Susurros en el Aire (Lobos Místicos 2) 26 Orion
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Orion

En todos mis años de vida, jamás, pero jamás había visto algo semejante.

Si Coralie ya me parecía extraordinaria, no sabía qué pensar de Amber y Opal.

Lo único que mi cerebro podía sacar en limpio en este momento, era que desde la aparición de Coralie habíamos empezado a jugar en una liga completamente diferente.

Y siendo honesto, dudaba que estuviésemos a la altura de la situación.

Si estas tres mujeres quisieran, podrían conquistar la manada... qué digo, el mundo entero con el mínimo esfuerzo, y no creo que existiera alguien capaz de impedírselo. Y eso que todavía faltaban elementos por unirse a la mezcla.

Seguimos a Opal hacia el interior del bosque.

Soren tenía su máscara fría puesta, queriendo aparentar control, pero caminaba tenso y nervioso.

No sabía qué habría pasado entre ellos antes de que todo estallara, pero estaba bastante seguro de que su actitud hacia Amber había sido el detonante directo del tornado.

El rechazo de su compañero había desatado la tormenta.

Llegamos al capullo de aire que rodeaba a Amber y que no dejaba pasar a nadie.

Era como una barrera translúcida que silbaba con fuerza, aunque las ráfagas ya no eran tan violentas, lo que nos permitió acercarnos sin problemas.

Opal avanzó con total tranquilidad, levantó una mano y tocó la superficie del capullo, disolviéndolo al instante como si nada.

¿Qué clase de poder tenía esta chica?

Amber estaba todavía conmocionada. Lloraba en silencio y continuaba fuertemente abrazada a sus rodillas al pie del árbol, que milagrosamente seguía entero en medio de los destrozos.

El balanceo violento e involuntario de su cuerpo hablaba de su evidente dolor y de una ira que no había podido contener. Soren, ¿qué rayos hiciste?

Opal se agachó delante de Amber con movimientos suaves y le puso una mano en el hombro.

—Amby, ya pasó —le dijo con una voz muy dulce, intentando traerla de vuelta.

Amber seguía sin mutarse, perdida en su propio tormento. Opal miró a Coralie, quien le hizo un gesto afirmativo con la cabeza, dándole una muda autorización. De inmediato, un destello de colores holográficos brotó de la mano de Opal y Amber se desmayó en sus brazos en un segundo.

—¿Qué le hiciste? —Soren estaba histérico. Su lobo quería saltar a proteger a su compañera, a pesar de que el humano la hubiera rechazado minutos antes.

—Solo la dormí. No estaba escuchando ni sintiendo nada aparte de su propio dolor y su rabia —explicó Opal con calma—. De esta forma podrá descansar sin sueños y reponer energías. —Luego miró a Cory—. Hay que llevarla a su casa para que descanse.

—No sé si sigue en pie... —murmuró Cory, mirando con preocupación—. Estaba cerca del gimnasio, el del techo volador.

—Ah, ahí no quedó casi nada. Solo ruinas y varios árboles arrancados de cuajo.

—Puede quedarse en el pabellón. Allí podrá descansar sin ser molestada —sugirió María, dando un paso al frente.

—Buena idea, vamos a llevarla allí —asintió Cory de inmediato.

Soren dio un paso decidido para acercarse a su compañera, pero Cory se movió con rapidez y le bloqueó el paso, plantándose firme como una pared.

—No te atrevas a tocarla —le advirtió Cory, con una voz helada—. Hasta que ella no despierte y me diga qué fue lo que pasó entre ustedes, tú no te le acercarás.

—Es mi compañera y es mi deber cuidarla —replicó Soren, enseñando los dientes.

—Tu deber era aceptarla y protegerla, y mira cómo resultaron tus atenciones —le escupió Cory, levantando los brazos para señalar los destrozos monumentales que nos rodeaban.

Soren no pudo rebatirle la verdad. Se quedó mudo y furibundo, con las manos cerradas en puños a los lados y los nudillos blancos por la tensión.

—Yo la llevaré en... —Bastian intentó intervenir para apaciguar las cosas.

—No —gruñó Soren, al borde del colapso.

—Yo la llevaré —declaré. Y sin dar la más mínima posibilidad de réplicas para nadie, me transformé.

Mi lobo era enorme y podría transportar a Amber cómodamente.

En mi forma de lobo no debería suponer una amenaza directa para Soren, como evidentemente lo eran los brazos de cualquier otro hombre en ese instante.

Me acercé a Amber y me agaché para que Coralie y Opal la subieran con cuidado a mi lomo asegurando bien el cuerpo inerte de su hermana entre mi pelaje.

—Bueno, voy a ver qué puedo hacer para ayudar por aquí —Opal se enderezó con gracia y nos miró a todos—. ¿Algún consejo o instrucciones sobre cómo proceder?

—¿A qué te refieres? —preguntó Rhys, intrigado como el resto de nosotros.

Opal sonrió de lado y se encaminó hacia dos árboles caídos uno arriba del otro, que habían sido arrancados de cuajo del terreno.

Ambos estaban completos, con las raíces expuestas.

De golpe, los troncos comenzaron a levitar, enderezándose en el aire.

Con gestos fluidos de sus manos, los guió de regreso a los pozos que habían dejado en la tierra hasta enterrarlos nuevamente en su sitio.

Luego se acercó a cada uno y los tocó, infundiéndoles esos rayos holográficos que ya eran su marca registrada.

—Jade habría hecho un mejor trabajo con las raíces, pero es lo que tienen —dijo satisfecha, volteándose a mirarnos—. ¿Salvo lo que se puede salvar o elimino todo por completo para que luego lo reconstruyan?

El silencio que siguió fue abrumador. ¿Quién demonios era esta chica? Volaba, desaparecía techos en medio del caos, anulaba tornados con las manos, dormía personas con un toque y ahora trasplantaba árboles completos como si fueran flores.

Amy fue la primera en reaccionar, saliendo del estupor general.

—¿Podrías preguntarle a la gente qué quiere hacer? Tal vez alguien prefiera conservar algo que le resulte preciado... No creo que podamos reconstruir la manada inmediatamente, así que algo habrá que salvar para que podamos vivir allí mientras tanto, ¿no?

—Por supuesto. Es muy razonable —respondió Opal dulcemente—. Entonces iré primero hacia las casas derrumbadas y veré qué hacer. Dejo el bosque para lo último. Nos vemos en un rato —añadió, y se alejó con paso tranquilo.

Me levanté despacio sobre mi cuatro patas, cuidando que Amber siguiera bien acomodada.

«Soren, camina a mi lado y asegúrate de que no se caiga», le hablé directamente a su mente a través del enlace para que se relajara un poco. Lo único que faltaba era un enfrentamiento a muerte entre Bastian y él por sus compañeras.

Soren asintió con rigidez y se colocó a mi lado, manteniendo una mano cerca de Amber.

Lentamente nos encaminamos hacia el pabellón del hospital.

Una vez que salimos del bosque, pudimos dimensionar lo que había pasado.

La destrucción era prácticamente total: casas derrumbadas, escombros, y muebles y objetos esparcidos por doquier.

Veíamos a los dueños recoger sus cosas de a poco, con expresiones de absoluta incredulidad.

A lo lejos, vimos a Opal gesticulando mientras levantaba una casa que parecía haber sobrevivido al tornado, armándola de nuevo como si fuera un Lego ante la mirada atónita de los propietarios que la observaban sin saber si agradecerle o huir.

Seguimos nuestro camino hacia el norte de la manada, constatando que los destrozos no habían llegado más allá de la zona comercial. Por suerte el tornado no avanzó mucho en esa dirección, dejando el hospital y los demás edificios del norte intactos.

—Lucian, ve a la casa de la manada y controla que todos los que se refugiaron allí estén bien.

Brian, Tyler y Alex, hagan lo mismo con los demás refugios.

Lleven a sus compañeras. Quiero un informe detallado de las bajas y de los destrozos.

Los demás Alfas y yo iremos al hospital. Ni bien terminen, nos reuniremos allí.

Por suerte, Bastian tomó las riendas de la situación.

Yo no podía hacer mucho en mi forma de lobo; Rhys seguía visiblemente conmocionado por el despliegue de poder de las chicas, y Soren...

dudaba que Soren estuviese consciente de lo que pasaba a su alrededor.

Tenía la mirada fija en Amber y se mantenía sumamente vigilante hacia Coralie, como si temiera que volviera a interponerse.

Cuando llegamos al hospital, Doc vino a nuestro encuentro y le indicó a María dónde hospedar a Amber. Me encaminé junto con Soren, María, Doc y Coralie hacia la habitación. Bastian y Rhys se quedaron en la entrada para hablar con los grupos de guerreros y patrullas sobre la situación en esa zona.

La habitación que Doc indicó para Amber era espaciosa y luminosa, con ventanas que daban al jardín del norte.

Con la ayuda de Soren, coloqué a Amber sobre la cama.

Doc comenzó a revisarla minuciosamente y concluyó que físicamente estaba ilesa, pero que estaba completamente agotada y necesitaba descansar, así que nos obligó a todos a salir y dejarla tranquila.

Un guerrero me trajo ropa. Me cambié en una habitación libre y luego alcancé a todos en el patio interno.

Se avecinaban muchas discusiones. Esperaba solo que no escalaran a peleas.