28 Lucian
Lucian
Iba de camino para reunirme con Bastian y los demás Alfas luego de inspeccionar minuciosamente la casa de la manada.
Aparte de alguna que otra ventana rota, una cortina rasgada y decoraciones de cerámica esparcidas por el piso, no había habido mayores incidentes en la estructura principal.
Todos los lobos que se encontraban en el edificio al momento del desastre se habían refugiado a tiempo en el búnker subterráneo, así que estaban completamente a salvo.
Si las hermanas de Coralie venían cada una a destrozarlo todo con sus respectivos elementos antes de reclamar a sus compañeros, definitivamente íbamos a tener que estar muy bien preparados en el futuro.
«Nota mental: preguntarle a Coralie qué demonios pueden hacer las demás hermanas. Es mejor estar prevenidos con búnkeres antitornado y, por qué no, antitsunami...» acotó mi lobo con evidente preocupacion.
«El tsunami es de agua y esa ya la pasamos. Ahora, si de pronto le diera a alguna por hacer aparecer un volcán en plena erupción en el centro de la plaza, no creo que haya búnker en este continente que nos proteja».
Al llegar al patio interno del hospital, los vi a todos reunidos en círculo escuchando a Amy.
Estaba hablando sobre los ánimos de los lobos que habían ocupado el refugio norte, al que había ido a asistir junto con Tyler y Rhys.
Ni bien terminaron de exponer los demás, fue mi turno de dar el reporte.
Todos respiramos aliviados; más allá de los destrozos materiales y de los edificios, nadie en la manada había resultado herido.
Tampoco había demasiada gente asustada en los búnkeres.
Seguramente los niños no, ya que sabían de sobra que todo el despliegue había sido obra de Amber, a la que consideraban digna de una absoluta adoración e idolatría.
Gracias a Opal, quedaba bien poco trabajo de reconstrucción por hacer.
En cuestión de minutos, la menor de las elementales había vuelto a recomponer las estructuras de varias de las casas y edificios destruidos.
El bosque, por su parte, parecía completamente nuevo; lucía más rebosante de verde, espeso y vivo que nunca.
Durante el transcurso de los informes, vi que Bastian miraba de reojo a Coralie cada tanto.
La furia en ella se desbordaba por los poros cada vez que sus ojos captaban la silueta de Soren en el patio.
Supongo que no debe de ser nada fácil ver cómo discriminan y menosprecian abiertamente a un ser querido únicamente por sus dificultades físicas o su apariencia.
Esperaba de corazón que Orion y Rhys no la cagaran tanto con sus futuras parejas como lo hizo mi propio Alfa en su momento con Cory, y como evidentemente lo estaba haciendo Soren ahora con Amber.
Ni bien dimos por terminada la reunión de informes, Bastian se fue derecho hacia Cory para contenerla, y Opal se levantó de su lado en el banco de piedra para emprender una caminata pausada en dirección a nosotros.
Era una figura realmente intimidante de ver. No por su apariencia física, ya que era una mujer bellísima, sino porque emanaba un aura de poder jamás sentido antes. Casi se podía saborear la presión en el aire a cada uno de sus pasos. Era muchísimo más fuerte que Bastian y todos los Alfas juntos.
«Más aún, Lucian. Deberías sumar a todos los Betas a esa ecuación y aun así se quedaría corta. Nunca en mi existencia vi algo semejante. Es como si estuviésemos ante la presencia de una reina», murmuró mi lobo, completamente anonadado en mi mente.
«Hasta donde yo sé, el Rey Alfa no ha encontrado a su compañera predestinada todavía. Y si fuese Opal, Cory nos habría dicho algo al respecto, ¿no crees?»
«Supongo que sí... Entonces debemos dar profundas gracias a la Diosa de que esta mujer sea amable, pacífica y gentil».
«Sí, definitivamente no me gustaría ganarme su enemistad como contrincante, y más después de haber presenciado lo que es capaz de hacer.
Lo que me da una inmensa curiosidad es la debilidad de su loba.
Siento su presencia ahí dentro con ella, pero es casi como una sombra difusa o un eco debilitado.
El poder que emana la humana es miles de veces superior al animal, y eso es algo que no pasa con los dones de Cory ni de Amber».
«Sentí exactamente lo mismo. Supongo que podrás preguntarle discretamente a Coralie más tarde».
«Supongo...»
Como atraídos por un magnetismo inevitable, Orion, Rhys y yo nos posicionamos instintivamente uno al lado del otro, formando una barrera física. Opal se acercó a nosotros con una sutil sonrisa en sus labios perfectos.
—Si quieren pueden acercarse un poco más y olerme directamente para quitarse la duda, pero les aseguro que no soy la compañera de ninguno de ustedes.
De haber sido el caso, se habrían dado cuenta mas temprano en el claro del bosque; yo tenía el viento a favor y ustedes lo tenían en contra —lo soltó todo con una ligereza pasmosa, sin mostrarse para nada molesta por nuestro acoso involuntario, ni usar un tono de burla o malicia —.
Aunque estoy completamente segura de que falta muy poco para que encuentren a sus respectivas compañeras.
Dicho eso, giró levemente sobre sus talones y dio dos pasos firmes hacia donde Soren permanecía estático.
Mi amigo se envaró de inmediato, notablemente nervioso ante la cercanía.
Si Opal llegara a reaccionar con el mismo instinto asesino que Cory, estaba seguro de que no quedaría absolutamente nada de él sobre la faz de la tierra.
—Hola, Soren. Soy Opal, la hermana menor de Amby —se presentó, extendiéndole la mano—. No tuvimos la oportunidad de presentarnos apropiadamente hace un rato en medio del caos. Me disculpo formalmente si te sentiste incómodo con mi comentario anterior en el claro.
«Derecho al grano y sin anestesia».
—Hola, Opal. El placer es mío —respondió Soren, estrechando su mano e inclinando levemente la cabeza con su cortesía innata.
Caballero refinado hasta la médula, incluso con el mundo cayéndosele a pedazos—.
Y no te preocupes en lo absoluto; no eres la única persona que me ha dicho algo en estos días, y fuiste, con diferencia, la más amable de todo el grupo.
Opal miró brevemente sobre su hombro en dirección a Cory y Bastian; ambos seguían hablando bajito en el banco de piedra, completamente ensimismados el uno en la otra. Volvió a clavar sus ojos iridiscentes en Soren con una mirada decidida.
—Sé que Cory no te lo va a decir nunca, pero considero que debes saber que tienes la opción de rechazar formalmente a Amber.
Todos los Alfas y Betas presentes la miramos completamente anonadados y en shock por la atrocidad que estaba sugiriendo con tanta naturalidad.
—¿Qué...? ¿Rechazarla? —Soren la miró como si le hubiese hablado en otro idioma.
—Sí. Puedes rechazar el vinculo de forma permanente si crees de verdad en tu interior que no vas a lograr ver nada hermoso o valioso en ella, aparte de las dificultades físicas que posee.
—No podría hacer algo así, yo...
—Voy a ser completamente sincera contigo, Alfa, y espero que no lo tomes a mal.
No es para nada mi estilo meterme en asuntos donde no me llaman, pero no todos somos iguales y creo que tienes el derecho de saber que puedes elegir tu destino —Su rostro perfecto se volvió gélido de repente, desprovisto de toda calidez—.
Si una hija de la Diosa de la Luna rechaza a su compañero predestinado, este moriría casi instantáneamente.
Pero si es el compañero el que ejecuta el rechazo, la hija de la Luna tiene probabilidades de sobrevivir.
Es muy probable que, con el tiempo, ella encuentre a otro compañero predestinado que la valore.
El Alfa que rechaza no volverá a tener esa oportunidad, pero podrá tomar una compañera elegida por voluntad propia que se adecúe perfectamente a los estándares que desea.
No sería bendecido con cachorros, pero por lo menos viviría una vida feliz según sus propias expectativas.
Soren la miraba con una mezcla de absoluto anonadamiento y profundo asco. Yo compartía ese mismo sentimiento en el pecho. Rechazar a la mismísima mitad de tu alma por pura soberbia y orgullo era demasiado bajo.
—Agradezco la información, Opal... pero no tengo la más mínima intención de rechazar a Amber —sentenció Soren con firmeza, sosteniéndole la mirada.
—Hace unos minutos, mientras estaba reconstruyendo una de las casas residenciales cerca del gimnasio, me abordó una pareja de ancianos de tu manada —continuó Opal—.
Vinieron a ofrecerme de forma más bien explicita, tomar el lugar de Amber como tu futura Luna de la manada.
Según lo que me explicaron, tú no estás contento con la decisión de la Diosa y desearías tener a una hermana elemental que sea considerablemente menos “defectuosa”.
Parece ser que lo mencionaste de forma abierta en una reunión que tuvieron justo antes de la aparición del tornado.
Los jadeos de indignación de todos los presentes en el patio fueron acallados de golpe por un gruñido atronador, cavernoso y salvaje que brotó del pecho de Soren.
Sus ojos brillaron con intenciones asesinas; estaba listo para ir a arrancarles la garganta a Robert y a Alma en ese mismo segundo por haber retorcido sus palabras para humillar a su compañera ante su propia hermana.
Tardó varios segundos de respiración forzada en lograr calmarse a sí mismo y a su lobo.
—Lamento profundamente si esos malditos viejos te han hecho sentir incómoda con sus ambiciones políticas, Opal —articuló Soren con los dientes apretados—.
Y para que conste, en esa reunión simplemente sugerí la opción de que Amber tomara menos tareas administrativas de las que le corresponden legalmente a una Luna en el día a día, al menos hasta resolver el tema de su disfraz.
Opal esbozó una sutil sonrisa cargada de una profunda lástima.
—Supongo que ahí es donde radica el verdadero problema, Soren. No se puede “resolver” el disfraz.