43 Amber
Amber
Comenzamos a caminar entre medio de la masa de gente a paso lento y pausado.
Si bien me sentía infinitamente mejor que semanas atrás, no estaba del todo recuperada de mis dolencias físicas, así que todavía seguía arrastrando un poco la pierna derecha y en ocasiones cojeaba de forma evidente.
Estaba un poco mortificada por mi torpeza, porque sentía que mi andar retrasaba el carril fluido de gente que se había formado en el sendero de la feria.
A Soren, sin embargo, no parecía importarle en lo absoluto; él mantenía firme su mano en la parte baja de mi espalda para sostenerme con delicadeza y, a su vez, me ayudaba a abrirnos paso con autoridad entre la multitud.
En un par de ocasiones, algunas personas distraídas nos pasaron por al lado haciendo comentarios sarcásticos y despectivos sobre mi velocidad de tortuga, o sugiriendo en voz alta que mejor debería usar una silla de ruedas para no molestar.
Para mi propia sorpresa, no me sentí mal ni acomplejada por sus palabras.
Soren los miró de reojo con unas ganas feroces de arrancarles la garganta allí mismo, pero milagrosamente se limitó únicamente a eso.
No intentó matar realmente a nadie por faltarme el respeto y concentró toda su atención en mí.
Eso me hacía sentir profundamente segura, contenida y cuidada; algo que sencillamente no me sucedía desde...
bueno, desde nunca. Bueno, nunca no: desde el día en que murieron mis padres.
A lo largo de la noche nos subimos a varias atracciones, como los autitos chocadores o pequeñas montañas rusas familiares, las cuales me develaron un enorme y divertido descubrimiento: Soren le tiene un terror absoluto a las alturas y no es para nada fanático de la alta velocidad.
Realmente no puedo creer que a un lobo como él le haya tocado tener como compañera predestinada a un elemental de viento como yo, siendo que adoro con el alma sentir la brisa fuerte que me despeina y que me refresca los pensamientos, por no hablar del placer que me produce contemplar todo el mundo desde lo alto.
Aun así, él insistió en subirse conmigo a absolutamente todos los juegos que yo le proponía y hasta nos pusimos con entusiasmo en la fila para la vuelta al mundo.
De reojo, vi cómo miraba a la imponente rueda gigante con una mezcla de profundo respeto y aprensión, sobre todo cada vez que la estructura se detenía por completo para que subieran o bajaran pasajeros de las góndolas.
Se le agrandaban los ojos de pánico cada vez que veía la cabina más alta balancearse por pura inercia en la cima una vez detenida la rueda.
... ¿Estás completamente seguro de querer subir ahí arriba, Soren? No me importa si prefieres no subir…, le envié una brisa suave con mi voz.
—No hay ningún problema, Amber... solo espero que esta estructura aguante el peso... —respondió, y no pude evitar soltar una risita contenida ante su tono no tan resuelto. Más bien sonaba al borde del pánico.
Finalmente nos acomodamos en una cabina únicamente para nosotros dos.
En cuanto la gigantesca rueda se puso en movimiento con un crujido metálico, Soren se sentó medio aterrorizado en el banco, sosteniéndose con fuerza extrema de los barrales laterales debajo de las ventanas.
Tenía los nudillos de las manos imposiblemente más blancos cada vez que la cabina oscilaba levemente en cada parada.
«¡Trata de tranquilizarlo un poco, Amber! ¡Está muchísimo más que asustado!», intervino mi loba en mi mente, dando vueltas.
«¿Y qué se supone que tengo que decirle? Todavía no logro entender por qué demonios quiso subir si la altura le da tanto miedo...»
«¡Es más que evidente que lo hace única y exclusivamente por ti, tonta! ¡Ya sabes de sobra que cuando se lo propone se comporta como el caballero perfecto!».
Lo miré fijamente con una sonrisa cálida, evaluando el acertado análisis de mi loba. Realmente hacía todo esto por pura caballerosidad y afecto hacia mí.
... Es sencillamente adorable..., soplé en el viento.
Soren levantó la cabeza velozmente, mirándome de frente como si de pronto me hubiese crecido otra cabeza sobre los hombros.
—¿Te parece “adorable” la perspectiva de caer al vacío y morir emulando una compota humana? —protestó con seriedad.
Esta vez no pude evitar dejar escapar una carcajada limpia y sonora, la cual, para mi sorpresa, se parecía cada vez más a mi risa normal y no al sonido ahogado de un chancho al matadero.
… No, tonto; me refería a tu miedo completamente infundado...
—¿Infundado? ¿Tengo que recordarte a qué altura del suelo nos encontramos en este preciso instante?
... ¿Acaso te olvidaste ya con quién estás sentado en esta cabina, Alfa? ¿Realmente crees que te dejaría caer si algo malo le sucediera a la rueda? Controlo las corrientes del viento, Soren; puedo llevarnos flotando sanos y salvos hasta tu camioneta sin ningún tipo de complicación...
—Aprecio enormemente la oferta, pero la verdad es que prefiero mil veces regresar a tierra firme por mis propios pies —admitió, aflojando un poco el agarre de los tubos.
... ¿Y cuando bajemos finalmente a la feria correrás directo al pasto y lo besaras arrodillado de la emoción?...
—Muy chistosa, Amber... pero sí, de no haber tanta gente observándonos abajo, te juro que lo haría sin vergüenza alguna...
Realmente no podía dejar de reír con él.
Me encantaba la maravillosa sensación de poder ser yo misma sin máscaras y pincharlo con bromas.
Lo verdaderamente genial de Soren es que no se avergonzaba para nada de mis comentarios provocadores, como tampoco le importaba mostrar esa imagen de caballero temeroso que tenía en ese instante frente a mí.
Lo cual me hacía preguntarme internamente de qué demonios se avergonzaba tanto en el pasado delante de los estirados ancianos del Consejo.
Cuando la rueda nos llevó a lo más alto del recorrido y se detuvo, me puse de pie rapidamente y me paré justo enfrente de la ventana de la cabina que daba hacia el predio de la feria.
Era sencillamente increíble la vista nocturna de todo el lugar iluminado y de los campos circundantes con la luna menguante brillando de fondo en el cielo.
Sentí que Soren también se enderezaba en su sitio y se paraba detrás de mí, rodeándome la cintura con los brazos para abrazarme por la espalda con cierta rigidez.
—Preferiría sinceramente que te sentaras, Amber. Si bien aprecio la belleza de la vista, me sentiría muchísimo más seguro si te sientas a mi lado en el banco —susurró cerca de mi oído.
Por un momento nos quedamos así, profundamente abrazados los dos, contemplando juntos el horizonte nocturno.
No pude evitar estremecerme de placer cuando sentí cómo él hundía levemente el rostro en mi cuello para oler el aroma de mi cabello.
Giré mi cara hacia atrás con la intención de hacerle una pregunta, pero Soren capturó mis labios en un beso a la vez tierno, suave y profundamente apasionado.
De alguna forma, su toque me transmitía un cariño puro y una admiración tan absoluta, devolviéndome una sensación de seguridad en mí misma que no experimentaba desde hacía años.
Cuando se separó apenas unos milímetros de mi boca, me acarició el rostro con la palma de la mano y me acompañó suavemente de regreso al asiento de la cabina.
No me resistí. Me recosté cómodamente contra su costado, sintiendo a Soren abrazarme con firmeza mientras ambos mirábamos el paisaje iluminado a medida que la rueda completaba su recorrido descendente.
Por primera vez en muchísimos años de dolor y aislamiento, me permití sentir una chispa real de esperanza. La esperanza firme de que esta vez, finalmente, las cosas irían bien para mi.