Susurros en el Aire (Lobos Místicos 2) 61 Soren
96%

61 Soren

Soren

De no haber sido por la marca que acaba de dejar en Amber y el lazo que nos unía con una fuerza arrolladora e indestructible, probablemente me habría resultado imposible ponerme de pie.

Pero gracias a la vitalidad renovada de mi compañera y a la furia ciega que me quemaba las entrañas en ese preciso instante, pude no solo erguirme, sino que además me transformé en mi enorme lobo Alfa.

Milo Reed se encontraba parado en el linde de la plaza central, flanqueado por cinco lobos más, todos desplegando sus formas místicas. Miraba a Amber con unos ojos desencajados, inyectados en sangre y llenos de una mezcla grotesca de rabia, posesión e incredulidad.

¿Cómo demonios se atrevía ese hijo de puta raquítico a insultar de esa manera a mi compañera predestinada? ¿Y encima tener la audacia de afirmar que ella le pertenecía a él?

Mi lobo estaba más que ansioso por desmembrarlo y hacerlo sangrar hasta la última gota, y yo me iba a encargar personalmente de complacerlo.

Se lo entregaríamos a Amber servido en bandeja de plata para que ella no tuviese que mover ni un solo músculo.

Ya había hecho demasiado por nosotros y por esta manada.

«¡Bien dicho, humano! ¡Le llevaremos esta rata como nuestro regalo de marcaje!», mi lobo estaba eufórico, lleno de orgullo por la marca en el cuello y por la oportunidad de mostrarle a Amber que era plenamente digno de ser su Alfa.

Una mano suave y cálida se apoyó contra mi costado. Miré de reojo hacia abajo y vi a Amber de pie a mi lado. Le llegaba apenas a mi escápula, únicamente porque seguía en su forma humana. De decidir transformarse en su forma mística, su altura física crecería considerablemente.

—Yo no soy tuya, Milo. ¡Nunca lo fui ni lo seré!

—los ojos de mi compañera vibraban con una furia dorada e imponente—.

Vete de aquí ahora mismo, Milo, y nunca más regreses a esta manada.

¡Te doy esta única oportunidad en nombre de nuestro pasado!

Si no la tomas en este instante, no podré contener a los Alfas.

Amenazaste con las vidas de sus familias y sus manadas y están sedientos de sangre.

Un coro rugiente y feroz de los Alfas y Betas a nuestras espaldas se sumó al mío.

Si bien yo no compartía en lo absoluto esa bondad piadosa de Amber hacia ese infeliz, entendía perfectamente de dónde venía su intención de darle una última salida para evitar más muertes.

Por suerte para mí y para mi lobo, el idiota rechazó la oferta de inmediato con una risotada histérica.

—¡No necesito ninguna maldita oportunidad tuya! ¡Deberías dejar a estos perros y venir conmigo ahora mismo! ¡Después de todo lo que hice por ti, así es como me pagas!

Este tipo estaba desvariando por completo... ¿realmente cree que intentar masacrar, asfixiar e infectar a toda una manada es un gesto noble y romántico?

—¡Tú no has hecho absolutamente nada por mí, más que herir a mis amigos y atacar a mi manada! —le espetó Amber, la voz temblándole de indignación.

—¡Yo lo he hecho todo por ti, Amber! ¡Sacrifiqué absolutamente todo en mi vida por ti! ¡Cambié el curso de la historia de nuestra manada única y exclusivamente por ti!

Las alarmas sonaron en la cabeza de todos los presentes.

De golpe, se hizo un silencio sepulcral, helado y pesado en toda la plaza central.

La inminente confesión de Milo no me iba a gustar en lo absoluto y, con toda probabilidad, estaba a punto de desatar otro desastre en la manada...

Amber dejó de tocar mi pelaje y, con unos pocos pasos cautos y temblorosos, se acercó hacia él, manteniendo siempre una distancia considerable.

—¿Qué... qué fue lo que hiciste, Milo? —preguntó en un susurro cargado de un pavor primario.

—Les pedí a todos tu mano en matrimonio.

¡A todos! A mi hermano, a mis padres, a los tuyos...

¡Hasta al mismísimo Alfa Nolan se lo exigí!

Pero todos me dieron exactamente la misma respuesta de mierda...

que tú serías únicamente de tu compañero predestinado cuando la Diosa de la Luna lo dispusiera.

Mi hermano incluso me miró con un asco infinito...

seguro que el infeliz te quería para él solo...

—fue imposible no notar la profunda repugnancia en sus facciones al nombrar a su propio hermano difunto—.

El Alfa Jett sí me escuchó. Él vio mi verdadero potencial y mi determinación, así que me ofreció ser uno de sus generales de élite si lo ayudaba a tomar el poder.

Con el estatus de General de Jett, podría tenerte a mi lado y ser digno de ti.

Milo miraba a Amber con una chispa de enfermiza esperanza, como si el preludio de su atroz confesión fuera una carta de amor destinada a conquistarla.

—Quise darles a todos una última oportunidad de recapacitar, así que esa noche fui a la habitación de mis padres para hablar con ellos por última vez.

Nuevamente me rechazaron con frialdad y me dijeron que estaba loco, así que me fui.

Me encerré en mi habitación hasta que recibí la señal de ataque de las fuerzas de Jett.

Me dirigí de nuevo hacia la habitación de mis padres y les corté la garganta mientras dormían.

Era completamente inútil arriesgarme a una pelea.

Un sonido desgarrador de pura angustia brotó del fondo de la garganta de Amber. Se arrodilló de golpe en el suelo, llevándose ambas manos a la boca para ahogar el llanto. Sus lágrimas caían en cascada hacia la hierba.

—Lamentablemente, mi hermano llegó a la casa y me vio allí parado con la daga, así que después de comprobar de que nuestros padres estuviesen muertos, se abalanzó sobre mí.

Pude herirlo con un cuchillo infectado con el líquido corrosivo de Jett, lo que volvió sus movimientos torpes y lentos.

Aun así, el bastardo se las arregló para escapar corriendo hacia tu casa para avisarle a tu padre.

El desprecio puro goteaba de cada una de sus palabras. Diosa... ¿cómo podía un ser vivo relatar con semejante tranquilidad y frialdad la masacre de su familia por su propia mano? ¿Acaso no poseía un mínimo de remordimiento?

—Logré abatirlo justo ni bien cruzó el umbral de tu casa.

Lo dejé desangrándose en tu sala de estar, justo en la entrada, esperando a que tus padres corrieran a auxiliarlo —sonaba horriblemente satisfecho al detallar la escena.

El dolor de Amber iba en aumento drástico, y me temía que terminaría por destruir todo y a todos a su alrededor —.

Fueron tan predecibles... Intentando ayudar a su lobito de oro. Jajajaja.

—No... dime que no lo hiciste... ¡DIME QUE NO LO HICISTE, MILO! —gritó Amber, la voz rota en mil pedazos.

—¡Por supuesto que lo hice! Los herí a los dos apenas al principio, únicamente para dejar que penetrara el veneno de Jett y ralentizar sus movimientos.

Luego volví a hacerles la pregunta... ¿y puedes creer lo que me respondieron?

¡NO! ¡VOLVIERON A DECIRME QUE NO! ¡A MÍ!

¡AL ÚNICO LOBOS QUE PODÍA PROTEGERTE DE TODO!

—Por favor no... por favor... no...

Me acerqué a ella a toda prisa, regresando a mi forma humana en un segundo. Me arrodillé a su lado sobre la tierra y la rodeé con mis brazos, sosteniendo con firmeza su cuerpo que temblaba descontrolado por el impacto del dolor.

—¿Por favor no? ¡Claro que sí! ¡Y lo volvería a hacer mil veces más!

¡Ellos nos separaron, Amber! ¡Ellos no nos dejaron estar juntos!

¡Y solo por esa insolencia tenían que pagar con sangre!

—parecía un desquiciado fuera de sí, gritando y escupiendo saliva a medida que hablaba.

Amber seguía negando rígidamente con la cabeza, repitiendo sus palabras de desolación.

—Los apuñalé y cayeron a mis pies uno tras otro en la entrada.

Miraron desesperados hacia las escaleras y por un momento pensé que tú estabas allí arriba viendo todo el espectáculo.

Mientras me acercaba a corroborar si estabas ocultas en tu cuarto, ellos se arrastraban por el piso intentando tocar sus manos... qué patéticos...

Por tercera vez en menos de un año, la manada de las Cuatro Lunas fue testigo de cómo nube tras nube se unían a una velocidad espeluznante para formar una densa capa gris oscuro en el cielo.

Coralie se acercó corriendo hacia Amber al otro lado y, entre los dos, intentamos desesperadamente calmarla y contenerla.

No aguantaríamos contra los rebeldes restantes, los místicos y un tornado descontrolado.

Si no lográbamos calmar su colapso emocional de inmediato, estaríamos todos perdidos.

Milo miró hacia el cielo que se volvía cada segundo más negro y amenazante.

—¿Eres tú quien está haciendo esto? ¿Eres una de esas elementales legendarias? ¿Las mismas que busca el Alfa Jett?

Amber no respondía a sus preguntas. Únicamente se mecía rítmicamente hacia adelante y hacia atrás sobre la tierra, llorando con el alma destrozada y repitiendo la palabra NO una cantidad infinita de veces.

De repente, a nuestro alrededor, Amber y varios guerreros comenzaron a toser de forma violenta. Coralie también comenzó a toser, alternando palabras de contención con gemidos ahogados de dolor físico.

Ahí recién lo comprendí con un golpe de pánico: la macabra previsión que Rhys había hecho minutos antes se había convertido en una realidad mortal. Milo nos había estado distrayendo, no se si a propósito, con su enferma confesión.

La baba negra esparcida por toda la plaza se habia estado evaporando aceleradamente bajo el sol, antes de que las nubes lo cubrieran, y todos en el lugar estábamos comenzando a respirar directamente sus gases altamente tóxicos.