Capítulo 5 #3
Él reajustó de nuevo el macuto.
—No hablemos de eso, centrémonos en disfrutar del tiempo que vamos a poder pasar juntos. Supongo que estarás visitando a la señorita Newland.
—Así era, pero…
—Espero poder volver a verte antes de que te marches.
—Y yo espero que no te arrepientas de haber dicho eso cuando descubras que en estos momentos me alojo en Painswick Court —respondió Anne.
Él levantó las cejas.
—¿Qué?
—El doctor Marsland me ha pedido que ocupe el puesto de enfermera personal de tu tía. A menos que se reponga de repente o que el doctor encuentre a alguien con más experiencia que yo, voy a estar ayudándola en lo que pueda durante más o menos una quincena.
—¡Santo cielo! No es que esté en contra, pero… Bueno, me sorprende que tú estés dispuesta después de lo que sucedió con tu hermana.
—Y, por esa misma razón, a mí me sorprendió que lady Celia no me rechazara como enfermera.
—Seguramente no lo sepa.
—¡Cómo no lo va a saber! —resopló Anne.
—Mejor dicho: seguramente no se acuerde.
Anne sintió un arrebato de indignación.
—¿A tantos compromisos se ha opuesto?
—No, no quería decir eso. Mira, ya ha pasado bastante tiempo… Jude se casó. Han ocurrido muchas cosas desde entonces.
Anne sacudió con lentitud la cabeza, en la que bullían toda clase de pensamientos. Ojalá su hermana pudiera olvidar tan rápido como parecían haberlo hecho el señor Dalby y lady Celia.
A aquello le siguió un leve silencio incómodo.
—Sí —dijo al fin Anne—. Han ocurrido muchas cosas. Bueno, tengo que volver a Painswick Court, así que…
—¿Vamos juntos? —El coronel Paine le ofreció un brazo.
Anne vaciló solo un momento antes de aceptarlo.
—Gracias.
Atravesaron la puerta del camposanto y, mientras recorrían el sendero arbolado, el doctor Finch llegó caminando desde la calle St. Mary hasta el camino de gravilla de la entrada de Painswick Court.
El médico los miró con interés, primero a ella y luego al apuesto oficial. Anne se sintió cohibida y soltó de inmediato el brazo de Jasper. Sabía que una enfermera no debería tratar con tanta familiaridad a uno de los miembros de la familia.
—Doctor Finch, ¿ha conocido ya al sobrino de lady Celia?
La expresión del doctor se endureció y sus fosas nasales se dilataron. ¿O acaso eran imaginaciones suyas?
Vacilante, continuó diciendo:
—Coronel Paine, le presento al doctor Finch, uno de los médicos de su tía. Si no me equivoco, llegó a Painswick después de su última visita.
Jasper asintió con la cabeza.
—Encantado, doctor Finch.
Lo que sea que Anne creyera notar en la expresión del médico se evaporó en un instante.
—Ah, coronel Paine, por supuesto —dijo de manera afable—. Su tía lo ha mencionado. Y la señorita Fitzjohn también habla maravillas de usted.
—¿Cómo se encuentra mi tía? —preguntó Jasper—. Habría venido antes, pero tenía ciertos… asuntos oficiales que atender.
Ernest Finch levantó el mentón en un gesto que daba a entender que lo comprendía.
—Tiene el corazón débil, y el doctor Marsland le está tratando la hidropesía, pero dejaré que sea él quien le dé los detalles. —Lanzó una mirada a la casa—. Bueno, será mejor que me dé prisa. Me esperaban hace media hora. Buenos días, coronel, señorita Loveday.
Hizo una breve inclinación y luego entró por la puerta de servicio.
Jasper miró con curiosidad a Anne.
—¿Un buen tipo?
Ella se encogió de hombros.
—Hasta donde sé.
Sin embargo, Anne todavía tenía dudas sobre todo respecto a lo que no sabía de él.
Jasper le abrió la puerta para que entrara y ambos siguieron, aunque con más calma, los pasos del doctor.
* * *
Mientras Jasper y Katherine se reencontraban con alegría en la sala de estar, Anne subió a la planta de arriba. Como tenía que usar el aseo, pasó de largo por delante de la habitación de lady Celia. Al aproximarse al pasillo secundario, oyó unos murmullos.
Se acercó despacio hacia las voces y asomó la cabeza con cautela por detrás de la esquina.
Ahí estaban el doctor Finch y Rosa, ambos con la cabeza inclinaday junta, una contra la otra, inmersos en una conversación en susurros.
Era la segunda vez que los veía a solas.
¿Qué estarían tramando? ¿Sería Rosa la misma mujer con la que había visto hablar al médico detrás de aquellos árboles?
Anne se planteó la posibilidad de darse la vuelta sin hacerse notar, pero tenía mucha necesidad de usar el aseo.
Así pues, dobló la esquina y carraspeó para alertarlos de su presencia.
Se separaron dando un respingo y la miraron con recelo.
—Les ruego que me disculpen —dijo Anne—. Lamento haberles interrumpido.
—En absoluto. —Rosa se volvió alzando el mentón en un gesto desafiante—. El doctor Finch me estaba dando unos consejos… que no le había pedido. Buenos días, doctor.
Rosa hizo una inclinación de cabeza sin mirarlo a los ojos y pasó deprisa por delante de Anne hasta desaparecer dentro de su habitación.
El doctor Finch la siguió con la mirada durante un instante. Luego, seguramente al darse cuenta de que Anne lo observaba, hizo una reverencia y entró en la habitación de lady Celia.