Susurros en el Aire (Lobos Místicos 2) 40 Soren
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40 Soren

Soren

Estábamos todos reunidos en la oficina de Bastian.

Todos menos Amber y Coralie: la primera descansando profundamente después de una agotadora tarde de rondas médicas comunitarias y de tomar café con Milo Reed, y la segunda en el hospital de la manada terminando el papeleo administrativo de las consultas.

Cada uno de nosotros, en cambio, estaba haciéndole a los demás el resumen oficial de la situación de la manada en los últimos días.

—Las garitas blindadas ya están completamente instaladas en el perímetro —expuso Rhys, extendiendo los nuevos esquemas sobre el escritorio—.

En este preciso instante, los técnicos están armando en la habitación de monitoreo de esta misma casa todas las conexiones con las cámaras térmicas nuevas.

Una vez que el sistema esté en línea, la oficina central podrá controlar toda la manada en tiempo real y las garitas las cámaras de cada sector específico.

Luego procederán con la formación del personal designado al monitoreo acerca de como utilizar el software y los equipos.

Rhys seguía supervisando toda la obra con una minuciosidad espeluznante.

Entre otras cosas, porque no dejaba respirar a Milo ni un solo segundo.

Hasta lo acompañaba personalmente hasta la misma puerta de la cabaña de Amber cuando terminaba su turno.

Una vez que Milo cruzaba el umbral, Rhys hacía el cambio de guardia con alguien más para mantener la vigilancia constante desde las sombras.

Para esa tarea en particular se habían ofrecido Lía y su compañero Micah, ya que con la desaparición completa de su casa por el tornado, se habían mudado provisionalmente a una casita ubicada muy cerca de la de Amber.

Micah era un guerrero de patrulla, así que tenía excusas más que plausibles para estar rondando con frecuencia por la zona.

Y Lía, por su parte, había cambiado sus horarios en la cocina del hospital para cubrirnos en la rotación de vigilancia sin levantar sospechas.

—Las garitas son espaciosas, diseñadas como para albergar un pequeño baño químico, una sala bastante amplia para el monitoreo táctico y, en caso de una emergencia de ataque, pueden albergar hasta a quince machos adultos en su interior —intervino Tyler, completando la reseña técnica de su Alfa—.

Las paredes de acero reforzado y las ventanas de policarbonato blindado son a prueba de balas de alto calibre, lo que significa que deberían aguantar sin ningún problema los zarpazos y embestidas de los rebeldes de Jett.

Además, las puertas de acceso se sellan completamente de forma neumática.

Se pueden desbloquear introduciendo un código digital tanto desde adentro como desde afuera, ya que poseen un teclado blindado en cada lado.

Los códigos de seguridad se cambiarán de forma obligatoria todas las semanas, y solo los operadores asignados a las garitas y nosotros, los conoceremos.

Como son estructuras tan herméticas para contener el frío o el gas, poseen un sistema de ventilación avanzado que además climatiza el ambiente, bajando o aumentando la temperatura según la necesidad del turno.

—Necesitamos que esos ingenieros nos expliquen detalladamente cómo repararlas o resetear los paneles centrales en caso de que ocurra algún desperfecto técnico durante un ataque.

No queremos accidentes ni bloqueos involuntarios con guardias atrapados adentro —observó Lucian con criterio desde la cabecera de la mesa.

—Tienes toda la razón, Lucian —coincidí, apoyando los antebrazos sobre el mapa extendido—.

Mañana mismo le exigiré a Reed que entregue los manuales de anulación manual de las garitas y que capacite a nuestros Betas antes de dar por finalizada la fase de instalación.

No vamos a dejar la llave de nuestras propias defensas en manos de un externo.

—Tal vez deberíamos comenzar a pensar en tener nosotros mismos a nuestros propios técnicos especializados dentro de la manada —intervino Orion, apoyando los codos sobre la mesa—.

Por suerte, algunos de los técnicos extranjeros de la empresa encontraron a sus compañeras predestinadas aquí y planean quedarse a vivir en esta manada, pero creo que sería infinitamente mejor si tuviésemos nuestro propio equipo de inteligencia, para no volver a caer en la necesidad de contratar una firma externa y que anden a sus anchas por nuestro territorio.

Al igual que todos nosotros, Orion estaba en alerta máxima con todo este movimiento de gente extraña.

—Es una excelente idea —concordó Bastian, asintiendo con la cabeza—.

Rhys, ¿puedes armar una cuadrilla de evaluación y ver qué roles técnicos pueden cubrir los lobos que se nos van a unir formalmente?

De este modo sabremos con precisión qué puestos faltan por cubrir en la red.

Podríamos publicar las búsquedas como hicimos en su momento con el puesto de sanadora de Coralie.

—¿Y se presentará otra elemental para el puesto? —preguntó Alex con una sonrisa de pura picardía, y todos en la oficina nos echamos a reír, aliviando por un segundo la densidad del ambiente.

Una vez terminada la junta de Alfas, me dirigí a paso rápido hacia la cocina para tomar algo fresco y comer algo sustancioso. Los nervios constantes y toda esta preparación estratégica ante un posible e inminente ataque de los rebeldes me tenían verdaderamente famélico.

—Hola, Alfa... —una voz demasiado conocida se abrió paso en el pasillo, quitándome el hambre y la sed de un solo golpe.

—Erika —saludé secamente con un rígido asentimiento de cabeza.

Proponiéndome salir corriendo de allí de inmediato para evitar cualquier tipo de interacción, aceleré el paso hacia la puerta.

Lamentablemente, Erika se esperaba ese movimiento evasivo porque se cruzó rápido en mi camino, haciendo que casi la atropelle en mitad del corredor.

No me quedó más remedio que tomarla firmemente del antebrazo para estabilizarla y evitar que cayera al suelo, a lo que ella respondió aferrándose de inmediato a mi brazo, acariciándome la tela de la camisa con una confianza repugnante.

«Dile ya mismo que saque sus sucias manos de encima nuestro», mi lobo se despertó con un instinto puramente asesino en mi cabeza. «Le arrancaré el brazo a mordiscos si no nos suelta ahora mismo, Soren».

Un profundo y sordo gruñido de advertencia escapó de entre mis labios, haciendo vibrar mi pecho.

—Te sugiero que me sueltes en este preciso instante, Erika. A mi lobo y a mí no nos gusta en absoluto que nos toquen, y menos aún alguien que no es nuestra compañera predestinada.

Se apartó de mala gana, dando un paso atrás con un gesto de fastidio. Mientras yo retomaba mi marcha para dejarla atrás, me congelé por completo en el lugar al escuchar las palabras que salieron de su boca:

—¿Sigues penando por la lisiada, Soren? Recházala de una vez y busca una compañera elegida que verdaderamente esté a la altura de tu estatus de Alfa... —dijo, usando lo que supuse que ella creía que era un tono seductor y persuasivo. A mí, en cambio, me provocaba nauseas y asco.

Otro gruñido, esta vez mucho más cavernoso y salvaje, escapó de mi pecho.

Antes de que mi parte humana pudiera procesar una respuesta racional para frenarla, mi lobo tomó el control total de mis músculos y la embistió de un salto, tomándola con fuerza brutal por el cuello y levantándola varios centímetros del piso contra la pared de madera más cercana.

—Vuelve a hablar de nuestra compañera en esos términos y te juro que acabaré con tu vida instantáneamente —la voz de mi lobo salió duplicada, cavernosa y cargada de un odio puro—. Y puedo asegurarte que no será para nada rápido ni agradable.

Erika estaba sumergida en un pánico absoluto; sus ojos parecían salirse de sus cuencas mientras arañaba desesperadamente mi brazo de piedra para que la soltara, completamente incapaz de articular una sola palabra por la falta de aire.

De alguna forma, reuniendo hasta la última gota de mi fuerza de voluntad, logré aplacar al lobo y la solté. La miré con un profundo disgusto mientras ella caía al suelo de rodillas, masajeándose la garganta e intentando acompasar su respiración entre toses violentas.

—Tienes un compañero recién encontrado en la ciudad —le espeté con voz gélida—. Vuelve con él de una vez y deja de arrastrarte por los pasillos buscando poder. Y si le vuelves a faltar el respeto a mi Luna, dejaré que mi lobo cumpla su amenaza sin dudarlo.

—¡Es que él no me quiere!... — comenzó a llorar de forma desgarradora, hablando en un hilo de voz bajo, casi consigo misma—.

Mi compañero... no me quiere a mí... Quiere a otra loba...

Y no quiere que nos rechacemos formalmente porque dice que se volvería débil ante sus enemigos, y no quiere que la otra loba lo desprecie por eso, por verse débil...

Me miró con los ojos anegados en lágrimas y una súplica patética en el rostro:

—Pensé... pensé que si él sabía que otros Alfas respetados me querían o se interesaban en mí, tal vez él cambiaría de idea y me valoraría...

—No me involucres a mí ni a mi compañera en tus juegos retorcidos y enfermos —le corté en seco, sin mostrar la menor piedad—. Ve y habla con tu compañero honestamente. Si es que aún sabes lo que significa esa palabra.

Y me fui del pasillo, dejándola allí tirada en el suelo. No podía sentir ni una gota de lástima por alguien que pretendía sentirse poderosa aplastando, humillando y utilizando a los demás para sus propios fines egoístas. Mucho menos cuando sus insultos iban dirigidos hacia Amber.