42 Soren
Soren
Decir que estaba muy nervioso era el eufemismo más grande del año. No paraba de pasearme de un lado a otro por la alfombra de mi habitación, a la espera de que finalmente llegara la hora exacta de pasar a buscar a Amber por su cabaña.
Estaba completamente inseguro sobre todo lo que había planeado para la noche; desde el vehículo que había escogido para transportarnos hasta el lugar final que había seleccionado para la cita.
La realidad era que no sabía demasiado sobre sus gustos personales y quería conocerla mucho más a fondo, pero me aterraba la idea de que se retrajera o se sintiera incómoda si elegía mal el entorno.
Pasé las manos por mi cabello tantas veces seguidas que por un segundo pensé que me iba a quedar calvo antes de salir.
«Cálmate de una buena vez, humano; es nuestra compañera predestinada, nuestra sola presencia a su lado es más que suficiente para que se sienta a salvo», intentó tranquilizarme mi mitad animal.
Yo no tenía la ciega confianza de mi lobo, y menos aún después de todo lo que había pasado entre nosotros dos desde que puso un pié en la manada, conmigo portándome como un completo imbécil.
«Tú concéntrate en intentar no repetir los mismos errores del pasado y verás como todo va a ir sobre ruedas esta noche».
«No pienso repetir absolutamente nada; quiero hacer borrón y cuenta nueva en nuestra historia», le dejé en claro.
«Me parece perfecto que lo tengas claro, porque lo que le hizo su lobo a Bastian te va a parecer una nimiedad comparado con lo que haré yo si la haces sufrir de nuevo».
Vinieron de golpe a mi mente las tajantes palabras de advertencia que me había dado Doc sobre el riesgo de un marcaje forzado por parte de mi lobo.
«No harás absolutamente nada fuera de lugar porque no será necesario, sarnoso».
«Está por verse, humano idiota. Tú solo vuelve a perder a nuestra compañera y te juro que tu forma humana no verá nunca más la luz del sol».
Dejé de discutir acaloradamente con él en mi mente una vez que miré el reloj y vi que por fin había llegado el momento exacto de ir a buscar a mi Luna.
«Nuestra Luna...», corrigió el lobo con orgullo.
Cuando llegué a su cabaña y toqué la puerta de madera, unos instantes después fui recompensado de forma sublime con la visión de una Amber radiante, sonriente y notablemente relajada.
Sin embargo, en cuanto llegamos al vehículo aparcado en el sendero, enseguida me arrepentí de mi elección.
Había escogido una camioneta alta para irnos, pero no calculé que a ella le costaría bastante trabajo subirse debido a su movilidad reducida...
La observé durante varios segundos mientras ella se debatía en silencio sobre cómo trepar al asiento, y, sin previo aviso, la tomé suavemente por la cintura con ambas manos y la senté con delicadeza en el asiento del copiloto.
Sentí de inmediato cómo su cuerpo se puso rígido como una piedra cuando la alcé por el aire, pero aparte de dejar escapar un suave jadeo de pura sorpresa por la maniobra repentina, no puso ninguna objeción.
Aun así, mi torpeza debió de haber sembrado una tensión innecesaria en el ambiente, porque al arrancar el motor la atmósfera dentro de la cabina se podía cortar prácticamente con un cuchillo...
Amber se limitó a mirar fijamente por la ventanilla, dejando escapar un suspiro pausado de vez en cuando.
«Te voy a matar, Soren. ¡La cagaste de entrada otra vez!», rugió mi lobo, dándose cabezazos contra mi pared mental.
—Espero que tengas hambre —le dije, mirándola de reojo mientras conducía hacia el pueblo—. La verdad es que, aparte de saber que te fascinan los dulces, no sé muy bien qué clase de comida te gusta, así que opté por llevarte a un lugar donde hay un poco de todo para elegir.
Tenía que romper el hielo de alguna forma antes de que el silencio nos consumiera. Casi como si el destino estuviese invocando la paz, el estómago de mi compañera comenzó a rugir con un sonido tan fuerte que me fue imposible contener una sonrisa sincera.
—L-lo... s-s-siento... —articuló Amber, mortificada por la vergüenza.
—Tranquila, no pasa nada. Si prestas un poco de atención, notarás que mi estómago está rugiendo exactamente en el mismo tono junto al tuyo. No he probado un solo bocado desde el mediodía, y la carrera que tuve con Bastian y los cachorros fue bastante cansadora. Me urge reponer energías esta noche.
—¿A... d-don-de... v-vam-os? —inquirió, girando el rostro hacia mí.
La densa atmósfera del vehículo se relajó considerablemente a partir de ese momento, y Amber ya volvía a dar muestras de su hermosa y cautivadora sonrisa.
—Ya verás cuando lleguemos, es una sorpresa.
«Sigue exactamente así, humano, que tienes que sumar muchísimos puntos si quieres que te perdone del todo», aprobó el lobo.
Una vez que estacioné la camioneta en el predio iluminado, Amber dejó escapar un jadeo de pura fascinación al darse cuenta de inmediato de dónde estábamos parados.
—¡E-es... u-na... f-feria! ¡V-vinimos...
a... u-na... f-feria! —su sonrisa abarcaba ahora la totalidad de su rostro, y puedo jurar que nunca antes en toda mi vida me había sentido tan infinitamente bien y profundamente satisfecho conmigo mismo al saberme el único responsable directo de su felicidad.
Salí rápidamente del vehículo y di la vuelta por el capó para ayudarla a bajar con extrema gentileza del asiento. Nos encaminamos tomados de la mano hacia el área gastronómica de la feria, ya que mi estómago estaba haciendo auténticos conciertos de hambre en conjunto con el de Amber.
Comenzamos a hacer la fila en uno de los puestos de comida rápida cuando mi compañera, visiblemente entusiasmada con las luces y el movimiento de la gente, comenzó a hablarme forzando su voz.
Yo me sentía sencillamente pletórico; la veía tan entusiasmada y libre que en ese preciso instante no me importaba absolutamente nada más en el mundo.
—S-sabes... c-cuan-do... e-ram-os... ch-chicas... v-vení-am-os... a... v-ari-as... f-fer-ias...
—Si quieres, puedes hablarme usando las corrientes del viento, Amber —la interrumpí con suavidad, apretándole la mano con cariño.
Me miró profundamente sorprendida, abriendo los ojos de par en par.
—¿P-pued-es... o-írme?
—Sí, comencé a escuchar tus susurros en el aire hace ya algún tiempo.
—¿C-cuán-do? —preguntó en un hilo de voz suave. La miré detenidamente, evaluando la sorpresa en su expresión antes de responderle con total honestidad.
—La primera vez que lo logré con total claridad fue el día en que apareció Milo.
Amber me miró fijo a los ojos, con una intensidad tal que sentí como si pudiese ver directo dentro de mi propia alma.
Luego, respiró hondo, relajó los hombros y movió ligeramente la mano en mi dirección, soltando un hilo de aire.
Si bien ya la había escuchado en varias oportunidades anteriores, no dejaba de maravillarme la sensación tan increíble de que el viento me trajera su voz cristalina directamente a la mente:
... Eso es genial. La verdad es que no tenía la menor idea de que podías escucharme tan bien.
Es muchísimo más cómodo para mí, ya que ahora parece que balbuceo torpemente cada vez que intento hablar, en vez de tartamudear.
En cambio, usándolo el viento no tienes que esperar una eternidad a que logre formar una sola palabra...
—A mí no me molesta esperar el tiempo que necesites, Amber, así que usa tu voz si lo prefieres. Me gusta escucharte de todas las formas posibles.
Íbamos avanzando en la fila a paso lento, así que el tiempo de espera le dio el espacio perfecto para continuar con su relato de la infancia:
... Te comentaba que con mis hermanas a veces nos escapábamos para ir a la feria local.
No a esta, claramente. La primera vez que lo intentamos de niñas, los guardias de seguridad del predio le avisaron de inmediato a la policía humana que un grupo de chicas estaba solo y sin supervisión de adultos, así que nos tuvimos que marchar frustradas.
Pero de a poco fuimos afilando la estrategia entre todas, y ya las últimas veces podíamos divertirnos en los juegos sin ningún tipo de problemas...
Me intrigaba saber qué estrategia usaban para poder pasar desapercibidas un grupo de lobitas tan llamativas y particulares como supuse que serían ellas de jóvenes.
—¿Tienes fotos guardadas de esa época? Me encantaría verte cómo eras en aquel entonces.
…Debo de tener alguna guardada en el teléfono celular, pero me lo dejé olvidado en la casita...
Me puso muy feliz comprobar que no rechazara mi petición de ver su pasado.
—¿Y qué clase de plan ingenioso idearon para lograr entrar sin que las detuvieran?
…Nos quedábamos medio escondidas cerca de la boletería hasta que veíamos entrar a un grupo de tres o cuatro parejas sin niños o con niños muy pequeños.
Las parejas de ancianos también nos servían a la perfección.
Ni bien los identificábamos caminando hacia la entrada, nos acercábamos disimuladamente a ellos, haciéndoles parecer al personal de seguridad o a la policía que éramos las hijas o nietas de los adultos que nos precedían.
De esta forma podíamos jugar a todos los juegos o subirnos a las atracciones sin problemas, ya que todos suponían que ellos eran nuestros responsables legales.
Rubi solía mirarlos y saludarlos efusivamente con la mano desde lejos, jajajaja.
Eso los desorientaba por completo, y como éramos unas niñas tiernas y nos correspondían el saludo con una sonrisa, la gente se convencía aún mas de que estábamos todos juntos...
—¿Y cuál era tu rol específico en todo ese complot? —inquirí, sonriendo abiertamente e imaginándome a una Amber mucho más joven, traviesa y llena de vida.
…Gracias al control del viento, yo los ubicaba a la distancia en la feria por su rastro de olor y escuchaba atentamente sus conversaciones; sobre todo para saber en qué momento exacto planeaban irse, ya que habría sido extremadamente sospechoso que nos quedáramos solas en el predio si nuestros supuestos “tutores” ya se habían marchado...
Pedimos varias cosas deliciosas para comer en el puesto y continuamos nuestra fluida charla en una mesa de madera ubicada cerca de la zona gastronómica, disfrutando de la comida entre risas.
Luego, una vez satisfechos, nos encaminamos juntos hacia el sector de los juegos de feria, donde veíamos a algunos niños intentar ganar algún peluche o premio.