Susurros en Painswick Court Capítulo 24 #2
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Capítulo 24 #2

Entretanto, Katherine condujo a los demás hasta las mazmorras.

El doctor Marsland juró ser inocente y dijo que los demás se habían confabulado contra él.

Con mucha tranquilidad, Katherine relató su versión de los hechos, y el doctor Finch y Anne también aportaron las evidencias que habían recabado.

El coronel Paine los apoyó y explicó que, a su regreso de Londres, había visto al doctor Marsland entrar en el cobertizo donde guardaban el material para practicar tiro con arco.

En su momento se había preguntado por qué habría hecho tal cosa, pero ahora lo entendía.

No había esperado a verlo salir, pero no se le ocurría por qué otra razón podría haber entrado en el cobertizo.

Al final, el policía los creyó a ellos y se llevó al doctor Marsland al calabozo del pueblo.

También aceptó la versión de los hechos de la señorita Fitzjohn, que explicó que había herido al doctor Marsland para evitar que matara al doctor Finch y a Anne, y puede que incluso a ella también.

Por supuesto, era el magistrado quien tendría que tomar la decisión final, pero parecía poco probable que la señorita Fitzjohn fuera a sufrir consecuencias legales por sus actos.

Cuando el oficial se marchó con Marsland, las cuatro personas restantes —Katherine, Jasper, el doctor Finch y Anne— se sentaron a disfrutar de un momento de relativa calma mientras esperaban la llegada del forense.

Anne aprovechó que todos estaban en silencio para formularle a Jasper la pregunta que no lograba quitarse de la cabeza.

—La fregona, Kezia, me dijo que habías bajado un jarrón azul con flores para ponerlo en la bandeja de tu tía y darle una sorpresa. ¿Es verdad?

Katherine clavó la mirada en su primo al oír aquello, pero él se encogió con aire despreocupado.

—Sí. ¿Por qué lo preguntas?

—Dentro del jarrón había tres abejas adormecidas por el frío que se despertaron nada más entrar en la habitación de lady Celia.

—¡¿Qué?!

—Por fortuna, pude sacar el jarrón al balcón antes de que le picaran.

Jasper abrió la boca y se quedó con la vista clavada en Anne, atónito.

—No tenía ni idea —añadió al cabo de un momento—.

Jude me dio el jarrón y me pidió que lo bajara al cuarto frío, porque lo esperaban en el molino.

Dijo que era una sorpresa para la tía Celia.

Me imaginé que habías elegido tú misma las flores, Kat.

Llevé el jarrón abajo y no volví a pensar en ello.

¿Abejas? ¿Sabiendo que la tía Celia era alérgica? Vaya que si iba a ser una sorpresa…

—Y empleó el jarrón que yo le hice a mamá de pequeña, sabiendo cuánto daño me había hecho descubrir que ella se había desecho de él —comentó Katherine—. Es probable que lo hiciera con la intención de que ella no adivinara que la «sorpresa» venía de él.

Jasper torció la boca en una mueca de asco.

—¿Por qué haría algo así?

—Me imagino que por resentimiento cuando ella se negó a darle dinero —conjeturó Kathrine—, aunque no estoy segura. Y supongo que ahora nunca lo sabremos.

—El doctor Marsland nos contó que el señor Dalby también estuvo detrás del incidente con la sopa y de la sobredosis con digitalina —añadió Ernest Finch.

Jasper sacudió la cabeza con el semblante lleno de ira y repulsión.

—Ojalá no lo creyera capaz de tal cosa, pero sí lo creo. —Su expresión se suavizó al mirar a Anne—. Siento haber dudado de ti, aunque solo fuera un momento.

—Yo también lo siento —dijo Katherine—. Mamá sabía lo que hacía al confiar en usted.

El doctor Finch les dio la razón con asentimiento de cabeza y miró a Anne con unos ojos marrones llenos de luz.

—Lady Celia vivió más de lo esperado gracias a que usted actuó deprisa para evitar esos primeros intentos de asesinato. Nunca dude de ello.

—Gracias —murmuró Anne a través del nudo que se le había formado en la garganta.

* * *

Más tarde aquel mismo día frío y gris, el forense y un jurado formado por doce hombres —entre ellos, el señor Palling— se reunieron en Painswick Court para ver el cadáver del señor Dalby.

Anne y Katherine se mantuvieron cerca de la casa, a cierta distancia del grupo y agarradas del brazo.

Al pasar por su lado para ir junto a los hombres, el coronel Paine le echó por encima a Katherine uno de los chales de lana de lady Celia, y a Anne, la manta de la biblioteca.

Hasta ese momento la joven no había sido consciente de que estaba tiritando.

El forense le pidió al doctor Finch que le diera su opinión profesional.

Desde su posición, Anne alcanzó a oír cómo el médico detallaba los signos de envenenamiento: el estado de las pupilas del señor Dalby, el vómito y la pequeña cantidad de sangre presente en la herida de la flecha.

Su conclusión era que el señor Dalby ya debía de estar muerto o a punto de morir cuando le dispararon.

El coronel Paine coincidió con él, y señaló que el ángulo de entrada de la flecha en el cuello del señor Dalby carecía de sentido.

Teniendo en cuenta la posición del cobertizo y de los árboles, era imposible encontrar un punto desde el cual efectuar tal disparo.

Además, si al señor Dalby le hubieran disparado con un arco, la flecha habría penetrado más en su cuello.

—Creo que el atacante empleó la flecha más bien a modo de lanza o cuchillo y lo apuñaló con ella —concluyó.

El forense parecía estar de acuerdo con las conclusiones de ambos hombres, pero de todos modos dijo que se llevaría a cabo una investigación y, seguramente, también una autopsia.

Cuando esta primera inspección se dio por concluida, subieron el cadáver a una camilla entre varios hombres y se lo llevaron a la consulta del cirujano del pueblo, el señor Humpage, que sería el encargado de llevar a cabo la autopsia si al final se decidía que era necesaria.

Después de que se llevaran al señor Dalby, Albert Palling se acercó vacilante a la señorita Fitzjohn, con el sombrero en la mano.

—Lamento mucho su pérdida.

Las lágrimas que Katherine había estado conteniendo hasta entonces desbordaron sus grandes ojos marrones y le cayeron por las mejillas.

—Gracias, señor Palling —contestó con un susurro ronco.

Luego hizo un ademán de adelantarse hacia él, pero el señor Palling se quedó plantado en su sitio, mirándola con ternura. Entonces Katherine se fijó en el resto de los hombres allí reunidos y se echó para atrás.

—Si puedo ayudarla de alguna manera, sea lo que sea, por favor no tenga reparos en decírmelo —añadió él después de tragar saliva.

Tras lanzarle una última mirada cargada de emoción, se dio la vuelta y se alejó.

* * *

La investigación se organizó con mucha rapidez en el Falcon Inn. A petición del forense, Jasper y el doctor Finch también asistieron. Anne se quedó esperando el resultado con la señorita Fitzjohn.

Menos de una hora más tarde, el doctor Finch y Jasper regresaron y les comunicaron el veredicto: homicidio doloso.

Anne fue a buscar su maleta y su maletín médico, que aún seguían en el vestíbulo, y se despidió de la señorita Fitzjohn, rechazando con cortesía su invitación a que permaneciera unos días más allí.

Ahora que el peligro había pasado y Jasper estaba de vuelta, Anne se sentía preparada para marcharse.

La nueva señora de Painswick Court contaba con el apoyo de Jasper, así como del señor Palling.

Tenía a los miembros del servicio y a Louie .

Anne estaba lista para abandonar Painswick Court. Ya había sufrido suficiente miedo y acusaciones, y lo que ahora anhelaba era la comodidad y la buena compañía que la aguardaban en Yew Cottage.

El doctor Finch la acompañó a través del camposanto. Entre ellos se había instalado un pesado silencio. Al pasar por debajo de uno de los arcos formados por las ramas de los árboles, se detuvo y la atrajo hacia él.

—¡Ay, Anne! Doy gracias a Dios de que estés a salvo. Cuando Marsland sacó esa pistola…

—Lo sé, lo sé.

La besó con fuerza en los labios; un beso firme, apasionado y afectuoso que también estaba lleno de alivio. Después la apretó más fuerte en sus brazos, y Anne apoyó las manos en sus hombros.

Al cabo de un momento, el médico la dejó ir, pero no le soltó la mano en el resto del trayecto.

La señorita Lotty recibió a Anne con un largo abrazo. Invitó al doctor Finch a quedarse a tomar el té, pero él se disculpó y dijo que quería asegurarse de que Rosa y Robbie estuvieran bien.

Una vez más, Úrsula abrió la puerta de la casa de al lado y se unió a ellas.

Las tres pasaron varias horas juntas, durante las cuales Anne les relató todo lo que había sucedido.

Cuando la señorita Lotty descubrió lo que había hecho su amigo el doctor, se le pusieron los ojos vidriosos, pero pestañeó con determinación para enjugarse las lágrimas antes de que se derramaran.

—Estúpido, estúpido, Richard. ¿Cómo has podido hacer algo así?

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N. del Trad.: El mayorazgo era una institución que establecía que ciertos bienes o propiedades solo podían pasar a determinados herederos, garantizando así que permanecieran dentro de la familia.

Como en este caso no existe mayorazgo, el hipotético marido de Katherine podría disponer de estos bienes, dividirlos, venderlos, etc.