52 Amber #2
Recordé de inmediato el momento en que Erika vino a buscarme días atrás aquí mismo para pedirme ayuda porque su compañero no la quería, ocasión en la que fue interrumpida abruptamente por la llegada de Milo.
Un escalofrío helado me recorrió la columna vertebral de arriba abajo...
era algo urgente que me intentaba advertir mi instinto, así que esta vez decidí hacerle caso a mi loba al cien por ciento.
Me acerqué a Erica con pasos gentiles y, colocando una mano firme sobre su hombro tembloroso, la incité a que hablara sin miedo.
—¿Es por tu compañero, Erica? ¿Qué pasa con él?
—¡Amber, no podemos perder tiempo con esta mujer, vamonos! —protestó Cory.
—Espera quiero escuchar —silencié a Cory con un gesto firme y le dediqué toda mi atención a Erika.
La mujer, entre sollozos ahogados, nos contó una historia sencillamente escalofriante:
—¡Sí! ¡Lo siento tanto! ¡Quise hablar a solas contigo antes en tu casa, Amber, pero él no me dejó! ¡Amenazó con matar a toda mi familia si abría la boca! ¡Y ahora Derek está atrapado en una de esas garitas con los niños!
—Cálmate y cuéntanos todo desde el principio, Erika, no podemos ayudarte si no nos dices qué planeó —le pedí.
«Lo mismo que te dijo Soren a ti...», me susurró mi loba.
«No es el momento para reproches».
—Cuando Orion me exilió formalmente de la manada luego de mi acusación ante el Consejo, fui directo a la ciudad humana —comenzó a relatar Erika, secándose las lágrimas—.
¡Ahí me encontré de pronto con mi compañero predestinado!
¡Estaba tan feliz! Era un lobo próspero, fuerte a su manera, seguro de sí mismo y muy cariñoso al principio.
Me trataba literalmente como a una reina, pero nunca hizo el menor amago de querer marcarme como su compañera.
Un tiempo después, me dijo que había conseguido un contrato para aumentar la infraestructura de seguridad de una empresa y se fue a hacer un relevamiento de campo antes de presentar el proyecto definitivo.
Erika tomó una profunda bocanada de aire entre los sollozos que le sacudían el pecho.
—Cuando volvió a la ciudad semanas después, era un hombre completamente distinto.
Estaba agresivo, violento; me culpaba de todo lo que iba mal en su vida, gritándome y a veces pegándome.
Como seguíamos sin marcarnos, él no sentía el daño ni el dolor que me estaba haciendo.
Lo intenté todo para salvar la relación, de verdad...
y como nada funcionaba, me fui de su casa para regresar a la casa de mis padres en las Cuatro Lunas.
Le dije a Orion que había encontrado a mi compañero pero que él estaba fuera por trabajo, y que quería visitar a mi familia para darles la buena noticia y organizar la ceremonia.
Pero cuando vine al pueblo me encontré con la espantosa verdad...
Su llanto comenzó a aumentar drásticamente de volumen, al igual que su tono de voz alterado:
—¡Mi compañero había encontrado en esta manada a la que había sido, como él la llamó siempre, el amor de su infancia y de su vida!
La había dado por muerta años atrás y ahora que la había vuelto a encontrar, iba a hacerla su compañera a como diera lugar, tal como lo había planeado desde niño.
El único problema para él era que ella también había encontrado a su propio compañero, un Alfa, y que además estaba muy cambiada.
—Milo... Milo Reed es tu compañero predestinado, ¿verdad? —Cory no daba crédito a lo que estaba oyendo.
—Sí, es él —admitió Erika, bajando la cabeza con vergüenza—.
Cuando lo confronté, me dijo fríamente que no iba a rechazarme formalmente porque eso lo debilitaría físicamente y que no podía en este momento perder ni un ápice de su fuerza, ya que su rival era un Alfa de linaje puro.
También me dijo que estaba muy contento porque, según él, la discapacidad de Amber la hacía débil y por lo tanto muchísimo más manipulable.
Me confesó que le había contado muchas mentiras sobre el pasado a Amber y que, como ella era frágil, se las había creído todas...
nunca me dijo cuáles eran esas mentiras...
—¿Qué pasa con las garitas? ¿Por qué dices que son una trampa? —le exigió Cory, mientras yo sentía mi garganta cerrandose por el pánico.
—Como Milo seguía completamente obsesionado contigo, Amber, y no daba señales de querer marcarme a mí, intenté darle celos desesperadamente.
Me acerqué a Soren en la casa de la manada, pensando que si Milo me veía con un Alfa respetado y que yo era digna de la atención de un líder, entonces me querría...
Lo único que conseguí fue una paliza terrible de su parte y que me encerrara bajo llave en su departamento en la ciudad.
—¡Las garitas, Erika! ¡¿Qué les hizo a las garitas?! —Cory estaba perdiendo por completo la paciencia. Le agarré la mano a mi hermana y le hice un gesto negativo con la cabeza para que la dejara terminar. Luego miré a Erica y le asentí para que continuara.
—Una noche volvió furioso y fuera de sí al departamento, maldiciéndote a ti y a Soren —prosiguió Erika—.
Dijo que los había visto besarse en la feria y que sabía perfectamente que ya no le quedaba tiempo.
Dijo que iba a adelantar todo el plan de ataque, que todas las garitas de seguridad de la manada estaban en realidad saboteadas por él y que nadie en la manada sobreviviría.
Solo tú, Amber... para que vieras la destrucción total de toda la manada de las Cuatro Lunas y aceptaras ser su compañera por la fuerza.
Me dijo que una vez que te marcara a ti, me rechazaría a mí y me mataría para que yo no representara ninguna tentación para su lobo.
Erika se tapó el rostro con ambas manos, sumergida en una desesperación absoluta. Después levantó la cabeza y su mirada de súplica tocó algo muy profundo en mi interior:
—No sé qué fue exactamente lo que le hizo a los paneles de las garitas, pero si estaba tan ridículamente confiado es porque es muy posible que ninguno de ustedes pueda abrirlas desde afuera ni con los códigos.
¡Por favor! Mi familia está a salvo en el gimnasio y en la escuela, ¡pero Derek está atrapado en una garita cerca de la plaza junto con su maestra y sus compañeros, y no van a poder salir si la trampa se activa! ¡Tienen que ayudarlo!
—Ve de inmediato con tu familia al gimnasio, Erika, nosotras nos encargaremos de la garita de la plaza —le aseguró Cory con firmeza.
—¡No! ¡Puedo ir a ayudar con ustedes! Soy su compañera predestinada, ¡pueden usarme para amenazarlo o herirlo!
—Agradezco profundamente la oferta, Erika, pero ustedes no están marcados; así que aunque salgas lastimada físicamente y frente a sus ojos, él jamás lo sentiría ni le importaría.
Además, no es así como resolvemos las cosas.
Cory tiene toda la razón. Ve con tu familia y asegúrate de que estén a salvo; yo misma me me aseguraré personalmente de que Derek los alcance en cuanto liberemos la garita —le prometí con toda la fuerza de mi voz.
Coralie la miró con severidad y le hizo un asentamiento solemne de cabeza. Erica nos lo agradeció en un hilo de voz y salió corriendo a toda velocidad en dirección al gimnasio.
—Bueno, eso fue... intenso... —murmuró Cory.
—Sí. Vamos. Tenemos que ver si lo de las garitas es verdad. Hay una por aquí cerca.
—¿No deberíamos ir directo a la garita de la plaza donde están atrapados los niños? —inquirió Cory.
—Las garitas del bosque están más alejadas y probablemente no tengamos que luchar contra nadie mientras intentamos abrirlas. Además, los niños son más pequeños y consumen menos oxígeno, lo cual corre a su favor si las garitas son herméticas sin ventilación...
—Se suponía que tenían un sistema de ventilación avanzado... ¿por qué no deberían tener aire?
—Conociendo a Milo y su crueldad, probablemente no solo saboteó el cierre hermético sino que invirtió el sistema para asfixiarlos...
—Mierda...
Sin pensarlo dos veces, ambas nos transformamos en nuestras lobas en mitad del porche, rasgando por completo nuestra ropa.
No había ni un solo segundo que perder desvistiéndonos o doblando prendas con cuidado.
Desde nuestra forma de lobas, comenzamos de inmediato la segunda transición hacia nuestras formas místicas puras, elevándonos en dos patas.
Enseguida nos desplazamos entre los árboles corriendo a toda velocidad en dirección a la garita blindada más cercana.