a cenar con ella y Jasper en Painswick Court.

Había invitado también al señor Palling.

Aunque Anne estaba contenta de compartir una última comida con Katherine y Jasper antes de dejar Painswick, también se sentía inquieta ante la perspectiva de regresar a aquella casa.

A su llegada, Katherine la recibió con mucho cariño.

—Gracias por venir, Anne. Jasper tiene que darnos una noticia, pero dice que le gustaría que se entere usted también. Pase y siéntese con nosotros.

Louie entró en el vestíbulo para saludarla. Ella se agachó y le acarició las suaves orejitas, sintiendo que se le llenaban los ojos de lágrimas al recordar cómo lady Celia solía acariciarlo de la misma manera.

Anne aceptó una copa de champán y escuchó al señor Palling explicar las prometedoras ofertas que había recibido por la venta de los molinos. Se fijó en que a Katherine le brillaban los ojos de manera especial cuando lo miraba.

—Basta ya con el suspense, Jasper —decretó al fin Katherine—. Cuéntanos de una vez cuál es esa noticia.

—De acuerdo. Como sabéis, hace poco pasé unos días en Londres.

Le confesé mis planes a la tía Celia antes de marcharme, pero no le conté nada a nadie más porque temía que las cosas no acabaran bien.

Por supuesto, me apenó sobremanera regresar y descubrir que, en mi ausencia, tía Ce había fallecido.

Lamento mucho no haber estado aquí para apoyarte, Kat.

—Eso ya lo sé. Sigue.

—Después de revisar el acta de mi caso, el general consejero togado ha recomendado que se revoque mi condena. En su opinión, no debería ser castigado por no recurrir a un método de reparación de mi honor, en este caso un duelo, que está prohibido tanto por el derecho militar como el ordinario.

—¡Cuánto me alegro! —exclamó Anne con entusiasmo—. Es todo un alivio.

Jasper asintió.

—Así me siento yo.

—Esto es motivo de celebración —dijo Katherine—. Ahora entiendo por qué pediste que sirviéramos champán.

—¿Y qué vas a hacer ahora? —preguntó Anne—. ¿Vas a volver con tu regimiento?

—Creo que no. Me comportaría exactamente de la misma manera si me enfrentara a otra situación parecida, y lo más probable es que termine ocurriendo. Creo que voy a renunciar, ya que ahora tengo un nombramiento que vender.

—Ya era hora. —Katherine levantó su copa—. ¡Hip, hip, hurra!

Después del brindis, Jasper se volvió hacia ella.

—¿Y tú cómo estas, Anne? Espero que los acontecimientos de las últimas semanas no te hayan alterado demasiado.

—No, no demasiado —contestó ella—. Aunque va a tener que pasar un tiempo antes de que vuelva a aceptar trabajar como enfermera de alguien.

—Espero que no nos guarde rencor —declaró Katherine—. Sabemos que hizo todo lo posible por mamá.

Anne tragó saliva.

—Gracias.

—De hecho, te echamos de menos por aquí, Anne. —Jasper le sonrió desde el otro lado de la mesa—. Y también a la señorita Stark. Este lugar está demasiado tranquilo ahora que las dos os habéis marchado. Por no hablar de la querida tía Ce…

—Es cierto —secundó Katherine, deteniendo la mirada un momento en Albert Palling—. Agradecemos que nos acompañen en esta noche. Los dos.

Más tarde, cuando Anne ya se estaba preparando para marcharse, Katherine se la llevó aparte.

—¿Podría hacer una cosa por mí?

—Si está en mi poder.

—¿Podría acompañarme mañana a Valley View Lodge? Quiero hacerles una visita a Rosa Stark y a su hijo.

Anne se puso en guardia de inmediato.

—¿Rosa le habló de él?

—Sí, justo antes de marcharse, aunque yo ya estaba al corriente.

—¿Cómo es posible? ¿Se lo contó su madre?

—En cierto modo sí… Mañana se lo explicaré.

Después de aquello, Jasper insistió en acompañarla a Yew Cottage.