60 Amber
Amber
Una vez que hasta el último de los niños salió a salvo de la garita, me acerqué a Coralie para planear nuestro siguiente movimiento.
Como ella formaba parte de la manada de las Cuatro Lunas, no compartíamos un enlace mental directo.
Ni bien me aproximé, Cory descongeló la imponente muralla que había levantado con el agua de la fuente principal.
El líquido se quedó flotando en el aire durante unos instantes, sucio y vibrante, antes de volver a moverse en una danza circular perfecta.
Vi a María asomarse por la entrada del hospital, cargando con dificultad dos grandes jarrones de barro con la ayuda de otra enfermera.
Con un movimiento fluido y elegante de sus manos, Cory separó la baba negra del agua limpia; luego dirigió el veneno concentrado hacia los recipientes de María y utilizó el agua purificada para enjuagar a los nuestros. Miró a María con un asentimiento solemne y luego se giró hacia mí.
—María va a llevar de inmediato los jarrones al laboratorio para que Doc trate de entender con qué sustancia aumentaron la letalidad de esta cepa —se detuvo un segundo para tomar aire y continuó—: Los chicos pensaron que si se reunían todos en la plaza, Milo saldría al descubierto para que pudieran extraerle información sobre el código de las garitas; pero como nosotros ya resolvimos el problema, el objetivo cambió por completo.
—Bien, entonces vamos a echarlos a todos a patadas de aquí.
Cory dejó escapar una risa baja.
—Ya me había olvidado de lo mucho que te gusta pelear, Amber.
La miré falsamente indignada.
—¡Claro que no! ¡Simplemente no me gusta que se metan con lo mío!
—¿Con lo tuyo? —inquirió, levantando una ceja con diversión.
—Lo siento, hermana... te toca compartir manada.
—Creo que puedo hacer una excepción tratándose de ti —su sonrisa se ensanchó antes de volverse a mezclar en el caos de los lobos que seguían en plena lucha.
Por mi parte, me acerqué a un grupo de rebeldes que estaban acechando a varios guerreros heridos en el suelo y, con una ráfaga concentrada de viento, los mandé a volar literalmente por los aires.
—Muchas gracias, Luna —me dijeron entre jadeos. Estaban muy heridos y de algunos cortes en sus pieles supuraba esa porquería negra.
—¡Cory, hay que cambiar de táctica! ¡Se necesitan más enjuagues!
Y así, sin siquiera tener que coordinarlo con palabras, yo me ocupé de liberar a los guerreros que se encontraban complicados en el cuerpo a cuerpo y Cory los empapaba, lavando la baba negra de sus heridas.
Cada tanto nos topábamos con algún Beta o Alfa que también se beneficiaba del lavado de mi hermana.
Seguimos así por un largo rato, hasta que nos fuimos acercando hacia Soren y Orion.
Eran los que peor estaban de todos, probablemente porque no habían tenido acceso al agua limpia en mucho tiempo.
Soren prácticamente goteaba baba de su pelaje y Orion apenas conservaba pedazos de pelo sin infectar.
Si no los mataba esa cosa al contacto directo con la piel, los terminarían matando los vapores ácidos que emanaban.
No comprendía cómo era posible que estuviesen de pie y dando pelea todavía.
«¡Tenemos que ayudarlo! ¡Está demasiado débil!», gritó mi loba.
Tanto ella como yo nos dábamos cuenta de la precaria situación de Soren.
—¡Cory! ¡Enjuágalos! —mi tono desesperado llamó la atención de Bastian, quien apuró su lucha para acercarse a sus amigos.
Orion fue corriendo hacia el hospital, donde Amy estaba manguereando con agua limpia a los lobos cercanos.
Luego de limpiar su pelaje, tomó su forma humana y siguió lavando sus heridas con desesperación.
Soren, en cambio, se apoyó contra un árbol cercano y cayó desplomado sobre la hierba.
Cory juntó agua limpia de donde pudo y comenzó a enjuagar el pelo de su lobo.
Una vez limpio, él también tomó su forma humana y Cory siguió lavando sus heridas.
Pero a diferencia de Orion, las suyas estaban en un estado terriblemente peor.
—María está de camino con más antídoto, pero esto no pinta nada bien, Amber... —dijo Cory en voz baja.
Ahogué un gemido de puro horror. No podía perderlo...
no justo ahora. Teníamos tantas cosas de qué hablar y tanto por conocernos.
Miré a Cory asustada, sin querer comprender lo que me estaba diciendo.
En realidad sí lo comprendía, pero me negaba a aceptar que este sería el fin de mi compañero predestinado.
Una mano amable giró suavemente mi rostro y me encontré con la mirada de Soren. Me sonreía feliz.
¿Por qué demonios sonreía? ¡Si estaba mal! ¡Se estaba muriendo frente a mí!
—Tranquila... unos minutos de descanso y ya estaré como nuevo... —dijo, pero su voz quebrada y apagada decía todo lo contrario.
—¿Por qué no te acercaste al agua antes? ¡No eres inmortal, Soren! ¿En qué estabas pensando?
—Simplemente no hubo tiempo, Amber... eran uno detrás de otro...
—¿Por qué no puedo sentir tu dolor a través de la marca?
—Porque lo estoy bloqueando... Estabas en una misión salvando a la manada y no quería distraerte...
—¡Idiota! ¡Podría haber venido mucho antes a ayudarte! ¡Podría haber...!
—No. Tenías que liberar a todos los atrapados en las garitas y eso era la prioridad absoluta... Igual me alegra enormemente haberte visto antes de irme, mi compañera...
—¡El vínculo debería ayudarte a sanar! ¿Por qué no estás sanando? —ya con el pánico apoderándose de mi voz, me dirigí a Cory, quien usaba el agua para limpiar las heridas de Soren—. ¿Por qué no está sanando, Cory?
—Tiene demasiado veneno dentro de su organismo. Está llegando a los órganos internos. Su lobo está exhausto y ya no tiene fuerzas para curarlo por sí solo...
—¡Pero el vínculo debería sanarlo!
—Está incompleto, Amby. Él no te marcó a ti... Él te da parte de su fuerza, pero no recibe nada a cambio para recuperarse...
Me di vuelta como un rayo hacia Soren y me acerqué a su rostro, descubriendo la base de mi cuello ante sus ojos.
—¡Márcame! ¡Márcame antes de que sea demasiado tarde!
—No, Amber... no te marcaré solo para salvarme la vida. Lo haré únicamente cuando sea una decisión que tomes sin presiones ni condiciones... Y posiblemente en una ceremonia de Luna como corresponde...
—¡Eso no va a suceder nunca si te mueres aquí! ¡Además sí quiero! ¡Quiero que me marques!
—No, no lo...
—¡Escúchame! Sé que enloquecí cuando mi loba te marcó sin tu permiso y sé que te dije que fue ella y no yo quien lo hizo.
Pero la verdad es que estaba aterrorizada, Soren.
Me daba un miedo espantoso que en algún momento te arrepintieras y cambiaras de idea.
Sentía que no era la compañera que deseabas y eso me hizo pensar que no era suficiente para ti.
—Eres más que suficiente... Lo eres todo para mí...
Su voz se iba apagando. Si no lo convencía de inmediato, lo perdería para siempre. Decidí volver yo también a mi forma humana y lo miré fijamente a los ojos.
—Sé que no es el momento ideal ni el más romántico, pero si me dejas, voy a marcarte. Yo. Amber. La humana. No la loba —Soren me miró profundamente sorprendido—. Realmente quiero estar contigo, Soren, y si me dejas, me gustaría quedarme a tu lado para siempre.
Los ojos de Soren se llenaron de lágrimas que no llegaron a derramarse.
En un rápido y firme movimiento, me tomó por la nuca y acercó la base de mi cuello a su boca.
Sus colmillos se incrustaron en mi piel e impulsivamente apreté su cuerpo contra el mío, repitiendo su gesto.
Esta vez fui yo quien aceptó el lazo con cada fibra de mi ser.
El hilo dorado que unía nuestras almas, que antes salía de mí para llegar a él como una fina hebra, se volvió grueso, luminoso y pulsante. Como una soga brillante e indestructible que testimoniaba nuestra unión definitiva ante la Diosa de la Luna.
Pude sentir al instante cómo la fuerza vital de Soren aumentaba drásticamente y cómo su lobo se erguía majestuoso en su interior.
Un canal de comunicación indestructible se estableció entre nosotros, por el cual pasaban todos nuestros pensamientos, recuerdos y emociones.
Estaba tan profundamente feliz y abrumada que me costaba cerrarlo para volver a la realidad.
Cuando lo hice, me di cuenta de que la batalla finalmente había concluido, dejando los cadáveres de los rebeldes infectados y de los místicos desparramados por doquier.
Al separarnos, ambos lamimos con ternura las gotas de sangre que salían de nuestras respectivas marcas, las cuales comenzaron a cicatrizar de inmediato.
El dolor provocado por la baba en el cuerpo de Soren fue disminuyendo paulatinamente hasta desaparecer por completo.
Al sentarme al lado de mi compañero, vi de reojo a María, quien le estaba suministrando más antídoto, y a Cory, que seguía limpiando los restos de veneno. Me miró y me sonrió con alivio.
—Ya está fuera de peligro. Y el antídoto de María está potenciado; en el laboratorio pudieron identificar qué ingrediente hacía a esta cepa más letal y lo usaron para contrarrestarlo.
—Muchas gracias, chicas —les dijo Soren con un tono de voz firme y renovado—. Por un momento pensé que no lo lograría.
—Tú y todos nosotros, amigo —intervino Bastian, sosteniendo a Orion por debajo del brazo—. María, tal vez quieras darle un poco de tu menjunje milagroso a este terco... Ya no sé si pueda seguir manteniéndolo de pie.
—¡Que me puedo parar solo! —vociferó Orion, pero al soltarse del agarre de Bastian comenzó a tambalearse hacia atrás, siendo atajado por Rhys, quien caminaba hacia nosotros.
—¿Te emborrachaste en mitad de la batalla? Y yo que pensé que estabas luchando con nosotros... —bromeó Rhys.
—Maldito... Por supuesto que estuve luchando... no como tú, que estás fresco como una rosita...
—Eso es porque soy el más inteligente del grupo y me mantuve alejado de esa porquería, que dicho sea de paso, está empezando a evaporarse y es altamente tóxica... Es tan densa que la tierra no la absorbe y los rayos del sol la están evaporando... Tuve que alejarme.
—No falta mucho para que el sol pegue directamente sobre la plaza. Tenemos que encontrar la forma de limpiar todo esto rápido —observó Bastian, evaluando el terreno.
—Son demasiados cuerpos y no podemos juntar la baba en frasquitos... Tal vez si los quemáramos... —sugirió Lucian, acercándose lentamente mientras se recuperaba de sus heridas.
—Arriesgamos prender fuego a toda la manada... —reflexionó Orion—. Cory, ¿no la puedes juntar con el agua?
—Sí, pero son áreas demasiado extensas para las que necesitaría litros y litros de agua, y los caudales naturales están muy distantes de aquí...
De pronto, un rugido cargado de odio y rabia visceral interrumpió la conversación, haciendo que todos nos giráramos de golpe:
—¡PERRA! ¡DEJASTE QUE TE MARCARA! ¡ERES MI COMPAÑERA! ¡NO LA DE ÉL!