28 Lucian #2
La menor de las elementales levantó brevemente su mano derecha con la palma hacia arriba.
De pronto, desde varios lugares a lo lejos, comenzaron a confluir frente a ella estelas de tierra y polvo mineral.
Las partículas comenzaron a unirse y compactarse en dos puntos específicos en el aire, justo en el espacio entre Soren y ella, hasta terminar de moldear dos rocas grises bastante grandes, del tamaño aproximado de dos cocos.
—Aunque a simple vista no lo parezca debido a la suciedad, estos que ves flotando aquí son dos diamantes naranjas en estado puro —explicó Opal, manteniendo las rocas levitando no se sabe como—.
Normalmente se los extrae de las profundidades de las minas y luego se retira la roca común que los envuelve, hasta dejar la piedra limpia.
Los dos “cocos” de piedra comenzaron a girar a gran velocidad sobre su propio eje en el aire.
Capa por capa, la roca exterior y la tierra sobrante se fueron desprendiendo y desapareciendo en el aire, hasta dejar expuestas dos piedras opacas pero con un brillo interno innegable, surcadas por intensas vetas de un profundo color ámbar.
Se me ocurrió desviar la vista un segundo para mirar las expresiones de los demás, y las mandíbulas de todos prácticamente tocaban el piso del asombro.
Ahí fue cuando me di cuenta de que la mía también.
Por más increíble que pareciera, Soren era el único que permanecía serio, estático y completamente concentrado en las palabras de Opal, ignorando los dos diamantes del tamaño de pelotas de béisbol que le flotaban a centímetros del rostro.
—Los diamantes de este tipo son piedras preciosas extremadamente raras y, por ende, son objetos muy codiciados —continuó Opal.
De golpe, uno de los diamantes en bruto volvió a girar con violencia sobre sí mismo en el aire.
Ante nuestros ojos, comenzó a perder su contorno rugoso natural; faceta por faceta, el mineral comenzó a tallarse de forma perfecta.
En cuestión de segundos, quedó flotando en el aire un diamante facetado de un naranja excepcionalmente brillante y cristalino, que reflejaba y refractaba la luz del sol de la tarde con una intensidad muchísimo mayor que la de su hermano en bruto.
Opal estiró los brazos y atrapó un diamante con cada mano, cerrando los puños para cubrirlos por completo. Luego, levantó lentamente su mano izquierda y, al abrir los dedos, reveló la gema tallada de forma impecable.
—Para un joyero, este diamante tallado vale miles de millones de dólares.
Muchas personas en el mundo renunciarían a absolutamente todo lo que poseen con tal de tener el prestigio de lucirlo o de poseerlo.
Sus cincuenta y ocho facetas perfectas lo hacen ver hermoso, simétrico y técnicamente perfecto.
Opal abrió entonces su otra mano, la derecha, mostrando el diamante en bruto con sus vetas ámbar opacas y su superficie irregular.
—Por este ejemplar rústico también pagarían fortuna en el mercado, pero probablemente una cantidad mucho menor, ya que a simple vista no es tan hermoso ni refinado como su hermano facetado.
Comprar este diamante en bruto significa para el joyero que, si lo queremos ver hermoso, tendremos que pasar por el largo proceso de pulirlo y facetarlo.
Eso implica un trabajo arduo y, sobre todo, comprender el riesgo de que es posible que nos equivoquemos en nuestra tarea de tallado, arruinando su aspecto para siempre por querer obligarlo a lucir como queremos.
Soren seguía alternando su mirada circunspecta entre el rostro de Opal y las dos piedras que descansaban en sus palmas, sin pronunciar una sola palabra.
Su expresión era analítica y reservada, esperando ver con claridad a qué punto exacto quería llegar con toda esta demostración.
Yo estaba en la misma sintonía, aunque la aparición de gemas de ese calibre me tenía un poco más descolocado.
—Un geólogo, en cambio, observa estas piedras desde una perspectiva completamente diferente —sentenció Opal, su voz resonando con una madurez aplastante—.
El geólogo sabe perfectamente que el diamante es el material natural más duro que existe sobre la corteza terrestre.
Sabe que está formado enteramente de carbono puro, cristalizado a lo largo de millones de años bajo una presión interna inmensa.
Sabe que los diamantes que poseen colores naturales son aún más raros que los transparentes.
Y también sabe que, por su composición molecular, ambos reflejan y refractan la luz de una forma extraordinaria.
Para el geólogo, el diamante es diamante.
No le importa en lo más mínimo la forma exterior que tenga, ni le importa si sus facetas pulidas son cincuenta y siete o cincuenta y ocho.
Para el geólogo, estas dos piedras poseen exactamente las mismas características físicas y el mismo valor intrínseco; la única diferencia radica en cómo se ven.
Algo en esa explicación científica tocó una fibra íntima, profunda y dolorosa en la mente de Soren, porque bajó la cabeza de golpe, con la mirada completamente consternada por la analogía.
—En este preciso momento tú eres el joyero —le soltó Opal con una honestidad brutal—. Únicamente eres capaz de apreciar el valor de tu diamante ambarino por sus facetas y por la belleza que desprende.
Opal volvió a abrir ambas manos por completo, dejando que las dos piedras flotaran nuevamente en el espacio intermedio. Soren, movido por un impulso inconsciente, estiró los dedos y agarró el diamante en bruto, sopesándolo e inspeccionándolo con una intensidad fija.
—Amber es exactamente como ese diamante en bruto.
Su potencial y su valor como mujer son infinitos.
No intentes facetarla por la fuerza; no pretendas obligarla a encajar en el molde perfecto de una simple piedra preciosa.
Esas piedras facetadas solo sirven para terminar engastadas en una pieza de joyería.
Deja que la naturaleza y su propia esencia definan su forma de ser.
Y al igual que el geólogo, aprende a apreciarla y amarla por lo que realmente es: un diamante puro.
Con todas sus propiedades. Con todas sus virtudes y sus defectos.
Opal esbozó por primera vez una sonrisa sincera, cargada de una calidez reconfortante que alivió la tensión del patio.
—No existe ningún disfraz que “resolver”, Soren. Lo único que hay en este momento es un velo colocado delante de tus propios ojos... y tú eres el único en este mundo que tiene el poder de apartarlo.