Susurros en Painswick Court Capítulo 5 #2
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Capítulo 5 #2

Poco después de que comenzara a trabajar en ello, el doctor Finch entró en la despensa.

—La señorita Stark me dijo que podría encontrarla aquí. —Echó una ojeada al mortero, los viales y la olla que burbujeaba y añadió—: Debo confesar que estoy impresionado. Esto parece un laboratorio.

Ella sonrió a modo de respuesta y continuó trabajando.

El joven doctor señaló el maletín abierto.

—¿Es el botiquín de la familia?

—No, es mío. Un regalo de mi padre.

—¿Y el libro también?

—Así es.

Él lo agarró y leyó el título en voz alta:

— Manual de acompañamiento para el botiquín familiar y compendio de medicina doméstica de Cox; adaptado en particular para los cabeza de familia, los capitanes de barco, los misioneros y los colonos, con reglas sencillas para la toma de medicamentos, a las cuales se han añadido descripciones simples sobre cómo tratar fracturas y luxaciones, así como una concisa explicación del cólera morbo o asiático. ¡Dios mío, menudo título!

—Concienzudo, desde luego.

—¿Y trajo usted todo esto consigo a Painswick porque…?

—Me gusta estar preparada.

Él asintió con aire pensativo.

—Es una pena que no haya más opciones de aprendizaje formal para enfermeras. Aunque usted ya parece bastante versada en la materia. De hecho, podría ser quien instruyera a los demás. ¿Siempre ha tenido esta vocación?

Anne negó con la cabeza.

—De niña, no tenía el menor deseo de convertirme en enfermera.

—¿No? Entonces, ¿qué quería ser?

—Se va a reír, pero soñaba con ser médico o, si no, cirujana y boticaria, como mi padre.

—¿Por qué me reiría de eso?

—Porque soy una mujer, en caso de que no se haya dado cuenta todavía.

Él la observó y luego respondió con un tono de voz serio y grave:

—Sí, señorita Loveday, soy muy consciente de ello.

Anne sintió un rubor en el cuello al escuchar aquellas palabras. Se atrevió a mirarlo, y vio que él también se había puesto colorado.

—Bueno, eh… —El doctor se aclaró la garganta—. La dejo que siga trabajando.

* * *

Más tarde, cuando se encaminaba escaleras arriba, le echó un rápido vistazo a la sala de estar y vio allí a la señorita Fitzjohn. Esta, al notar también su presencia, la llamó.

—¡Ah, señorita Loveday! ¿Se ha enterado de la noticia?

Anne se acercó y se quedó en el umbral.

—Pronto vamos a tener la casa llena —continuó diciendo Katherine Fitzjohn—. Mis dos primos van a venir de visita.

La joven notó que se le encogía el estómago.

—¿Sus dos primos… aquí?

Katherine asintió.

—Estoy segura de que en su momento debió usted de conocerlos. Son el coronel Jasper Paine y…

—¿Coronel? Ha subido de rango.

—Así es. Y el señor Jude Dalby.

—No se quedará a vivir aquí, imagino.

—Sí mamá lo permite… Ha estado viviendo en Brook House, una de las propiedades de la familia de su difunta esposa.

Se dedican a la fabricación de ropa. Los Palling, ¿le suenan?

En cualquier caso, parece que, desde que su mujer falleció, a mi primo esa casa le trae demasiados recuerdos, y quiere mudarse de vuelta aquí.

Aunque supongo que seguirá pasando mucho tiempo en el molino, pues adquirió una parte de él gracias a su matrimonio.

—¿Y el coronel? Supongo que estará de permiso.

—O algo por el estilo, sí. No estoy al tanto de las particularidades. Los detalles me causan jaqueca y ya tengo bastantes de por sí.

Aquello último preocupó a Anne.

—Tal vez pueda hacer algo para ayudarla. ¿Qué le ha recetado el doctor Marsland?

—Ahora mi médico es el doctor Finch, el nuevo. Me imagino que ya lo habrá conocido.

—Así es.

—Apuesto, hay que admitirlo.

—Ah, pues… Sí.

—Mamá está convencida de que sus conocimientos y habilidades están más al día que los de Marsland, por eso ahora prefiere que me trate él. Por eso y por… otras razones. Aunque todavía hablo a veces con el doctor Marsland cuando viene a visitar a mamá.

—Ya veo.

—Sea como sea, ambos me han recetado reposo y aire puro.

—¿Eso es todo? La próxima vez que tenga jaqueca, avíseme y le daré algo más eficaz.

—Muy bien, así lo haré, gracias.

Anne regresó a la habitación de lady Celia y retomó sus tareas. La idea de tener que quedarse bajo el mismo techo que el señor Dalby no se le iba de la cabeza y acabó provocándole una jaqueca a ella también.

* * *

Al día siguiente, Anne devolvió la bandeja de desayuno de lady Celia a la cocina y luego salió a dar un corto paseo por el camposanto, deteniéndose una vez más ante la tumba de sus abuelos.

Al oír el sonido de unas pisadas que se acercaban, se dio la vuelta.

Un hombre se aproximaba dando zancadas por el camino hacia ella.

Iba vestido con uniforme de oficial del Ejército: casaca roja con hombreras y puños dorados, un fajín de un tono más oscuro de rojo, pantalones claros y un macuto de lona colgado por encima del hombro.

Ahora que estaba más cerca, lo reconoció.

Jasper Paine. Pelo castaño, patillas largas de un tono más claro y ojos de color avellana.

De hecho, ambos tenían una tonalidad bastante parecida.

Como Jasper había estado fuera con el ejército, Anne apenas lo había visto en los últimos años.

Las visitas que hacía a sus abuelos no solían coincidir con los permisos de él.

Jasper tenía una expresión distraída, incluso se podría decir que de preocupación. No obstante, al verla, una gran sonrisa apareció en su apuesto rostro.

—¡Vaya, vaya! No será esta la pequeña Anne Loveday ya crecida y más bonita que nunca.

Aquel saludo la llenó por completo de satisfacción.

—Buenos días a ti también, Jasper Paine. Aunque supongo que ahora debería llamarte «coronel».

La sonrisa del hombre se apagó un poco.

—Con Jasper es suficiente. A fin de cuentas, nos conocemos desde pequeños. Aunque ha pasado demasiado tiempo desde la última vez que te vi. —Señaló en derredor con un ademán—. Solíamos jugar al escondite aquí mismo, ¿te acuerdas? Tú, Fanny, Albert Palling y yo junto con otros niños.

—Me acuerdo.

Al fijarse en la tumba, la expresión de Jasper se volvió más seria.

—Lo lamenté mucho cuando me enteré del fallecimiento de tus abuelos. Eran unas excelentes personas.

—Gracias.

—¿De verdad han pasado ya tres años? —preguntó él contemplando las fechas grabadas en la lápida.

—Casi, sí.

—¿Y cuánto hace que no nos vemos?

—Creo que la última vez fue el verano antes de que murieran. Esta es mi primera visita aquí desde que Fanny… Desde que vendimos la casa de mis abuelos.

—¿Cómo le va a tu hermana? —Un brillo de sincera preocupación apareció en sus ojos.

Anne tragó saliva.

—Está bien. Se ha casado con un buen hombre, un rector.

—Me alegra oírlo. —Se reajustó el macuto que llevaba al hombro y luego preguntó—: ¿Y piensas quedarte mucho en Painswick?

—Todavía no lo sé. ¿Y tú? ¿Cuánto tiempo van a ser capaces de vivir sin ti esta vez?