Susurros en el Aire (Lobos Místicos 2) 36 Amber
57%

36 Amber

Amber

Necesitaba hablar con Milo de forma urgente.

Estaba sumamente ansiosa y se notaba por los marcados golpeteos frenéticos de mi mano derecha contra mi pierna.

Si bien la cercanía de Soren ayudaba a que mi sistema nervioso no colapsara, la situación tan tensa y violenta que se estaba desarrollando en mitad de la calle me estaba pasando una factura muy alta.

Milo no había cambiado un solo ápice en todos estos años.

Seguía siendo el mismo chico insensible, arrogante y determinado; dispuesto a absolutamente cualquier cosa con tal de salirse con la suya.

Claramente a Coralie no le había gustado ni un poco su actitud, y ni hablar del resto de los presentes.

Me sorprendió enormemente que Layla fuera tan agresiva y territorial con él, pero tenía que reconocer que Milo había dicho varias frases de lo más desafortunadas.

«¿Desafortunadas? ¿Solo algunas?», bufó mi loba, completamente indignada.

«Aparte de la frase en donde te preguntó si tú eras realmente tú, todo lo demás que salió de su boca fue aberrante, Amby.

Y si tengo que serte cien por ciento sincera, no creo que haya sido sin querer.

Todo lo que dice está fríamente calculado; es malintencionado y destinado a someterte por tu condición o a hacer enojar a Soren.

Y si ese es su verdadero objetivo, te aseguro que lo está logrando con creces.

Y tú no estás ayudando en nada, por cierto.

¿Qué es eso de prohibirle a nuestro compañero que lo mate? ».

«Lo necesito vivo para saber qué fue lo que pasó exactamente esa noche. Los muertos no hablan».

«Soren no está para nada contento, Amby. Ni Layla ni Cory. Rhys tampoco, considerando que se va a partir un diente en cualquier momento de lo fuerte que está apretando la mandíbula. ¿Cómo se te ocurre pedirles que no lastimen al tipo que acaba de humillarte y de exigir tu rechazo?».

«Como te lo acabo de decir, lo necesito respirando para poder hablar con él a solas y sacarle respuestas. No soy estúpida, se perfectamente quien es Milo».

Mamá me lo advirtió.

«No te van a dejar a solas con él en una habitación, olvídalo».

«Soy perfectamente capaz de defenderme sola si intenta algo. Y si bien él también es un lobo místico, nunca fue demasiado fuerte en los entrenamientos y, además, cuento con la ayuda del viento».

«No tienes idea de si en estos años de ausencia él mejoró sus habilidades de lucha o incrementó su fuerza. No puedes confiarte así de fácil, Amby. Pídele a los demás que estén presentes en la charla».

«Ninguno de los presentes podría contener su agresividad si Milo abre la boca; necesito gente menos reactiva a su alrededor».

«Soren es un caballero refinado».

«Sí, pero es parte interesada en este conflicto; además, Milo lo ofendió personalmente en varias oportunidades seguidas... Seguramente batió algún récord».

No quise seguir perdiendo el tiempo discutiendo con ella, así que concentré una corriente de aire y la envié directo hacia el grupo:

... Necesito hablar con él. Por favor. Vayamos ahora mismo a la casa de la manada. Cory, ¿crees que Bastian nos prestaría su oficina por un momento?...

Al ver que no reaccionaban de inmediato, mandé otra ráfaga de viento insistiendo con más fuerza. Realmente quería esas respuestas sobre mi pasado. Soren estaba cada vez más rígido a mi lado, conteniendo los espasmos de su lobo. Rhys intervino finalmente, rompiendo la parálisis general:

—Vamos a la casa de la manada. Allí adentro hablaremos con muchísimo más espacio y calma.

Suspiré aliviada. Había logrado que alguien me escuchara.

Soren me cargó en volandas en un movimiento rápido y se fue caminando a grandes pasos directos hacia el edificio principal, sin esperar a nadie.

Rhys, Cory y Layla, transformada todavía en su enorme loba, escoltaban de cerca a Milo, quien caminaba con una tranquilidad pasmosa, como si estuviera dando un bello paseo dominical por un prado florido.

Al llegar a la oficina de Bastian, este ya nos estaba esperando con la puerta doble abierta de par en par.

Seguramente Cory lo habría puesto en autos de absolutamente todo lo que había pasado a través del enlace que compartían.

Soren me bajó al suelo del despacho, pero solo para volver a abrazarme con fuerza contra su pecho, en una clara señal de la profunda angustia, posesividad y preocupación que sufría su lobo. ¿O era él?

Cuando todos estuvieron presentes, Alfas, Betas, Cory, Milo y yo, Bastian cerró la puerta y tomó la palabra con su voz grave.

—Amber, supe por el enlace que quieres hablar a solas con Milo, ¿es eso verdad?

Incapaz de articular las palabras debido a la tensión del ambiente, me limité a mover la barbilla y asentir firmemente.

—No te vas a quedar a solas con este tipo ni un solo minuto, Amby —intervino Cory de inmediato, cruzándose de brazos, visiblemente fastidiada.

Layla asentía vigorosamente a su lado; ella ya había regresado a su forma humana y traía puesta una muda de ropa limpia, ya que su repentina y violenta transformación había hecho trizas sus prendas anteriores.

Aproveché el flujo de aire que entraba por la ventana y les envié una ráfaga generalizada a todos, sin filtros:

... Quiero hablar con él, Coralie. Y no te necesito ni a ti, ni a Layla, ni a nadie más protegiéndome las espaldas. Soy perfectamente capaz de defenderme sola ante lo que sea. Así que deja de intentar decirme qué puedo y qué no puedo hacer. No estoy indefensa ni soy débil...

No me importaba en lo más mínimo si todos podían escuchar la crudeza de mi respuesta; necesitaba dejarles en claro de una buena vez que no era una niña indefensa que necesitaba de sus padres.

Lo había hecho en el pasado y no tuve la protección de nadie cuando verdaderamente la necesité.

Definitivamente no voy a aceptar que me encierren en una burbuja de cristal ahora.

«Está sumamente preocupada por ti, Amby... todos lo están», murmuró mi loba, intentando suavizar mi tono.

Volví a concentrar el viento, dirigiendo mis palabras hacia mi hermana, pero que sabía que escucharían todos:

... Agradezco profundamente tu preocupación, Cory, y la de todos también, pero este es un asunto del pasado que me concierne única y exclusivamente a mí sola.

Nadie aquí puede prohibirme hablar con Milo Reed.

Pero si te deja más tranquila y relaja el ambiente, acepto que alguno se quede adentro como testigo...

Pero no serás ni tú, ni Layla, ni mucho menos Soren...

Un gruñido profundo, sordo y unísono vibró en las paredes de la oficina, proviniendo de los tres nombrados al mismo tiempo. Un momento...

«¿Soren... Soren puede escuchar tus palabras en el viento?», me preguntó mi loba, el corazón dándome un vuelco de sorpresa.

Tímidamente, moví la cabeza hacia arriba para observar su rostro de perfil, buscando alguna señal.

Soren seguía impasible, con la mandíbula apretada y la mirada fija como una flecha en la fisonomía de Milo, pero estaba tenso como una tabla de madera y los destellos feroces de sus ojos hablaban a las claras de cómo le gustaría ofrecer un espectáculo sangriento teniendo como protagonista a mi amigo de la infancia.

«No lo creo. Me parece que simplemente reaccionó por reflejo a los gruñidos territoriales de Cory y Layla al verse excluidas de la habitación».

Bastian carraspeó, evaluando la situación con su habitual pragmatismo:

—Bien. Nos quedaremos en la oficina Orion, Rhys, Alex y yo.

Todos los demás, espérennos afuera en el pasillo.

Tyler, tú y Brian regresen al sector este y retomen de inmediato la colocación de las cámaras con los jefes de las cuadrillas; no quiero retrasos.

Chicas, quédense en el vestíbulo con Cory y Layla.

Dicho esto, Bastian levantó el rostro y clavó sus ojos directamente en Soren.

Sé que algo debieron de haberse dicho en ese instante a través del enlace, porque Soren, de repente y con una rigidez visible, me soltó de su agarre.

Caminó hacia la salida, abrió la pesada puerta de madera con tanta fuerza y violencia que por poco la saca por completo de sus bisagras, y se fue a grandes y ruidosas zancadas, dejándome atrás.