Susurros en Painswick Court Capítulo 15 #2
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Capítulo 15 #2

—¿Su sobrina? —La propia Anne era consciente de la nota de incredulidad en su tono de voz.

Él asintió con la cabeza.

—Mi hermana es diez años mayor que yo, y su hija, diez años menor.

Cuando Mary y Robert se marcharon a la India, dejaron a Rosa a mi cargo.

Muchos padres que se trasladan al extranjero deciden dejar a sus vástagos en Inglaterra para que reciban una educación o se casen.

Es culpa mía que las cosas se torcieran.

Rosa se quedó muy afligida cuando sus padres se fueron, así que las llevé a ella y a una amiga del colegio a Cheltenham para que se divirtieran un poco.

Allí fue donde conoció a ese hombre. Jamás se me pasó por la cabeza que podría…

—Tragó saliva con dificultad—. Para mí, ella seguía siendo la pequeña Rosa, la que se sentaba en mis rodillas y me llamaba tío Ernest.

—¿Usted también conoció al señor Dalby mientras estuvieron en Cheltenham?

El doctor Finch alzó las cejas en un gesto de sorpresa.

—¿Cómo ha adivinado que se trataba de él?

—Los escuché hablando a él y a Rosa.

—Ah. —Alzó el mentón, dando a entender que lo comprendía—.

Lo vi durante nuestra estancia allí, pero no nos presentaron.

Según parece, había acudido para ver las carreras de caballos.

Bailó con Rosa y su amiga en las salas de reuniones, asistían a los mismos conciertos…

Jamás se me pasó por la cabeza que, cuando ella y su amiga me decían que iban de compras, de paseo por Well Walk o a visitar los jardines, en realidad Rosa se estaba encontrando con aquel hombre mientras su amiga se quedaba sola en la confitería.

»Soy un necio en lo que se refiere a las mujeres, como de seguro habrá notado ya. Se suponía que debía ejercer como tutor de Rosa, supervisar su educación y su bienestar, y está claro que he fallado de todas las maneras posibles.

—No diga eso. Rosa ha cometido errores, pero es una joven encantadora, amable y elocuente. Además, se ríe de mis bromas, lo cual dice mucho de su carácter. —Anne esbozó una amplia sonrisa, pero él no correspondió al gesto.

—Cuando el doctor Marsland me ofreció que fuera su socio —continuó él—, alquilé unas habitaciones para ella y Robbie en Stroud, lo bastante cerca como para poder visitarlos de vez en cuando. Con mi ayuda, no habría tenido que depender de la limosna de la parroquia ni de la Ley de Pobres.

»Sin embargo, cuando descubrió que la esposa del señor Dalby había muerto, decidió seguirme hasta aquí y solicitó trabajo en Painswick Court, con la esperanza de encontrarse con el padre de su hijo cuando él viniera a visitar a su tía.

»Traté de disuadirla, le dije que de todo aquello no podría salir nada bueno, pero ella estaba convencida de que, si pasaban un tiempo juntos, él volvería a enamorarse de ella. Si es que de verdad la amó en algún momento, claro; cosa que dudo.

—¿Le ha hablado del niño al señor Dalby?

—Creo que no. Dijo que estaba esperando el momento adecuado, con la esperanza de que una vez que él volviera a interesarse por ella, recibiría la noticia con alegría; o, por lo menos, que el descubrimiento no le resultaría del todo desagradable.

Debo confesar que una parte de mí pensó que…

bueno, si ella tenía razón y el señor Dalby aceptaba casarse con ella, ¿acaso no era eso lo mejor para el niño?

Pero ahora que lo he conocido y sé más acerca de él…

Espero que no se casen. Los hombres siempre tienen más derechos que las mujeres en lo que respecta a los hijos, y el matrimonio los sometería a ella y a Robbie al poder de ese hombre sin escrúpulos.

Anne sacudió la cabeza. La compasión que sentía por la joven le provocaba punzadas en el pecho.

—Ay, Rosa…

—Así es como me siento yo también.

—Buena parte de su historia me recuerda a la de mi hermana —dijo Anne—. Antes de casarse, a ella también le rompió el corazón ese hombre. Como le mencioné con anterioridad, le había prometido a Fanny que se casaría con ella, pero su tía no aprobó el compromiso.

—Lo siento mucho. ¿Y cómo se encuentra ahora su hermana?

—Bastante bien. En su caso no hay niño de por medio, aunque él la tentó de todas las maneras posibles.

Gracias a Dios, no tuvo éxito, y ahora ella está casada con un hombre bueno que la adora.

Por desgracia, Fanny parece incapaz de dejar de compararlo con ese ideal romántico que perdió.

En realidad, me apena su esposo. Amar a alguien que no te corresponde, que rechaza todos tus intentos de mostrarle afecto…

—Es muy triste.

—Por favor, no la juzgue con demasiada dureza. Como Rosa, ella también creía que el señor Dalby la amaba de verdad.

—Lo entiendo perfectamente.

Tras un rato de silencio, Anne hizo otra pregunta.

—¿Sabe la señora Tufley que Rosa es la madre del niño?

—Doy por hecho que sí. Sin embargo, tiene la generosidad de no hacer comentarios al respecto. Quizá no quiera que su hija, que aún es joven e impresionable, sepa que el niño al que cuida ha… ¿Cómo se dice? ¿Nacido fuera del lecho marital?

Anne asintió con aire reflexivo.

—¿Por qué no ha dado a conocer que usted y Rosa son parientes?

—Pensé que, si admitía nuestro parentesco, la gente no tardaría en deducir que es la madre de Robbie.

—El médico sacudió la cabeza—. Sus pobres padres…

Me aterroriza cuál será su reacción cuando descubran la verdad.

Ninguno de los dos hemos tenido el coraje de sacar el tema por carta.

Supongo que Rosa tiene la esperanza de que, si el padre del niño se casa con ella, aunque sea con más de un año de retraso, eso contribuirá a redimir los errores del pasado.

Anne entendía a la perfección lo que era querer redimir errores del pasado.

—Pero ahora que el señor Dalby ha regresado a Painswick Court, me da miedo que solo vaya a tratar de seducirla de nuevo —añadió él.

—Sé de buena tinta que Rosa no solo ha resistido sus intentos de seducción, sino que también lo ha reprendido por ello. Debería sentirse orgulloso de ella.

—Me alegra oírlo.

Anne dudó un momento, pero al final preguntó:

—¿De verdad creyó que podría ocultarle la verdad sobre Robbie y Rosa a todo el mundo?

El doctor suspiró.

—Durante un instante, sí. Pensé que podría convencer a Rosa para que se marchara de Painswick, para que renunciara a su plan de convertirse en doncella de lady Celia y se fuera a vivir con Robbie a otro lugar, como habíamos planeado en un primer momento.

Era consciente de que, si se descubría, eso reduciría también mis posibilidades de prosperar como médico en Painswick.

Quizá le parezca egoísta, pero ahora los tres dependemos de mi salario.

—Lo entiendo por completo —le aseguró Anne.

—Rosa, por su parte —añadió él—, ocultó la verdad porque sabía que lady Celia nunca emplearía a una mujer con un hijo, sobre todo uno nacido fuera del matrimonio, y la despediría de inmediato si se enterara.

Ernest Finch soltó la compresa y se pasó la mano por el rostro.

—Al doctor Marsland le dará una apoplejía cuando descubra que le he mentido, y es probable que quiera romper todos los lazos conmigo.

Anne, al comprender su situación, hizo una mueca.

—Menudo lío —comentó.

Rosa irrumpió de repente en la habitación, con los ojos muy abiertos y respirando con dificultad. De inmediato fijó la mirada en el bebé que dormía.

—¿Está bien? —preguntó entre resuellos.

—Sí, y es gracias a la señorita Loveday.

—Gracias a las gotas para los oídos de mi padre —corrigió Anne—.

La pobre criatura tenía dolor de oídos. Si le aplican este remedio a diario, debería estar recuperado dentro de un par de días.

Por lo menos, así ha sido siempre con mi hermana, que padece de dolor de oídos con frecuencia.

—La joven depositó el frasco encima de la mesa—. Se lo dejaré aquí.

—Ay, gracias, Anne. Y gracias a Dios. No sabe cuánto me preocupé cuando regresé a Painswick Court y me dijeron que había salido de allí a toda velocidad junto a Ernest. Me temí lo peor.

El doctor Finch se levantó de la mecedora.

—Yo también lo temí, pero por fortuna todo ha salido bien. —Le entregó el niño, todavía dormido, a su madre.

—¡Ay, mi niño querido! —Rosa agarró al chiquillo en brazos y lo apretó contra ella—. Ven con mam… —Se interrumpió de golpe y miró alarmada a su tío.

—No pasa nada —dijo—. Ya se lo he contado.

Rosa se volvió hacia Anne con expresión suplicante.

—No se lo dirá a lady Celia, ¿verdad? Se lo pido por favor.

—Le prometo que no se lo contaré. Lo que no le voy a prometer es quedarme al margen si vuelvo a ver cómo el sobrino de lady Celia la trata a usted mal bajo su techo.

—Eso, eso —apoyó el doctor Finch—. Ahora entiende el motivo por el que insistí para que sirviera usted como enfermera en Painswick Court.

—¿Lo hizo? Creí que la propuesta había salido del doctor Marsland.

Él asintió con la cabeza.

—Exactamente. He aprendido que es más fácil salirte con la tuya si haces que parezca que es otro quien ha tenido la idea.

—¡Qué astuto! —dijo Rosa levantando las cejas.

El doctor Finch sonrió.

—Yo prefiero llamarlo sabiduría.

Anne no quiso arruinar su complacencia contándole que a la señorita Lotty se le había ocurrido la idea antes que a ninguno de ellos dos.