Capítulo 25
A nne decidió escribir a su padre para ponerlo al corriente de la situación, a sabiendas de que seguramente leería la noticia de las muertes y la investigación en el periódico y se preocuparía por ella.
También había planeado asistir a la vista con el magistrado, por si este tuviera alguna pregunta que hacerle, y esperaba que ahí terminara su implicación en el caso.
Sin embargo, antes de todo esto, le escribió a su hermana.
Querida Fanny:
Tengo muchas cosas que contarte, y ninguna es agradable. Espero que no lo hayas visto ya en el periódico y te hayas llevado una espantosa sorpresa. Prefiero que te enteres por mí.
Jude Dalby ha muerto.
Lo asesinaron aquí, en Painswick, pero, por favor, no te apenes por él ni lo consideres una víctima inocente, ya que, antes de que lo mataran, había envenenado a su tía, lady Celia Fitzjohn, para acelerar su muerte y así obtener cuanto antes su parte de la herencia.
No disfruto escribiendo estas líneas, Fanny, te lo aseguro. No eres la única mujer a la que engañó, así que, por favor, no te fustigues. Yo tampoco me habría imaginado nunca que poseyera un carácter tan vil. Nos engañó a todos.
Incluso el doctor Marsland, el médico del pueblo, cayó en sus redes.
Anne resumió el papel del doctor Marsland en toda aquella situación, desde cómo le suministró el veneno al señor Dalby hasta cómo dejó inconsciente a Anne, la encerró en una celda y amenazó con matarla. Después le contó que la señorita Fitzjohn había llegado a rescatarla armada con un arco.
Al final, concluyó diciendo:
La pobre señorita Fitzjohn ha perdido a su madre a manos de su propio primo, que un día fue un pariente muy querido para ella.
Y ahora ese primo también ha muerto. Sin embargo, esa mujer es más fuerte que nadie a quien yo haya conocido jamás y parece que por fin ha encontrado el amor.
Aunque él se halla en bancarrota. Creo que la señorita Fitzjohn se casará con Albert Palling a pesar de los inevitables chismorreos que se producirán y de que su madre se opusiera a esta relación cuando aún vivía.
Los he visto juntos y da la impresión de que sienten devoción el uno por el otro.
Yo ya estoy de vuelta en la habitación de invitados de la señorita Lotty, aunque creo que regresaré a Churchdown cuando haya pasado la vista con el magistrado y ya no queden más preguntas por responder.
Estoy cansada de tantos murmullos y suposiciones.
Me alegraré mucho cuando por fin condenen al doctor Marsland.
El señor Dalby no podrá ser juzgado, pero es posible que en realidad eso sea un consuelo para su familia.
Una vez más, lamento hacerte llegar estas malas noticias. Imagino que han de ser difíciles de asimilar. Me gustaría volver a verte pronto. Avísame cuando te convenga que te visite de nuevo, si es que te parece bien que lo haga.
Con mucho cariño:
Anne.
Luego escribió una carta más breve para su padre en la que resumía las muertes, el resultado de la investigación, la autopsia y la vista con el magistrado que pronto tendrían lugar.
Aprovechó también para preguntarle si podría venir a recogerla cuando tuviera tiempo y pudiera dejar la consulta durante unas horas.
Anne no esperaba que fuera a ponerlo todo en pausa para venir a por ella; suponía que pasaría una semana o más hasta que pudiera hacerle un hueco en su agenda.
El corazón le latía con fuerza mientras escribía aquellas líneas.
¿Se sentiría decepcionado? ¿Pensaría que no había hecho todo lo posible por salvar a su paciente?
«No». Se recordó a sí misma que ya la habían exonerado.
No había cometido ningún error. El doctor Finch había dicho que lady Celia había vivido más de lo esperado gracias a ella.
En última instancia, no pudo salvarla, pero hizo todo lo posible.
Confiaba en que su padre pensara lo mismo.
* * *
Entretanto, el funeral de lady Celia tuvo lugar según lo planeado.
Como el señor Dalby había muerto y el doctor Marsland había admitido —al menos ante el doctor Finch y ella, que se encontraban encerrados en la celda, y Katherine, que escuchaba desde fuera— que Dalby había envenenado a su tía con una mezcla preparada por él, se decidió que practicarle una autopsia a lady Celia no serviría de nada, sobre todo pasados varios días de su muerte.
Katherine hizo caso omiso de la convención social que sugería que las mujeres «delicadas» de la nobleza no debían asistir a los funerales.
En vez de eso, caminó tras el ataúd de su madre durante la procesión y luego se quedó al pie de la sepultura junto a Jasper, el señor Palling, el doctor Finch y otros hombres.
Anne no asistió. No porque las normas de cortesía se lo impidieran, sino porque creyó que sería más inteligente no hacerlo.
Con todos aquellos rumores y especulaciones circulando por el pueblo como una bandada de gaviotas ebrias, sabía que la presencia de otra mujer, en especial una que no era pariente de la fallecida, daría lugar a más habladurías y puede que también críticas, lo cual podría desmerecer un acontecimiento que debía ser digno y solemne.
En vez de asistir, se quedó en Yew Cottage con la señorita Lotty.
La señorita Birt se unió a ellas, y juntas rindieron homenaje a lady Celia con un momento de silencio.
A través de la ventana vieron las campanas tañer y a los dolientes salir del cementerio y alejarse por la calle.
De entre todos los allí reunidos, los ojos de Anne se fueron hacia el doctor Finch, y el corazón le dio una pequeña sacudida al recordar el beso que se habían dado.
—Perdóname otra vez por involucrarte en todo esto, Anne —dijo la señorita Lotty a la vez que le agarraba la mano.
—No pasa nada. Y, por cierto, ha de saber que el doctor Finch insiste en que fue él quien convenció al doctor Marsland.
—Él ayudó, de eso no cabe duda. Yo ya se lo había sugerido a Richard, aunque en un principio no quiso hacerme caso. Claro que nunca imaginé que proponerte como enfermera de lady Celia fuera a desencadenar todos estos acontecimientos. Espero que puedas perdonarme.
—Mi querida señorita Lotty, no hay nada que perdonar. Nada de esto ha sido culpa suya.
—Tampoco tuya, mi niña querida. Por favor, hazme caso.
—Sí, estoy… estoy haciendo un esfuerzo por convencerme de ello —respondió la joven mientras apretaba la mano de Lotty.
* * *
Unos días más tarde, después de que se practicara la autopsia, el magistrado del pueblo, el señor Hyett, celebró una vista para determinar si había pruebas suficientes para enviar al doctor Richard Marsland a la prisión de Gloucester mientras aguardaba la celebración del juicio y la consecuente sentencia.
Hubo tantas personas que pidieron con vehemencia poder asistir a la vista, que el señor Hyett se vio obligado a llevarla a cabo en la iglesia parroquial.
A Anne le alivió no tener que declarar en la vista.
En vez de eso, pudo sentarse entre el público con la señorita Lotty, la señorita Birt y Rosa.
La señorita Lotty la agarraba con fuerza de una mano y Rosa de la otra.
El cirujano de Painswick, el señor Humpage, explicó que en la autopsia se había hallado una inflamación muy reveladora en los órganos de Jude Dalby, así como pequeños fragmentos de tejo sin digerir en su estómago.
Después de escuchar al cirujano, el doctor Finch, el coronel Paine y la señorita Fitzjohn también prestaron testimonio, tras lo cual el señor Hyett dictaminó que había pruebas suficientes y causa justificada para enviar al doctor Marsland a la prisión de Gloucester mientras esperaba ser juzgado y sentenciado.
El oficial de policía del pueblo y el alguacil de la prisión, que habían asistido a la vista para mantener el orden, asieron al doctor Marsland cada uno por un brazo y lo obligaron a levantarse.
Él buscó durante un rato la mirada de la señorita Newland, que se la devolvió con los ojos vidriosos a causa de la decepción. Mientras lo sacaban de allí, el doctor Marsland agachó la cabeza.