Susurros en el Aire (Lobos Místicos 2) 49 Amber
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Amber

Me desperté más descansada y serena que nunca. Me sentía completamente renovada y con una liviandad en el pecho que no experimentaba desde que era apenas una niña y vivía feliz junto a mis padres en la manada de los Lobos Místicos.

Me estiré sobre el colchón y luego me di la vuelta con lentitud para inhalar el aroma más maravilloso y reconfortante del mundo entero: Soren.

Me envaré de golpe en la cama, sentándome como impulsada por un resorte al acordarme de absolutamente todo lo sucedido la noche anterior. Le había pedido entre susurros desesperados que se quedara conmigo. Que no me dejara sola.

«Nunca», me había prometido él.

Me levanté a toda prisa y fui corriendo directo al baño solo para constatar con absoluto horror que mi cabello era un auténtico nido de pájaros desordenado, completamente revuelto y anudado...

—Diosa Luna, dime que no estuve babeando sobre su pecho mientras dormía, por favor... —le rogué en un murmullos a mi propio reflejo, comprobando con desesperación si había algún rastro de hilo de saliva por mi cara o por mi cuello.

Una risa profunda, cálida y ronca que provenía justo del marco de la puerta del baño me descolocó por completo.

—No babeaste en absoluto. Puedes estrar tranquila —dijo Soren, apoyado contra la madera.

Tierra, trágame ahora mismo y escúpeme en Júpiter...

Creo que me puse tan colorada por la vergüenza que sentí en ese instante, que casi combustiono allí mismo. Soren se acercó suavemente con un paso felino y pausado, puso una de sus grandes y cálidas manos sobre mi mejilla y me depositó un tierno beso en la frente.

—Buenos días, mi compañera.

Lo miré totalmente anonadada, hipnotizada y fascinada por la paz que transmitían sus ojos.

«De acuerdo, humana... ¡AHORA SÍ que estás babeando como tonta!», chilló mi loba cantarina dentro de mi cabeza.

Ante la duda sembrada por mi mitad animal, pasé de inmediato el dorso de mi mano derecha por mi boca para verificar, provocando una risotada franca y divertidísima por parte de Soren.

—Vamos, alístate un poco. Ya preparé el desayuno en la cocina —me guiñó un ojo con complicidad y se dio media vuelta para marcharse, murmurando un suave y claro “adorable” mientras caminaba por el pasillo.

¿Adorable? ¿Cómo demonios podía encontrarme adorable con este aspecto desastroso?

«El amor es ciego, tonta...».

«¿Amor?»

«Es nuestro compañero predestinado, Amby, ¡obviamente te ama con el alma!».

Seguía demasiado aturdida y con las pulsaciones a mil, así que decidí no prestarle demasiada atención a mi loba ni a sus aventuradas conjeturas románticas.

Me alisté lo más rápido que pude como dijo Soren y, una vez que obtuve una apariencia un poco más decente y peinada, fui directo hacia la cocina, atraída por un olor delicioso y maravilloso que inundaba el ambiente.

Cuando llegué a la mesa del comedor, me encontré con que estaba todo magistralmente preparado para dos personas.

Había huevos revueltos, tortitas esponjosas, pan fresco, queso untable, varias mermeladas, diferentes opciones de té caliente...

Parecía literalmente el bufet de desayuno de un hotel de cinco estrellas.

Mi estómago comenzó su habitual sinfonía de rugidos desesperados, dándole a todo lo que veía un visto bueno a juzgar por el ruido.

Soren se apresuró a apartarme la silla con suma caballerosidad y me ayudó a sentarme, para luego agarrar una silla para él.

Se quedó congelado unos segundos evaluando la disposición de la mesa.

De pronto, se levantó de golpe, cambió de lugar sus cubiertos y su plato de sitio y se sentó justo a mi lado, pegado a mí.

—¿Qué puedo servirte primero? ¿Qué es lo que más te gusta de todo esto? —me miró con una atención absoluta y una sonrisa atenta.

«¡Vamos, respóndele de una vez!», exigió mi loba, impaciente.

Sin embargo, yo no podía reaccionar. Juro por mi vida que intentaba enviarle órdenes contundentes a mi boca para que dijera algo o a mis brazos para que tomaran algún plato de la mesa, pero simplemente no podía moverme. Estaba en un completo shock emocional.

De pronto, Soren giró el cuerpo de costado hacia mí y, con la yema del pulgar, atrapó con extrema delicadeza una lágrima traicionera que iba resbalando por mi mejilla. Ni siquiera me había dado cuenta de que estaba llorando en silencio.

—Amber... ¿estás bien? ¿Qué pasa? ¿Acaso hay algo de todo esto que no te guste?

Solo pude negar rígidamente con la cabeza, mientras más y más lágrimas caían sin control sobre mi regazo.

—¿Hice algo mal? ¿Quieres que me vaya y te deje tranquila? ¿Necesitas estar sola un momento?

Negué con muchísima más fuerza, pero las lágrimas seguían cayendo a cántaros por mi cara y mi garganta cerrada me impedía emitir el menor sonido articulado.

Soren me abrazó de inmediato, acunando mi cabeza con firmeza contra su pecho protector y acariciándome el cabello y la espalda con las palmas de sus manos.

Mi llanto había empeorado considerablemente en un segundo, transformándose en unos gemidos ahogados llenos de angustia, desconsuelo y una profunda rabia conmigo misma por no poder contener la emoción. Realmente me resultaba imposible parar.

—Por favor, compañera... dime qué es lo que te pasa. No puedo ayudarte si no lo sé —sus palabras al oído eran tan profundamente dulces, cálidas y sinceras que solo consiguieron hacerme llorar con más fuerza contra su camisa.

Por suerte, reuniendo un chispazo de cordura, pude convocar una suave corriente de aire para intentar explicarle lo que sentía a través del viento; porque entre mi balbuceo torpe especial para él y este llanto de catarata, me era humanamente imposible articular algo.

... Lo siento mucho... Realmente lo siento, Soren...

Hiciste todo este hermoso gesto por mí y yo te recibo llorando de esta manera tan patética...

Es solo que no recuerdo a nadie que se haya tomado tantas molestias por atenderme y cuidarme así desde que murieron mis padres...

Con las chicas estábamos completamente solas en el mundo y, si bien nos cuidábamos entre nosotras como podíamos, siempre todas teníamos que hacer algo a cambio...

Esta es de verdad la primera vez en muchísimo tiempo que alguien me cuida de verdad...

Que alguien me demuestra su amor puro con pequeños detalles cotidianos...

Y yo lo único que logro hacer es arruinarte la ropa limpia con mis lágrimas y mis mocos...

Al tomar plena conciencia de lo que acababa de decir en el viento, comencé a llorar todavía más fuerte contra su pecho.

A la risa suave, baja y reconfortante de Soren le siguieron las palabras más hermosas de toda mi vida; aquellas que rompieron mis últimos miedos y reconstruyeron mi corazón sensible para siempre.

—¿Por qué no iba a cuidarte con mi vida si eres mi compañera predestinada, Amber?

—susurró, pegando su frente a la mía—. Y antes de que pienses algo erróneo por tus traumas del pasado, déjame decirte exactamente cómo son las cosas entre nosotros.

Es verdad que la Diosa de la Luna nos junta con el vínculo.

Pero esa atracción inicial es únicamente física: el aroma, la tensión, las pequeñas descargas eléctricas al tocarnos...

todo eso es solo un aspecto del vínculo que nos impulsa a acercarnos y conocernos como personas.

Y si bien te rechacé cobardemente ni bien te conocí por mis propios demonios y prejuicios, esa misma atracción mágica me hizo imposible apartarme de ti.

Me obligó a ver más allá de las apariencias y a enamorarme de ti poco a poco, día tras día.

Ahora, lo único que puedo ver con claridad es que la Diosa fue demasiado indulgente y generosa conmigo, porque la verdad es que no te merezco.

Pero como soy un hombre profundamente egoísta cuando se trata de ti, me quedo a tu lado sin dudarlo.

Soren secó mis lágrimas con la yema de sus dedos de forma pausada, mientras me acariciaba la mejilla con una devoción absoluta.

—Conociéndote en el día a día pude descubrir a una mujer sumamente cariñosa, amable y sensible.

Terriblemente segura, decidida y valiente.

Increíblemente humilde, generosa e inteligente.

Alegre, sarcástica y poderosa. Tan infinitamente poderosa que, a tu lado, mis propios demonios e inseguridades desaparecen por completo, dejando solo tu luz.

Una luz a la que me hice completamente adicto y que no pienso compartir con nadie en este mundo.

Sé que te hice muchísimo daño al principio, pero también sé que, de no haber sido así, probablemente te estaría vendiendo hoy una imagen caballeresca y perfecta de mí que nada tendría que ver con la realidad.

Toqué fondo de tal forma ante ti que no pude disfrazar mi verdadero ser ni mis verdaderos colores.

Y tu rechazo en respuesta, hizo que quisiera cambiar radicalmente para llegar a merecerte.

Contigo estoy aprendiendo a ser un hombre más honesto con mis sentimientos y a dejar entrar a las personas que verdaderamente quiero en mi vida.

Soren me depositó un tierno beso en la frente y me miró directo a los ojos con una intensidad que me hirvió la sangre de puro amor.

—Prepararte el desayuno y asegurarte mi protección total son nimiedades, Amber.

Mi promesa sagrada para ti hoy es que jamás te dejaré sola, así como tampoco jamás dejaré de luchar por merecerte cada día.

Nunca dejaré de pelear por tu amor. Así que espérate muchas más de estas demostraciones, porque tú te las mereces todas y es un privilegio que me pertenece únicamente a mí darte cada una de ellas.

Me había quedado mirándolo completamente hipnotizada, sin poder parpadear. Este hombre tenía literalmente mi corazón entero en la palma de su mano, y lo trataba con un cuidado y una delicadeza tan infinitos que me hacía estremecer el alma.

En algún punto de su discurso de entrega, me di cuenta de que había dejado de respirar por completo.

Pero en el instante exacto en que pude dar una profunda bocanada de aire fresco, mi loba tomó el control de mi cuerpo, se abalanzó sobre él y le hundió los colmillos con fuerza en la base del cuello, marcándolo oficialmente como nuestro compañero.

Para siempre.