Susurros en el Aire (Lobos Místicos 2) 52 Amber
81%

52 Amber

Amber

¿En qué preciso momento se había ido todo a la mierda?

Mi enojo con mi loba seguía presente, latiendo en mi pecho como una herida en carne viva.

Y ni hablar de la furia ciega que sentía contra mí misma.

Coralie, Layla y las chicas habían intentado por todos los medios hacerme sentir mejor en los últimos días, pero sus palabras sencillamente no funcionaban.

Había cometido un error monumental. No había sido capaz de controlar a mi propia loba.

¡Ella había marcado a Soren como suyo, como nuestro! Sin darle a él la más mínima posibilidad de elegir de forma consciente, sin permitirle opinar sobre su propio cuerpo ni sobre su propio destino.

Las palabras de advertencia de Doc en el consultorio seguían resonando una y otra vez en mi mente.

Soren me había transmitido fielmente aquel discurso que alguna vez el médico le dio a él.

¡Era todo tan dolorosamente cierto! No me había dado cuenta de que yo misma estaba silenciando y aplastando mis verdaderos sentimientos.

El rechazo inicial de Soren me había herido tan profundamente que minimicé todo a mi alrededor a tal punto de ignorar por completo a mi loba y lo que yo consideraba sus “ideales románticos” cada vez que veía a Soren.

No le di su espacio natural, así que en un momento de absoluta vulnerabilidad física y emocional mía, ella tomó el control total de mi cuerpo y se adueñó de lo que consideraba nuestro por derecho divino.

Mi ira contra mi misma escalaba cada vez que recordaba cómo se debió de haber sentido Soren cuando rechacé las consecuencias de lo que hizo.

Sí, lo había rechazado de la peor manera.

Le dije a los gritos en el porche que fue mi loba la que lo marcó, dejando tácito y dolorosamente evidente que yo, la humana, no compartía de ninguna manera esa intención. Como si yo no lo quisiera en mi vida.

Todo lo que él me dijo esa mañana en el desayuno era la pura verdad. El vínculo de la Diosa nos acerca físicamente, pero el proceso de conocernos en el día a día es lo que verdaderamente nos hace querer estar juntos para siempre. El vínculo es solo un impulso inicial.

Al haber vivido tanto tiempo entre los humanos en las ciudades, pude entender lo difícil que es para ellos encontrar a su alma gemela, o tan solo a alguien verdaderamente compatible.

Ellos no cuentan con una Diosa benevolente que los encamine en la dirección correcta.

Tienen que pasar por experiencias difíciles y a veces traumáticas hasta dar con la persona que mejor los complementa, o que por lo menos les hace más llevadera la convivencia y el hecho de compartir una vida.

Eran realmente muy pocos los humanos que conocí que hubiesen encontrado el verdadero amor, ese incondicional.

La mayoría, luego de años de buscar y quemarse el corazón, desistían para terminar viviendo solos, rodeados de amigos, familiares y en ocasiones, mascotas.

Yo había encontrado a Soren y, aunque él me había rechazado en un principio por sus propios demonios, realmente se había redimido de corazón.

Superó sus propios miedos de forma admirable, a tal punto de que, cuando mi loba lo marcó en contra de su voluntad humana, él lo aceptó de buen grado, me defendió y solo intentó calmar mi ataque de pánico.

Soren debería estar furioso conmigo por ese marcaje a traición y sin previo aviso y, sin embargo, fue todo compasivo, paciente y amoroso.

¿Y yo cómo le pagué? Lo rechacé en su propia cara. Simplemente me alejé y me encerré en la cabaña, dejándolo solo para que lidie con un problema que yo ocasioné. Porque fui yo quien ignoró a mi loba...

«¡Entonces ve ahora mismo y díselo a la cara!», siseó mi loba en mi mente.

«No puedo... No sé cómo... Todavía no...».

«¡Lo vas a perder para siempre si sigues comportándote así!».

«¡Tampoco es que se pueda ir demasiado lejos con la marca en el cuello que le dejaste a traición!».

«¡¿Y solo por eso vas a dejarlo ahí afuera a que lidie con toda esta agonía él solo?

! ¡¿Tienes la menor idea de lo desgarrador que es llevar un marcaje incompleto para un Alfa?

! Va a estar constantemente anhelando darle un cierre.

Arriesga a que su propio lobo tome el control por desesperación y haga exactamente lo mismo contigo por la fuerza...

¿Crees que llevar la situación a ese extremo es saludable para alguien? ».

«¡Tú empezaste todo este desastre al hundirle los colmillos!».

«¡No! ¡Tú lo empezaste ignorándome y silenciándome durante tanto tiempo! ¡Yo solo actué por instinto de supervivencia!».

«¡Exacto! ¡No pensaste en las consecuencias!».

«¡Yo no pienso! ¡Los humanos son los que piensan y arruinan todo con sus cálculos! ¡Yo soy un lobo! ¡Yo actúo por puro instinto! ¡Si hubieses dejado las cosas en mis manos desde un principio, nada de esto habría sucedido jamás!».

«¿Te olvidas de quién nos rechazó primero ante el Consejo de Ancianos?».

«Fue el Soren humano el que nos rechazó, no su lobo.

Otra vez la parte humana que piensa es la que arruina todo.

Si Soren le hubiese hecho caso a su lobo desde el día en que llegamos a las Cuatro Lunas, esto no habría sucedido jamás.

¡Tampoco nuestro distanciamiento inicial!

¡Son los pensamientos humanos los que lo complican todo!

No puedes darle una explicación lógica al instinto, ¡no lo puedes racionalizar!

¡Por eso el instinto es infinitamente más sencillo y sabio! ».

«... Sí que lo es...», admití en un susurro mental.

Me sentía cada vez más abatida y sin argumentos. Si tan solo hubiésemos escuchado a nuestros lobos desde el comienzo... tal vez mi loba tenía toda la razón del mundo... nos hubiésemos ahorrado absolutamente todo este sufrimiento, las humillaciones y los malentendidos.

—Amby, en unos minutos va a empezar el entrenamiento de defensa de mi curso, ¿quieres venir a la plaza a mirar?

—Layla se había acercado esa mañana a mi cabaña y había tratado con mucha dulzura de convencerme de participar del entrenamiento de los cachorros de su grado.

Si bien de la instrucción se encargaban formalmente los Alfas y los Betas, ella quería estar presente para hacerlos sentir más seguros.

El entrenamiento de los niños estaba a cargo de Orion, quien, si bien era un oso de peluche, intimidaba bastante a primera vista por su tamaño.

—No, gracias, Layla. Ve tranquila.

—Deberías salir un poco a tomar sol, Amby, estás encerrada aquí desde hace días. Un poco de luz y de aire fresco te harán de maravilla.

—Estoy bien, abriré las ventanas para que circule la brisa —y dicho eso me di la vuelta en la cama, dándole la espalda.

—Bueno... Si cambias de idea, vamos a estar en la plaza central hasta el mediodía...

—De acuerdo, gracias... —dije en un susurro. Realmente no tenía ganas de hacer absolutamente nada.

Escuché la puerta principal de la casa cerrarse tras los pasos de Layla y me quedé remoloneando en la cama, pensando por enésima vez sobre todo lo que había pasado entre Soren y yo, sin lograr llegar a ninguna conclusión satisfactoria.

En algún momento de la mañana me debí de haber quedado dormida porque un sonido estridente, agudo y metálico comenzó a perforarme los oídos sin piedad. Abrí los ojos de golpe y me senté en la cama completamente sobresaltada.

La sirena de la manada.

La sirena de ataque general estaba ululando en todo el pueblo.

Alguien estaba atacando las Cuatro Lunas.

Me levanté de la cama de un solo salto y salí disparada hacia la puerta de entrada.

Una vez en el porche, dirigí potentes corrientes de viento en todas las direcciones para que las brisas me indicaran de inmediato de dónde provenía el peligro y cómo se estaba desarrollando el protocolo de evacuación.

Comencé a respirar un poco mejor cuando el viento trajo noticias nítidas a mi mente.

La gran mayoría de los civiles había acatado al pie de la letra las detalladas instrucciones de Rhys y los demás.

Se habían reunido en los centros de resguardo originales: el gimnasio, la escuela, el hospital y la casa de la manada.

Los que se encontraban más alejados en los sectores comerciales o residenciales habían utilizado las garitas de seguridad perimetrales recién instaladas, dándole prioridad de ingreso a los niños y a los ancianos.

Cory venía corriendo en mi dirección desde su casa y casi todos los Alfas y Betas, chicas incluidas, se encontraban concentrados en la plaza central, ya que se hallaban enseñándole a los niños las técnicas básicas de defensa cuando sonó la alarma.

La única noticia verdaderamente terrible entre todas las ráfagas era que algunos lobos místicos transformados, junto a un escuadrón de rebeldes empapados en baba negra, habían logrado ingresar violentamente por la puerta norte del territorio...

Cory llegó corriendo a mi porche con el cabello al viento y el rostro tenso.

—¡Vamos, Amber, tenemos que transformarnos e ir de inmediato a contener la puerta norte!

Comencé a quitarme la ropa a toda prisa junto con ella para no romperla al cambiar de forma, cuando una voz rota en un llanto desesperado e histérico nos interrumpió desde el sendero.

—¡Lunas! ¡Por favor! ¡Tienen que ayudarme!

Pude ver a Erika Portman llegar totalmente agitada por la carrera, quedándose sin aire por culpa del llanto y el pánico.

—No es el momento, Erika —le cortó Coralie con un tono de Alfa que no admitía réplicas ni peros—. Estamos bajo ataque directo de los rebeldes. Debemos ir a la puerta norte a pelear. Tú ve con tu familia de inmediato al lugar designado para que te refugies.

Aún con la orden tajante de una Luna, Erika no hizo caso en lo absoluto, luchando desesperadamente contra la voz de mando:

—¡No! ¡No entienden! ¡Esas malditas garitas de seguridad son una trampa! ¡Están todos atrapados adentro! ¡Tienen que salvarlos antes de que mueran!

—¿De qué demonios estás hablando? —Cory compartió conmigo una mirada cargada de una profunda sospecha.