Susurros en el Aire (Lobos Místicos 2) 38 Soren
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38 Soren

Soren

Luego del llanto desgarrador y profundamente liberador, Amber se quedó dormida y agotada en mis brazos.

Con el mayor de los cuidados, la cargué en volandas por los pasillos y la llevé directo a mi habitación en la casa de la manada.

La recosté sobre las sábanas y me quedé sentado al linde del colchón, simplemente observándola respirar en paz, velando su sueño.

Estuve allí sumergido en el silencio hasta que escuché que alguien llamó a la puerta de forma sumamente suave.

Cuando fui a abrir, me encontré de frente con una Coralie muy triste. Esperaba que, fiel a su estilo combativo, me echara una bronca monumental por haber traído a Amber a mi cuarto, pero, para mi absoluta sorpresa, me habló con una delicadeza inédita:

—Bastian y los demás te están esperando en su despacho en cuanto estés listo —me informó, bajando la voz—. Quieren hablar acerca de cómo quieres manejar todo esto.

—¿Esto? —inquirí, arqueando una ceja.

—Si tu plan es ir y arrancarle la cabeza al insoportable ese de Milo Reed, me sumo sin dudarlo —sentenció Cory, sus ojos brillando con destellos de hielo—.

Pero si tu idea es algo puramente estratégico y aburrido del tipo “dejemos que el enemigo haga su primer movimiento para ver qué busca”, entonces prefiero hacerme a un lado.

Me quedaré con Amber para que ella contenga mi instinto asesino.

Ok. Eso no me lo esperaba.

—Si no te molesta, me quedo vigilándola hasta que se despierte —añadió, acomodándose el cabello.

Asentí y le cedí el paso, pero me quedé unos minutos mirándola completamente atónito en el pasillo... ¿Coralie Winters pidiéndome un favor con amabilidad y sumándose de forma voluntaria a la campaña de “asesinemos al hipócrita”?

«¡Vamos Soren! ¡Esto es algo digno de una celebración con carne premium! ¡Por fin encontramos a un lobo que es considerablemente peor que tú!», vitoreó mi lobo, saltando de alegría en mi mente.

«No termino de entender si me estás haciendo un cumplido retorcido o si me estás insultando...».

«Claramente es un cumplido», sentí que levantaba los ojos al cielo con sarcasmo.

Mientras soportaba los extraños elogios de mi lobo, regresé un segundo al cuarto para dejarle a Amber una pequeña nota manuscrita sobre la mesita de luz.

Sabía perfectamente que era un detalle un tanto estúpido e innecesario encontrándose su propia hermana allí adentro para cuidarla, pero necesitaba que, al abrir los ojos, supiera que no me había desentendido de ella; quería dejarle en claro que estaría firme a su lado, pasara lo que pasara.

Me fui caminando a paso lento por el corredor, reflexionando de forma meticulosa sobre todo lo que había sucedido en el despacho.

Mientras Amber mantenía esa turbia charla del pasado con su supuesto amigo de la infancia, Orion se había encargado de relatarme palabra por palabra lo que decían a través del enlace.

No se me habían escapado las sutiles dudas y los titubeos en las preguntas de Amber; estaba más que claro que a ella misma algo de la historia oficial de Reed no le cuadraba respecto a sus propios recuerdos de la masacre.

Al entrar nuevamente a la oficina de Bastian, vi que la audiencia se había ampliado notablemente; ahora se habían sumado los Betas junto con sus respectivas compañeras.

No pude evitar esbozar una sutil sonrisa de lado al ver a Layla prácticamente aprisionada y contenida por los brazos de Alex.

Los miembros de la comunidad que no la conocían a fondo, podían llegar a pensar que era una loba sumisa o frágil por el simple hecho de ser siempre amable, dulce y dedicarse a darles clases a los niños de primaria. Nada más alejado de la realidad.

Era justamente en estas situaciones de crisis cuando Layla demostraba que era una fuerza letal a tener muy en cuenta.

Estaba dispuesta a destripar para proteger a quienes amaba, y cuando decía matar, lo decía en el sentido más literal de la palabra.

No se hacía problemas morales con la violencia y estaba sumamente entrenada en combate, resultando verdaderamente aterradora si se la provocaba.

El idiota de Milo Reed no habría supuesto el menor desafío para ella; el místico no poseía un aura de guerrero fuerte, así que estaba seguro de que Layla lo habría acabado de inmediato.

El único consuelo real en mitad de toda esta situación era saber que no estaba únicamente en mi contra.

Amy fue la primera en hablar con un tono preocupado:

—¿Amber se encuentra bien, Soren?

—Sí, sigue descansando en mi habitación —respondí, tomando asiento—. Coralie se quedó a su lado para cuidarla.

Orion tomó la palabra de inmediato, mirándome con fijeza:

—¿Cómo quieres proceder? —me interrogó con seriedad—.

Podemos rescindir el contrato de la empresa de vigilancia y echar a patadas a ese infeliz de Reed fuera de nuestros límites hoy mismo.

Aunque eso conllevaría tener que volver a buscar opciones y presupuestar otra firma desde cero, la seguridad de Amber y tu propia tranquilidad son muchísimo más importantes.

Me quedé pensativo, sopesando los pros y los contras de la situación en la que nos encontrábamos. Layla, fiel a su temperamento de guerrera protectora, no me defraudó con su acotación:

—O también podemos ir en este mismo instante a destriparlo y sacarnos de encima su no deseada presencia. Se nota a leguas que no es exactamente brillante, así que es fácilmente reemplazable por cualquier otro técnico de su cuadrilla que bien puede continuar con el trabajo.

—Tranquila compañera —Alex la abrazó con un poco más de fuerza contra su pecho mientras hablaba entre risitas contenidas, buscando aplacar su aura asesina—. Puede que Amber no se tome a bien que asesines a sangre fría a su único conocido de la infancia.

Layla dejó escapar un sonoro resoplido de fastidio, negando con la cabeza; como si toda esta deliberación fuera una pérdida de tiempo innecesaria y nosotros fuésemos un puñado de Alfas demasiado estúpidos para darnos cuenta de lo rápido y fácil que se resolvería la crisis de seguir su plan.

—Vas a esperar, ¿verdad? —la voz de Alex me trajo de vuelta a la mesa. Me conocía a la perfección desde nuestra época en Luna Creciente y sabía cómo iba a proceder aun antes de que yo mismo lo decidiera.

—Hay demasiadas variables que desconocemos en este momento, así que sí; lo más sensato y prudente para la seguridad de las Cuatro Lunas es esperar —sentencié—.

Si lo echamos a patadas hoy mismo, es altamente probable que el infeliz busque la forma de seguir escabulléndose de incógnito por las fronteras para ver a Amber a escondidas.

Tiene esa estúpida idea del apareamiento metida en la cabeza, al igual que esa fantasía de llevársela con él a su manada de origen con Jett.

Y también está el peligro latente de que, si los despedimos del contrato de obra ahora, esa empresa podría utilizar de forma maliciosa toda la información que ya recopilaron sobre nuestros puntos vulnerables en nuestra propia contra.

Hice una breve pausa, barriendo el rostro de los presentes.

—Honestamente, no descarto en lo absoluto la posibilidad de que Milo Reed sea en realidad uno de los generales de Jett operando encubierto.

Eso vuelve toda la información de infraestructura que posee sobre nosotros algo sumamente peligroso.

Ni hablar de que contratar una nueva firma desde cero nos dejaría expuestos y desprotegidos durante meses, y nadie nos garantiza que el trabajo se haga con mayor rapidez.

Rhys soltó una sonora y franca risotada desde su asiento, rompiendo la solemnidad.

—¿Y de verdad tuviste la capacidad de calcular y planificar todo esto en el trayecto que hay desde tu habitación hasta este despacho? —me pinchó con diversión.

Lo miré frunciendo notablemente el ceño ante su habitual burla, pero no me detuve y continué:

—Debemos establecer un protocolo de vigilancia estricta sobre él las veinticuatro horas del día.

No hay que dejarlo ni un solo minuto a solas mientras se encuentre realizando su trabajo, y hay que vigilarlo desde las sombras cuando finalice su turno.

Debemos enfocar la atención, sobre todo, en la colocación de las cámaras y de las garitas blindadas.

No confío en ese lobo y no puedo sacarme de la cabeza la fuerte sospecha de que está utilizando este contrato como un caballo de Troya para crear fisuras internas o, peor aún, debilitar las defensas de la manada.

Giré el cuerpo hacia el sector de los sillones donde se encontraban las chicas.

—Les encargo la vigilancia de Amber. Sé perfectamente que no soy precisamente su persona favorita en este momento, así que les pido que controlen minuciosamente cada uno de los movimientos y acercamientos de Reed a su alrededor.

Sé que Coralie lo hará, pero no puedo pretender que esté pegada a ella de forma constante las veinticuatro horas.

—Cuenta con nosotras, Soren —respondió Carla de inmediato, enderezándose con una expresión sumamente solemne y protectora—. No la dejaremos sola.

—Muchísimas gracias. De verdad.

Y lo expresaba desde lo más profundo de mi alma.

Si bien aún me encontraba en el proceso de conocer a mi compañera predestinada, saltaba a la vista y a leguas de distancia, que Amber poseía un corazón sumamente noble, inocente y amable; no quería bajo ningún concepto que la nostalgia de la infancia compartida con ese lobo ladino terminara por colocarle un velo rosa delante de los ojos que le desdibujara la verdadera y peligrosa realidad de la situación actual.

—Bueno —Rhys dio un fuerte aplauso al aire para cortar de golpe la densa tensión que flotaba en el ambiente de la oficina—, ahora que ya tenemos un plan de acción bien estructurado, procedamos a organizar las rotaciones y los turnos de espionaje.

No vamos a permitir de ninguna manera que nuestra manada quede a la merced de ese escarbadientes con complejo de Alfa.