56 Milo
Milo
—¿Qué demonios quieres aquí? —maldita bruja decrépita...
—Solo vine a observar la función, General...
—su voz melosa y arrastrada me daba directamente de los nervios.
Amara era una criatura de temer si bien Jett no la hubiese nombrado General.
Era anciana y encorvada, pero eso no la hacía un milímetro menos peligrosa.
Era profundamente retorcida y sus modos cruentos la volvían un ser despreciable.
—Si no estás aquí para aportar algo en el combate, vete por donde viniste. Solo eres un maldito estorbo.
—Jijijiji... ¡Vamos, General Reed! ¡Vengo a alabarte por tu aplastante victoria!... cuando suceda, claro está...
Su risa siniestra y rasposa me daba escalofríos por la espalda.
—Por supuesto que va a suceder. Tengo absolutamente todo bajo control.
—Sin embargo, el Alfa Jett no te confió a sus soldados más fuertes para esta incursión, por lo que alcanzo a ver desde aquí...
Estábamos escondidos tras la densidad de los matorrales, cerca de la puerta norte del territorio de esa maldita manada.
Hasta que llegaron esos dos Alfas colosales a la frontera, la incursión iba saliendo genial.
Ahora estos dos perros salvajes mataban con una facilidad pasmosa a mis soldados místicos, los cuales se habían dedicado previamente a rematar a los guardias infectados con la baba negra.
Esta nueva cepa química era tan sumamente devastadora y concentrada que los mismos rebeldes no duraban mucho tiempo con vida tras exponerse.
Algunos cobardes incluso habían huido hacia el bosque antes de tomarla, viendo los estragos inmediatos que provocaba en el organismo.
—Deberás informarle de primera mano al Alfa Jett que su veneno mata demasiado rápido a la tropa; los rebeldes arriesgan a colapsar y morir antes de lograr alcanzar su objetivo...
—¡¿Acaso crees que no lo sé?! ¡Vete de una buena vez, bruja! ¡Solo estás molestando!
—Jijijiji... No estás para nada convencido de ganar esta batalla, ¿verdad, Milo?
¿Pudiste convencer finalmente a la hija del General Sinclair de unirse a nuestra causa?
¿O ese plan personal tuyo también está fallando estrepitosamente?
Sabes perfectamente que Jett exige tener a una de las elementales de nuestro lado de la balanza, ¿verdad?
—¡No necesito que una víbora como tú me diga lo que tengo que hacer! ¡Conozco perfectamente cuáles son mis deberes para con Jett!
—Pero aún no tienes a la chica mística entre tus manos, ¿verdad?
—Cuando todos los miembros de esta maldita manada mueran y no le quede nadie a quién acudir, Amber vendrá llorando por sí sola a mis brazos.
—Ya probaste exactamente esa misma técnica en el pasado y no te funcionó para nada, General. ¿Qué te hace pensar que buscará refugio en ti ahora? Y más aún cuando se entere de que, para poder tenerla a tu merced, mataste a sangre fría a tu propia familia y a la de ella esa trágica noche...
—¡No le quedará nadie en este mundo! ¡Yo mismo me aseguraré de eso hoy!
—Su nuevo compañero, ¿no es acaso un Alfa?
Si posee el mismo tamaño colosal que uno de esos dos que están masacrando a tus hombres allá en la puerta —dijo, señalando con su dedo deforme a los dos lobos gigantes que combatían en el acceso—, te va a costar bastante trabajo físico someterlo...
Nunca destacaste precisamente en el combate cuerpo a cuerpo, Milo; y por lo que parece, estos lobos sí que son auténticas máquinas de guerra...
—¡Ya vete de mi vista! ¡No haces más que estorbar con tus comentarios, vieja maldita!
Amara soltó una risa baja, helada y verdaderamente escalofriante, para luego hablarme en un tono de voz aún más oscuro, seco y amenazador:
—Oh, me haré a un lado de inmediato, General Reed, no temas. Esta es tu bendita batalla. Me limitaré únicamente a observar... la derrota... pero de quien, exactamente?
Maldito vejestorio inservible. ¡No será mi derrota de ninguna manera! ¡Será la destrucción total de ellos! ¡Ya verán todos de lo que soy capaz! Ganaré este enfrentamiento y me llevaré a Amber solo para mí, tal como siempre debió haber sido desde nuestra infancia.