33 Amber
Amber
Mientras Soren me hacía amablemente de transporte en sus brazos, aproveché para concentrar un hilo de aire y enviarle un mensaje directo a Cory. Quería asegurarme de que nos encontráramos en la casa de la manada en cuanto ellos también terminaran con su respectivo sector de patrulla.
La verdad era que me sentía sumamente nerviosa por lo que sea que se avecinaba y la intensa charla que acababa de tener con Soren no me había ayudado precisamente a calmar la mente.
«Démosle un voto de confianza y algo de tiempo a todo esto, Amby. Seguramente, de a poco, su parte humana terminará de entender el vínculo», intentó mediar mi loba en un rincón de mi cabeza.
«No tengo la menor intención de esperarlo para siempre, así que será mejor para su salud que se dé cuenta rápido de lo que verdaderamente siente al respecto de todo esto».
«¡Pero si le acabas de decir en el claro que ibas a tenerle paciencia!», me reclamó ella, indignada.
«¡Sí, claro que lo dije, pero no significa que vaya a esperarlo eternamente!».
«Igual, a juzgar por el rastro del norte, no creo que vayas a tener demasiado tiempo libre para sentarte a pensar en qué etapa exacta de concientización se encuentra nuestro Alfa».
—Ya están todos reunidos en el despacho de Bastian, así que vamos a ir directo para ahí, si te parece bien —la voz de Soren interrumpió de golpe el hilo de mis preocupaciones.
Me limité a asentir levemente con la cabeza en señal de conformidad, mientras me asomaba un poco por encima de su pecho para ver a qué distancia estábamos de la casa de la manada.
En cuanto cruzamos la puerta de entrada, Soren me llevó primero hacia la cocina; me sentó con extrema gentileza sobre un taburete alto y procedió a revolver las alacenas en búsqueda de quién sabe qué.
De golpe, cerró todas las puertas, volvió a cargarme con total naturalidad en sus brazos y se encaminó directo hacia la oficina de Bastian.
—Estaba buscando algo rápido para que comieras y pudieras recuperar las fuerzas que consumió tu loba, pero Carla ya me avisó que tiene todo cubierto en el despacho.
Por lo que me adelantó por el enlace, preparó todos tus favoritos —comentó, y una sonrisa genuina y abierta se dibujó en su rostro.
Su expresión me hizo preguntarme qué demonios le habría comentado Carla que le había causado tanta gracia.
Orion nos abrió la pesada puerta de madera al vernos llegar por el pasillo, y Soren me sentó con sumo cuidado en un sillón individual, ubicado estratégicamente cerca de la mesa ratona donde descansaban todas las ricuras pasteleras de Carla.
Al echar un vistazo, comprobé que realmente se encontraba allí todo mi top diez.
Me sentí un poco observada mientras devoraba los pasteles, así que interrumpí momentáneamente mi merienda, concentré la energía para mandar un mensaje nítido en el viento para todos los presentes en la habitación que pudieran oír, y continué comiendo lo que tenía adelante sin perder tiempo.
... En un extremo del sector norte encontré un rastro fresco de rebeldes, pero está extrañamente mezclado con el olor de algo más...
No sabría decir con precisión si se trata de una nueva versión química de la baba negra o si es el aroma deformado de algún místico que está colaborando con Jett.
Ninguna de las dos opciones me extrañaría a estas alturas.
El rastro actual es mínimo, casi imperceptible, pero es completamente nuevo.
Significa que se estuvieron acercando al linde del territorio y luego volvieron sobre sus pasos, así que supongo que de a poco están haciendo un relevamiento de campo para ver hasta dónde pueden llegar sin ser detectados por las patrullas.
Pero como la estela es mínima, deben de estar dejando pasar muchos días de diferencia entre un acercamiento y otro.
Probablemente esperen a que caiga alguna tormenta o lluvia fuerte para que borre el olor del suelo antes de arriesgarse a dejar un nuevo rastro...
—Si ese es el panorama, entonces tenemos que acelerar al máximo el tema de la instalación de las cámaras perimetrales y las garitas de seguridad blindadas —intervino Rhys, cruzándose de brazos con rostro serio.
—¿El técnico de la empresa proveedora que contratamos para el proyecto sigue dando vueltas por aquí?
—inquirió Bastian de inmediato. Estaba tan visiblemente preocupado por la seguridad que se las había arreglado para sentar a Coralie en su regazo, abrazándola con fuerza contra su pecho para calmar los nervios de su propio lobo.
—Con el desastre del tornado, el hombre suspendió el relevamiento técnico hasta que pudiésemos reconstruir las zonas afectadas. Me avisó que retomaría las actividades ni bien le avisara para evaluar qué dispositivos habría que reemplazar por los daños del viento —explicó Rhys.
—O iento... —articulé con un esfuerzo gangoso, forzando mis cuerdas vocales ante todos. Me apenaba muchísimo escuchar la magnitud de los destrozos materiales que había provocado mi crisis emocional. Era un auténtico milagro que estuviesen todos a salvo.
—¡Oye! ¡Nada de lamentos, Amby! ¡Te aseguro que el nuevo techo del gimnasio quedó muchísimo más bonito que el anterior y ahora ya no tiene esas molestas goteras cada vez que llueve o se derrite la nieve!
—Amy me dedicó un guiño cómplice desde su asiento, pronunciando esas palabras de consuelo para quitarme la culpa de encima.
—No tienes por qué preocuparte en absoluto por eso, Amber; tarde o temprano íbamos a tener que enfrentar algunas mejoras de infraestructura importantes.
Únicamente te encargaste de adelantar los tiempos —la voz firme y serena de Bastian resultó sumamente tranquilizadora para mis nervios.
El simple hecho de tener a mi hermana entre sus brazos había aplacado considerablemente la ansiedad de su lobo.
—La fuerza de tu elemento nos dio a todos la oportunidad de mejorar de forma considerable y de entender con claridad dónde estamos verdaderamente situados —añadió Orion.
—¿Ituaos? —inquirí, sin terminar de comprender las palabras del Alfa gigante y gentil. Fue Soren quien se encargó de aclararme el panorama.
—Todos estábamos familiarizados con la presencia de la baba negra, de una forma u otra.
Pero la realidad es que pensábamos que se trataba simplemente de alguna enfermedad degenerativa o un virus propio de los rebeldes.
Jamás, ni en nuestras peores pesadillas, nos hubiésemos imaginado que se trataba de un arma biológica diseñada específicamente para aniquilar manadas enteras.
Tu presencia en el territorio y la de Coralie, junto con la demostración de todo lo que son capaces de desatar, nos hizo abrir los ojos y ver que nuestros entrenamientos tradicionales ya no son suficientes.
Decidimos tomar todo este caos como un desafío, implementando mejoras no solo en las tácticas de los miembros de la manada, sino también en toda la infraestructura.
Rhys tomó la palabra para continuar con la explicación táctica:
—Tenemos que darles herramientas defensivas a los miembros para que puedan repeler los ataques de los místicos y de los rebeldes babosos, y a su vez, tenemos que protegerlos de los desastres naturales que ustedes provocan cuando pierden los estribos, chicas —lo soltó mirándonos fijamente a Cory y a mí, esbozando una sonrisa divertida y guiñándonos un ojo para restar solemnidad—.
Sabemos a la perfección que es muy probable que, en mitad de una invasión enemiga, a alguna de ustedes se le ocurra convocar un maremoto o un tornado destructor para eliminar a los invasores de golpe, y para que puedan usar sus dones con total libertad, debemos tener infraestructura de vanguardia para proteger a cualquier lobo de la manada que se encuentre en medio del fuego cruzado.
—Bueno... la verdad es que no sé si debería sentirme profundamente ofendida por ese comentario o si tengo que tomármelo como un gran cumplido —comentó Cory con gracia, haciendo un tierno puchero en el regazo de Bastian.
—Definitivamente tienes que tomártelo como un cumplido de nuestra parte, compañera —sentenció Bastian, mirándola con una devoción absoluta—.
Ustedes nos están mostrando el camino, y solo podemos agradecer de corazón que estén de nuestro lado, apoyándonos a cada paso de esta guerra y arriesgando incluso sus propias vidas por el bienestar de las Cuatro Lunas sin esperar absolutamente nada a cambio.
Lo menos que podemos hacer para retribuirles esa entrega, es construir un entorno seguro donde no tengan que preocuparse por proteger las vidas de los civiles en mitad de un enfrentamiento.
Esa tarea nos corresponde a nosotros los Alfas.
«Wow... eso sí que es...», murmuró mi loba sin encontrar las palabras, impresionada por el pensamiento y la unión de esos cuatro amigos.
«Sí, sí que lo es», coincidí.