29 Soren
Soren
Luego de tomar ambos diamantes en mis manos, me encaminé perplejo y en absoluto silencio hacia la habitación de Amber en el pabellón.
Las palabras de Opal seguían retumbando con una fuerza aplastante en mi mente.
Comprendía perfectamente hacia dónde había apuntado con su analogía del joyero: yo pretendía que Amber se amoldara a mis perfectas expectativas, obligándola a encajar en un molde que no le pertenecía.
Siempre me había considerado a mí mismo como un Alfa empático, equilibrado y justo.
Toda esta maldita situación, en cambio, me estaba demostrando de la forma más cruda que no era ni lo uno ni lo otro.
No era empático, ya que era el único sordo que no podía escuchar las palabras de mi compañera en el viento; y tampoco era justo, porque no estaba respetando la esencia de quién era Amber mientras intentaba hacerla cuadrar a la fuerza en mis casilleros mentales.
Milagrosamente, Coralie no estaba merodeando el pasillo en ese momento, así que pude entrar a la habitación de mi compañera sin toparme con obstáculos.
—Alfa Soren…
Perdí un latido al escuchar la voz grave de Doc. Estaba tan ensimismado en el torbellino de mis propios pensamientos que ni siquiera me había percatado de su presencia al lado de la cama.
—Doc, lo siento. No te vi.
—¿Vienes a ver a tu compañera? —preguntó, acomodándose los anteojos.
—Sí… ¿Cómo sigue?
—Bien, descansando profundamente. Sus constantes vitales están estabilizándose y se notan más fuertes.
El descanso la está ayudando a recuperarse del shock.
Seguramente tu presencia física aquí acelerará el proceso de sanación —Doc me miró con una mezcla de suspicacia y sutil diversión—.
Por cierto, te alegrará saber que la cabaña de la señorita Erika Portman fue completamente derrumbada por el tornado…
y la hermana menor de Cory hizo desaparecer hasta el último de los escombros.
Literalmente borró la propiedad del mapa.
Si no me equivoco, en este preciso instante está buscando a Orion para elevar una queja formal contra ella por daños.
Doc lucía sumamente complacido con los devastadores resultados de la sutil intervención de Opal hacia la casa de Erika. Internamente, no pude evitar festejar las acciones de mi cuñada.
«¿Tu cuñada? Eso implicaría aceptar una ceremonia formal de Luna ante toda la manada, y estás más que lejos de lograr todo eso», bufó mi lobo, cortándome la nota alegre.
«Dame un maldito respiro, ¿sí? Sé perfectamente que no lo consideras suficiente, pero al menos estoy intentando dar pasos de bebé con todo este asunto».
«¿Pasos de bebé? Más bien pasos de perezoso con reumatismo…».
Dejé escapar un bufido de pura frustración en voz alta, y debo de haberlo hecho bastante fuerte porque Doc desvió la mirada para observarme con fijeza.
—Déjame adivinar. Tu lobo te está peleando.
—A cada maldito paso del camino —admití, pasándome una mano por el rostro—. Es una batalla interna bastante agotadora.
Doc esbozó una pequeña risita, conocedor de alguna mierda.
—Sabes, la naturaleza es sabia. Nuestros lobos suelen representar exactamente el proporcional inverso de nuestra parte humana.
Cuanto más piense, calcule y analice el humano, más instintivo, salvaje y reactivo será el lobo.
Está codificado en nuestra propia biología.
Esa dualidad constante que poseemos busca un equilibrio de fuerzas; de no ser así, ya nos habríamos extinguido hace siglos —Doc tomó la muñeca de Amber para revisar su pulso mientras continuaba hablando—.
Así que, ponte a pensar: cuanto más analices las cosas de forma fría, las pienses y las des vuelta para desmenuzarlas desde cada ángulo logíco posible, tu lobo se pondrá más frenético por aceptar a tu compañera sin pensárselo dos veces.
Si lo sigues presionando, es muy probable que termine marcándola por la fuerza sin tu consentimiento... o el de ella, para peor.
—Lo sugirió abiertamente hace unos días… —confesé, sintiendo un escalofrío en la nuca.
Doc soltó el brazo de Amber con cuidado, dio una vuelta alrededor de la camilla y me encaró con una expresión sumamente seria.
—Tienes que tener muchísimo cuidado, Soren.
Si decides firmemente seguir por este camino de análisis obsesivo del vínculo, limitando tu propio derecho a sentir, es muy probable que tu lobo termine por agotarte mentalmente.
Y si ese colapso sucede, hay serias probabilidades de que él tome el control total de tu cuerpo, se transforme por su cuenta y la marque a traición por instinto.
Calculo que en ese instante mi rostro pasó del blanco al verde, juzgando por cómo se me revolvió el estómago.
—Permítete sentir y disfrutar del vínculo que te está mostrando el lobo, Soren.
Intenta, pero de verdad, con el corazón abierto, ver las cosas desde su punto de vista.
Trata de encontrar puntos en común con tu lobo, o terminarán disociándose por completo; si eso pasa, uno de los dos lados quedará completamente debilitado, perdiendo la capacidad de transformarse en la parte que la mente considere débil.
Bebía cada una de sus sabias palabras con la devoción de siempre, pero esta vez el sentimiento estaba teñido de un pánico visceral.
Realmente no quería perder el control de mi propio cuerpo a favor de ninguna de mis dos mitades.
Simplemente quería que toda esta locura se normalizara de una buena vez.
Doc me dedicó una última mirada de advertencia y salió de la habitación a paso lento, dejándome a solas en la penumbra con mi angustia interna y mi compañera durmiente.
«Bien…», le hablé a mi mitad animal, intentando entablar una tregua razonable. «¿Qué te parece si dejamos fuera de la mesa por un momento la parte de marcarla a traición y me cuentas, desde tu perspectiva, qué es lo que opinas que hace de Amber un diamante puro?».
«¿En serio me lo estás preguntando? ¿Todavía no eres capaz de dárte cuenta por ti mismo?».
«Ya dejaste más que claro que soy un reverendo idiota por no ver lo increíble que es, así que no, no lo veo.
Aparte de su evidente belleza física y el hecho de que todos mis amigos y los niños de la escuela parecen amarla con locura...
no lo sé. Sigo debatiendo internamente el tema de sus habilidades elementales.
Después de la destrucción masiva que vi hoy en el pueblo, mi mente está indecisa entre la admiración pura y los escalofríos de terror… ».
Mi lobo dejó escapar un largo y pesado suspiro de decepción en mi mente.
«¿Realmente no logras ver nada? Prueba a repasar minuciosamente los momentos en donde la viste en acción desde que llegó a la manada. Siempre te consideraste el Alfa más empático; va a ser pan comido para tu gran cerebro reconocer las verdaderas virtudes en nuestra compañera».
«Ok, puedo hacer ese ejercicio». Miré el rostro sereno de Amber sobre la almohada, obligándome a concentrarme de verdad en ella.
«Llegó completamente sola al territorio cuando lo hizo, no tenía ninguna protección y, a excepción de su hermana Coralie, no conocía a absolutamente nadie aquí.
También soportó con una dignidad impecable las calumnias públicas de Erika y Sofía y el desprecio mal disimulado de Alma y Robert… ».
«Te faltó sumar a esa lista el constante rechazo de su propio compañero predestinado», remató mi lobo con un tono que me caló los huesos.
«Mierda… Dicho de esa manera… es una mujer realmente fuerte».
«¡Claro que es fuerte, maldito ciego! ¿Es eso lo único que logras ver?».
De golpe, me sentí horrible, como la peor escoria sobre la tierra. Realmente había estado tan completamente concentrado en mí mismo, en mi estatus y en cómo deberían ser y hacerse las cosas, que no había logrado ver absolutamente nada de la valía de la mujer que tenía al lado.
Las pesadas puertas de madera de la habitación se abrieron de un solo golpe seco, sacándome abruptamente de mis cavilaciones. Coralie entró a la habitación hecha una auténtica furia, seguida muy de cerca por un Bastian que intentaba frenarla y una Opal que observaba todo con calma.
—¡¿Qué se supone que estás haciendo tú aquí adentro?! —siseó Cory, sus ojos brillando con intensidad—. ¡Te advertí muy claramente que no te le acercaras a mi hermana hasta que ella misma dijera lo contrario!
—Amor, espera, déjalo explicar… —intentó intervenir Bastian, colocándole una mano en el hombro.
—Supongo que tu lobo interno está sumamente preocupado por el estado de Amby, ¿no es así, Soren? —Opal me clavó en mi lugar con una mirada intensa de sus ojos arcoíris.
—No solo él —respondí, irguiéndome y sosteniéndoles la mirada a las dos hermanas—. Yo también lo estoy.
Y era la verdad. Necesitaba resolver esta brecha con mi lobo antes de que el desgaste hiciera que cometiera algo de lo que me arrepentiría el resto de mis días.
—Lo siento mucho, Coralie, pero no pienso separarme del lado de Amber hasta que ella misma se despierte y me pida que me largue —sentencié con toda la autoridad que pude reunir.
Nos quedamos estáticos en el centro de la habitación, sumergidos en un peligroso choque de voluntades.
—No. No te vas a quedar aquí —retrucó Cory, dando un paso al frente de forma amenazante—. Cada vez que ella se queda a solas contigo o intenta comunicarse, termina sintiéndose débil o sucede un desastre. No confío en ti, Soren. En absoluto.
—MI vínculo con MI compañera NO es un asunto que sea de tu incumbencia, Coralie —le respondí, enseñando los dientes por el puro instinto defensivo de mi lobo—. ¿O es que acaso alguno de nosotros tres interfirió o les puso reglas absurdas mientras tú y Bastian resolvían su desastrosa relación?
—¿Acaso todos ustedes no le aconsejaron de forma unánime que me aceptara ficticiamente para salvar las apariencias? —atacó Cory, dándome donde más dolía.
—Ese plan fue una idea exclusiva de Rhys y, en todo caso, fue Bastian quien decidió solito seguir su consejo. Ni Orion ni yo estábamos de acuerdo con eso —me defendí.
—¡Pero tampoco movieron un solo dedo para detenerlo, ¿verdad?
! Fueron cómplices con su maldito silencio.
¡Así que no vengas ahora a hacerte el gran defensor de las compañeras despreciadas Soren, porque te encuentras sentado al lado de una y si se encuentra en este estado es única y exclusivamente por tu culpa!
No podía rebatirle absolutamente nada más a Coralie, porque la realidad era que tenía toda la razón del mundo en cada uno de sus reclamos.
Aunque mi parte humana buscara atenuantes o excusas para limpiar mi conciencia, Amber estaba en esa cama por culpa de mi negligencia y mi soberbia, y la verdad era que no tenía la más mínima idea de cómo arreglarlo. Pero mi lobo sí...
—No puedo alejarme de ella, Cory; mi lobo simplemente no me permite cruzar esa puerta —admití, bajando la voz y dejando de lado la arrogancia—.
Él está discutiendo conmigo de forma frenética desde el primer segundo en que la olimos.
Déjalo quedarse a su lado a cuidarla. Amber va a mejorar y reponer sus energías de forma mucho más rápida si estamos cerca. Lo sabes perfectamente.
Coralie barrió mi rostro con una mirada analítica, evaluando la genuina desesperación en mis ojos, hasta que finalmente soltó un suspiro de resignación.
—Bien. Pero te quedas en tu forma de lobo con ella. Nada de humano.
Asentí de inmediato con la cabeza, aliviado y feliz de haber logrado llegar a un compromiso aceptable con mi cuñada.
«Ahora, por favor, te lo ruego…contrólate y que no se te ocurra marcarla sin su consentimiento, porque si lo haces, estarías firmando nuestra propia sentencia de muerte».
«No lo haré, lo prometo», respondió mi lobo en un tono sumamente solemne, pero vibrante de felicidad por la victoria.
Sin perder un solo segundo antes de que Cory cambiara de opinión, me transformé en mitad de la habitación sin siquiera tomarme el trabajo de sacarme la ropa, la cual quedó hecha jirones sobre el piso de madera.
Mi lobo, del tamaño de un caballo con un pelaje denso y color chocolate, se acosto al lado de la cama del hospital, y se acurrucó con extrema delicadeza justo al lado del cuerpo de Amber.
Casi instantáneamente, de forma totalmente inconsciente en medio de su sueño inducido, ella se movió sobre las sábanas y se abrazó con fuerza a mi lomo, hundiendo su rostro directamente en la densidad de mi pelaje.
El aroma que desprendía nuestra compañera era algo simplemente embriagador; gracias al olfato altamente desarrollado de mi lobo, me sentí prácticamente borracho de felicidad en cuestión de segundos.
Opal observó la escena con una sonrisa de satisfacción y, con un gesto suave, comenzó a arriar a Coralie y a Bastian hacia la puerta para darnos privacidad.
—Me iré del territorio de las Cuatro Lunas en breve, Soren —me habló Opal antes de cruzar el umbral, sus ojos de arcoíris brillando en la penumbra—. Cuídala mucho. Ambos se merecen un hermoso vínculo, si es que de verdad están dispuestos a luchar con el corazón por él.
Vi cómo Opal cerraba la puerta con cuidado, dejándonos en penumbra.
Me acurruqué un poco más cerca del cuerpo de Amber, acomodando mi cabeza cerca de la suya, y me propuse firmemente fundirme en la piel de mi lobo para empezar a sentir este dichoso vinculo con la otra mitad de mi alma, en lugar de intentar analizarlo con la cabeza.
Esperaba de corazón lograrlo más antes que luego, porque tenía la fuerte sospecha de que estaba peligrosamente cerca de perder el favor de mi compañera para siempre.