Susurros en el Aire (Lobos Místicos 2) 63 Layla
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63 Layla

Layla

Mi Luna estaba sencillamente impresionante.

Cuando vi con mis propios ojos cómo esa sombra de veneno violáceo salía directamente de mi cuerpo y del de Alex para elevarse al cielo, supe de inmediato que era obra de ella.

Amber. Aquella chica desgarbada, herida y con dificultades en el habla nos había demostrado a todos la gran lección de lo que significa juzgar un libro únicamente por su portada.

Se había revelado ante todos como una auténtica divinidad. La Diosa del Aire.

—Espero que Soren sepa apreciar el regalo inmenso que le hizo la Diosa, porque si no es así, te juro que yo misma lo estrangulo con mis manos... y tú no vas a hacer nada para detenerme esta vez, Alex.

Mi tono de voz no daba el menor lugar a discusión y Alex lo sabía perfectamente. Aun así, dejó escapar una risa baja y reconfortante y me abrazó con ternura por detrás, pegando su pecho a mi espalda para susurrarme dulce al oído:

—No te preocupes por eso compañera... si ese idiota tan solo llega a mirarla raro de nuevo, yo mismo te ayudo a sostenerlo. Eso si es que llegamos a tiempo antes que los demás... que digo, la manada entera lo destituiría de su cargo si llegara a despreciar a su Diosa.

—¿Te das cuenta de lo infinitamente afortunados que somos? No una, sino dos Diosas de los elementos viven ahora entre nosotros...

—Sí, mi amor... más que afortunados.

Sentí toda la fuerza de su amor puro y su felicidad, empapar por completo nuestro vínculo y sonreí llena de paz.

Más aún cuando vi a lo lejos cómo Soren corría desesperado hacia Amber, la tomaba en volandas y la besaba con un amor y una pasión arrolladores justo bajo las aclamaciones y ovaciones de todos los miembros de la manada.

«Bien por él», comentó mi loba en mi mente, dando una vuelta de alivio. «Se acaba de salvar por los pelos de un linchamiento público».

«¡Jajaja! ¡Sí! ¡Sí que se salvó!».

Coralie fue corriendo a abrazar con fuerza a su hermana en cuanto Soren finalmente la soltó un poco para dejarla respirar.

Vi que también las demás chicas corrían en esa misma dirección y se fundieron todas en un emotivo abrazo grupal sobre la hierba de la plaza.

Amaba con el alma esa profunda y hermosa hermandad que se había creado de forma tan natural entre todas nosotras.

—¡Layla! ¡¿Qué estás esperando ahí parada?! —María pasó corriendo a mi lado, haciéndome señas efusivas con el brazo para que me uniera de inmediato al festejo.

Alex me soltó con una sonrisa y yo también fui corriendo feliz hacia mis amigas. Todas me miraron con una sincera preocupación en el rostro en cuanto me acerqué.

—¿Te encuentras bien, Layla? —preguntó Amber, arrugando el ceño con dulzura.

—Estoy más que perfecta gracias a ustedes dos, mis queridas Lunas.

—Tonterías... fue todo mérito de Amby esta vez —se apresuró a decir Cory, encogiéndose de hombros—. Yo no hice más que congelar un par de puertas y ensartar a algunos rebeldes con mi lanza.

—Te faltó mencionar la muralla de hielo, el separar el veneno del agua de la fuente para su estudio... —Amber comenzó a enumerar minuciosamente cada una de las hazañas de Cory usando los dedos de la mano, mientras su hermana se ponía cada vez más colorada de la vergüenza.

—Lo siento mucho, hermana, ¡pero hoy eres la gran heroína del momento! ¡Nos salvaste la vida a todos!

Volvimos a abrazarnos entre risas y lágrimas de alivio, bastante antes de que el celoso de Soren volviera a reclamar posesivamente a su compañera a su lado.

De a poco, todos y cada uno de los miembros de la manada comenzaron a acercarse con profundo respeto hacia Amber para expresarle su eterno agradecimiento por haber salvado sus vidas y las de sus hijos.

Amby, que ya había ido perdiendo gradualmente ese resplandor etéreo de Diosa —pero que aún conservaba sobre su cuerpo aquel hermoso vestido vaporoso de luz—, comenzó a llorar profundamente emocionada, insistiendo una y otra vez en que “no había sido para tanto” y que solo cumplió con su deber.

Pero todos nosotros sabíamos que la realidad era diferente.

Cada habitante en esta manada había perdido en el pasado a algún ser querido o amigo por culpa de la devastación de ese veneno negro, y saber con certeza que hoy nuestros seres queridos estaban sanos, salvos y respirando aire puro gracias a ella y a Cory era una deuda de honor y amor que jamás en la vida olvidaríamos.