47 Orion
Orion
Me encontraba con Rhys y Soren desparramados en el gran sillón viendo una película de acción en el cine de la casa de la manada.
Ya a estas horas de la noche no quedaba casi nadie despierto por los pasillos; solo nosotros tres, cargando con miles de preocupaciones diferentes que nos llenaban la cabeza sin permitirnos relajarnos de verdad.
—¿Y bien? ¿Cómo fue exactamente tu cita con Amber anoche? —le pregunté a Soren, rompiendo el silencio. Ya era vox populi que había ido a buscarla a su cabaña en la camioneta para llevarla a algún lugar fuera del territorio, una feria humana según me había comentado Rhys tras interceptar a Alex.
—Bien —se limitó a responder.
Como no llegó más información de su parte, me giré en el sillón para mirarlo de frente. Se estaba haciendo descaradamente el distraído mientras comía papitas del paquete y fijaba la vista en la pantalla.
—¿Solo bien?
—Fue bien, no tengo mucho más para contarles.
—Mentiroso... —Rhys también se hacía el distraído con la película, pero claramente tenía las antenas levantadas y alertas a cualquier chisme que flotara en el aire.
Soren tomó una profunda bocanada de aire y soltó de prisa el resumen de su noche:
—Fuimos a la feria al oeste, comimos algo en los puestos, nos subimos a algunas atracciones mecánicas y la llevé de vuelta a su casa.
—¿Atracciones como el bote del amor? —inquirió Rhys, levantando las cejas en un gesto marcadamente sugerente.
—No había ningún lago —comentó Soren, sin siquiera mirarlo.
—¿La casa del terror? —insistió Rhys, buscando con desesperación que le contara si había habido algún progreso físico entre ellos.
—No estamos en Halloween —Soren no caía tan fácil en la trampa.
—¿La rueda de la fortuna? —preguntó Rhys en un tono sutilmente más agudo.
Soren guardó un breve y delator silencio.
—¡Ja! ¡Sabía que algo importante había pasado! —Rhys apagó el televisor con el control remoto de un solo golpe y, sacándole el paquete de papitas de las manos a Soren, se giró hacia él con aire de juez interrogador—. ¿La marcaste finalmente? ¿Ya es tu compañera oficial ante la Diosa?
—No seas ridículo, Rhys. Si la hubiese marcado, no estaría aquí perdiendo el tiempo con nosotros en el cine —le respondí de inmediato.
Aunque, siendo cien por ciento honesto, tampoco entendía del todo qué demonios hacía Soren ahí sentado.
Marcada o no, debería estar cuidando su entorno, no viendo una película con dos Alfas solteros.
—Buen punto, Orion... ¿Pero qué pasó entonces? ¿Por qué no estás con ella ahora mismo?
«Amén, Rhys», acotó mi lobo.
—Le estoy dando espacio —respondió Soren con voz calma.
—¿Podrías ser un poco más específico y compartir tu estrategia? —nuestro amigo chusma estaba perdiendo velozmente la paciencia con las respuestas tan escuetas.
Soren tomó otra respiración profunda que se pareció cada vez más a un suspiro pesado; no sé si de frustración por las preguntas de Rhys o por la compleja situación que atravesaba con Amber.
«Probablemente por ambas cosas».
—Le estoy dando tiempo. Quiero que entienda de verdad que la respeto y que voy a ir estrictamente a su ritmo. Después de cómo la traté ante el Consejo y en general, es lo mínimo que puedo hacer por ella.
—De acuerdo, entiendo la caballerosidad, pero no le des demasiado espacio físico, no vaya a ser cosa que piense que no te importa lo suficiente como para estar presente.
—Hoy no pude verla en todo el día —admitió Soren, pasándose una mano por el rostro—.
Tuve que entrenar a varios grupos de guardias de la frontera y revisar algunos perímetros clave.
Además, hay algunos problemas logísticos con los técnicos extranjeros que encontraron a sus compañeras aquí.
A un par de padres de mi antigua manada no les gustó mucho la idea de que los compañeros de sus hijas fuesen lobos desconocidos del mundo humano, así que están un poco alterados.
Tuve que mediar en las cabañas y, honestamente, las disputas familiares no son mi fuerte.
—¿Por qué no le pediste a Amber que te acompañara a esa mediación? Se supone que este tipo de conflictos comunitarios se resuelven muchísimo más rápido si interviene la Luna.
—Lo pensé durante la mañana, pero no le estaría dando nada de tiempo si de golpe le pido que intervenga para resolver disputas familiares de mi gente. No puedo pretender de forma egoísta que ocupe su lugar de Luna si hasta hace poco yo mismo la rechazaba como tal.
—Pero seguramente lo que sea que haya pasado anoche en la rueda de la fortuna —que por cierto aún no nos cuentas— le hizo entender a la perfección tu nueva postura.
Rhys era literalmente como un sabueso mordiendo un hueso; no lo iba a soltar jamás.
—Solo la besé... y únicamente lo hice porque se ofreció con su viento a salvarme si nos hubiésemos caído al vacío. No se rió de mi miedo a las alturas.
—Por favor dime que fue un beso apasionado de esos que le hacen olvidar su propio nombre a una loba...
Soren esbozó una sutil sonrisa de lado, aunque parecía más una mueca de auto-lástima.
—Mierda, ¿tan patético fuiste?
—No le pedí que me rankeara, Rhys...
—¿Y no repetiste el beso? ¿Cómo vas a saber si le gustó estar contigo si no la besas, no la abrazas o no la ves, ya puestos?
—Te acabo de decir que le estoy dando tiempo, Rhys.
—Deberías estar ahora mismo con ella en su cabaña; así es como deberías emplear el tiempo, no perdiéndolo con nosotros viendo una película de acción que te sabes de memoria. Y menos aún con ese acosador de Milo Reed siempre dando vueltas sospechosamente por su sector.
—¿Reed sigue aquí? —la voz de Soren bajó de golpe como dos octavas de tono; su lobo estaba haciendo su violento acto de presencia en el salón.
—Sí —aseguro Rhys—. Me acaban de informar desde la puerta norte que el maldito salió del sector residencial hace apenas unos minutos, ignorando por completo el horario obligatorio de salida establecido para los externos desde hace más de tres horas.
—Voy a matarlo... —siseó Soren, poniéndose de pie de un salto.
—Deberías estar cuidando a tu compañera, y más sabiendo que ese lobo creepy sigue rondándola cuando cae la noche.
—Eso es exactamente lo que haré.
Y sin agregar una sola palabra más, Soren salió del cine a grandes zancadas como si lo persiguiera el mismísimo diablo.
La cara de absoluta satisfacción de Rhys al verlo marcharse no tenía parangón.
—¿Lo dijiste a propósito para hacer que se fuera corriendo? —le pregunté, arqueando una ceja.
—No del todo, pero ya era hora de que espabile de una buena vez... Cuando te toque a ti encontrar a tu Luna, Orion, trata de no comportarte como estos dos imbéciles.
—¿A cuáles imbéciles te estás refiriendo exactamente, se puede saber? —la voz de Lucian resonó en el umbral; aterrizó de golpe en el espacio que había dejado Soren y le arrebató el paquete de papas fritas a Rhys.
—De Soren y de tu Alfa —respondió Rhys con gracia—. Tengo la teoría de que no saben qué es lo que verdaderamente les conviene en el amor.
—Pues no andas para nada desencaminado... —sentenció Lucian, llevándose varias papas a la boca al mismo tiempo.
—¡Choque esos cinco, Beta!
Volvieron a prender el televisor y reanudaron la película justo donde la habíamos pausado antes de que Soren saliera disparado hacia la noche.
Pero mientras veía sucederse las imágenes de explosiones en la pantalla, no podía dejar de preguntarme en lo más profundo de mi mente si, cuando la Diosa de la Luna me otorgara a mi propia compañera, yo también sería tan ciego como ellos y no reconocería su valía de inmediato.
O aun peor... que ella me considerara un absoluto monstruo.