Susurros en Painswick Court Capítulo 24
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Capítulo 24

M ientras esperaban a que Jasper regresara con el oficial y el forense, subieron a casa para cambiarse de ropa y para que Anne pudiera curarle la herida de la cabeza al doctor Finch.

Cuando hubo terminado, él volvió a agarrarle la mano.

—Gracias, Anne.

—No tiene que darlas.

Él no le soltó la mano. Quizá siguiera confuso a causa del golpe en la cabeza y no se hubiera dado cuenta.

Katherine regresó con ellos enseguida, con Louie pisándole los talones, y se sirvió un vaso de brandi. Sus manos, que hace un momento habían sido muy firmes, ahora temblaban.

—¿Por qué me persiguió por el camposanto vestida de ese modo? —preguntó Anne—. ¡Y encima con un cuchillo!

—No la estaba persiguiendo; no exactamente.

Quería encontrarla antes de que lo hiciera Jude, para avisarla.

El propósito del cuchillo era protegernos a ambas en caso de que fuera necesario.

Solo me arriesgué a llamarla por su nombre en una ocasión, ya que no quería que nadie reconociera mi voz y supiera que era yo.

Ni tampoco quería que Jude se enfrentara a mí al descubrir que tenía esto en mi poder.

Les mostró un pequeño frasco.

—Sospechaba que Jude era el responsable de la muerte de mamá, así que tomé prestado un cuchillo de la cocina como medida de protección mientras inspeccionaba su habitación.

Me conozco todos sus escondites. Y, cómo no, ahí, escondido dentro de su caja de puros al fondo del cajón, encontré esto.

Quería comprobar la sustancia que contenía el frasco antes de dar parte a las autoridades.

No quería causar otro escándalo para esta familia si resultaba ser whisky o los restos de una colonia hedionda.

El doctor Finch abrió el frasco y olfateó su contenido. El olor lo hizo echarse para atrás.

—Por esa razón, salí sin que nadie me viera para ir a pedirle consejo al señor Palling —continuó Katherine—.

Aceptó consultar al boticario de Stroud de manera confidencial.

Esta noche, no mucho después de que usted se marchara, el señor Palling vino hasta aquí para transmitirme las conclusiones del boticario: un veneno hecho con opio y cicuta, con algunas especias añadidas para enmascarar el sabor.

»No estaba segura de qué hacer, si debía reportarlo a las autoridades de inmediato o intentar conseguir que confesara. No sabía si haber encontrado este frasco en su habitación bastaría para demostrar que había envenenado a mamá. Pensaba hablar con usted cuando volviera.

Katherine se sentó en uno de los sillones y Louie enseguida se hizo un ovillo a sus pies.

—Tardaba mucho en regresar y comencé a preocuparme —continuó diciendo—.

Escuché a Jude acusándola de llevarse algo de su habitación y temí que fuera a hacerle daño al creer que era usted quien había encontrado la prueba del crimen.

Me inquietó el brillo de su mirada cuando dijo que tenía que «ocuparse de algo».

»Jasper regresó y lo envié a buscarla. Luego me puse el disfraz y salí en su busca yo también.

Soy consciente de que fue un comportamiento extraño y puede que ridículo, pero cuando salgo de noche me siento más segura si voy disfrazada.

Y hoy con más razón, sabiendo que había un asesino suelto. O dos, en realidad.

—¿Fue usted a quien vi recorrer los terrenos de la casa vestida del rey Carlos hace un par de noches?

—Es probable.

Anne hizo memoria.

—Pero… cuando Jude le preguntó a su madre quién le había dado la sobredosis, ella respondió que había sido el rey Carlos I. En su momento di por hecho que se trataba de una alucinación, pero ahora me pregunto si…

—No fui yo, se lo prometo. Nunca he entrado en la habitación de mamá con el disfraz puesto.

Se habría dado cuenta de inmediato de que era yo.

Pero el día que murió, noté que la capa asomaba fuera del baúl donde guardo el disfraz.

Jude sabía que lo tengo, así que mi sospecha es que lo tomó prestado para evitar que usted o Rosa pudieran identificarlo mientras envenenaba a mamá.

—¿Le importa si le pregunto por qué se halla usted en posesión de semejante disfraz? —preguntó el doctor Finch.

Katherine asintió.

—Era de papá. Lo usó en un espectáculo en el que participó con otros hombres de Painswick hace muchos años, y luego se quedó guardado en un baúl en el ático. Se ha conservado bastante bien. Un día, mientras rebuscaba entre las cosas que papá había dejado allí arriba, lo encontré.

»Entonces tuve una idea. Podía usarlo para escaparme por las noches sin que me reconocieran. Mamá insistía en que siempre fuera acompañada de una carabina a todas partes: un lacayo o su antigua doncella, Martine.

»Y ellos no eran los únicos que me perseguían como un perro guardián. El doctor Marsland es un hombre muy celoso, y parecía resuelto a descubrir si tenía un nuevo pretendiente. Por ese motivo, también tenía que escabullirme de él.

»Cada vez ansiaba con más desesperación un poco de libertad y…

poder pasar un rato con cierto hombre por el que siento una profunda admiración.

Otro hombre con el que mamá me prohibió relacionarme en público, y ya no digamos casarme con él.

Las cartas que me confiscó me las había escrito él.

Fingí aceptar el decreto de mamá como en ocasiones anteriores, pero a este no podía perderlo.

»Solo me atrevía a llevar el disfraz por la noche, porque en la oscuridad nadie podría verme bien la cara y reconocerme.

Se convirtió en un juego clandestino entre nosotros, una forma de encontrarnos.

En el camposanto o en una zona junto al arroyo del molino que se queda desierta al anochecer y está resguardada por los árboles…

De pronto, Anne se dio cuenta de algo.

—La historia que aquel hombre mayor contó en la fiesta en el almacén del molino… Cuando dijo que había visto al señor Palling besándose con el fantasma del rey Carlos en el camposanto. ¡La estaba besando a usted!

La señorita Fitzjohn se sonrojó.

—El señor Palling me lo contó. Por favor, no piense lo peor de mí. Nuestros encuentros han sido inocentes. Lo amo y él me ama a mí, pero estamos esperando. Confiamos en poder casarnos.

—Disculpe el atrevimiento, señorita Fitzjohn —puntualizó el doctor Finch—, pero el hecho de que su madre se interpusiera entre usted y el señor Palling es un posible móvil para querer matarla.

Los ojos de Katherine se llenaron de lágrimas.

—Ahí es donde se equivocaba Jude. Creía que me alegraría de la muerte de mamá y que, en cuanto ella no estuviera, querría casarme con él.

—Sacudió la cabeza—. Jude quería quedarse con la herencia, ¿comprenden?

No es un mayorazgo, [12] y yo soy la heredera universal.

Casarse conmigo le habría permitido hacerse con el control de todo el dinero.

Esa es una de las razones por las que mamá era tan sobreprotectora.

Temía que yo fuera a caer presa de un cazafortunas.

Nunca dejó de verme como la chiquilla débil y timorata de antaño.

Pero, como Jude solía decir, soy más fuerte de lo que parece.

Anne, que seguía sin poder creer que Jasper hubiera metido las abejas dentro del jarrón, le hizo otra pregunta.

—¿Y me podría explicar otra cosa? La noche en que la encontré rebuscando en la habitación de su madre, la oí disculparse con ella. ¿Le importa si le pregunto por qué le pidió perdón?

—¡Uf, por muchas cosas! Por no ser la hija que ella quería, por escaparme de casa a sus espaldas, por echar a su doncella, que durante muchos años había sido la persona de cuya compañía más disfrutaba…

Mamá se negaba a que el señor Palling viniera de visita y a que me entregaran sus cartas, y su doncella se encargaba de que dichos mandatos se cumplieran.

Martine me seguía a todas partes y hacía que me resultara casi imposible ir a verlo o tener cualquier atisbo de libertad.

Ese es uno de los motivos por los que tuve que buscar el modo de deshacerme de ella: por espiarme.

Le hablé de ello, ¿no se acuerda? Sabía que Martine estaba robando algunas bagatelas, pero mamá nunca habría dejado que la despidiera sin pruebas, así que le tendí una trampa cuando la mandé a hacer un recado.

Martine de verdad se quedó con el dinero de la vuelta, aunque solo fueron unos chelines.

Todavía me siento culpable por ello a veces.

Me sentí un poco más aliviada cuando mamá empezó a tomarle aprecio a Rosa, pero eso no deshace el pasado.

—Le empezó a temblar el mentón—. No negaré que mi madre era una mujer complicada y que me molestaba el modo en que se entrometía en mi vida y me controlaba.

Aun así, me entristece muchísimo que ya no esté aquí.

La quería, y la echaré de menos hasta el día en que me muera.

«Sí», pensó Anne. Es probable que así fuera. El vínculo entre una madre y una hija es muy fuerte, da igual si hay o no cosas de las que una se arrepienta. Anne lo sabía de primera mano.

* * *

El oficial de policía y el coronel Paine regresaron por fin a Painswick Court a eso de media mañana.

El forense estaba ocupándose de otro caso, y por eso a Jasper le había costado más de lo esperado dar con él y comunicarle la muerte en extrañas circunstancias del señor Dalby.

El hombre prometió pasarse por allí en cuanto pudiera reunir a un jurado.