Susurros en el Aire (Lobos Místicos 2) 19 Amber
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19 Amber

Amber

«¡Nos reclamó! ¡Nos reclamó delante de todos! ¡Lo hizo!».

No tenía palabras y ya me dolía la cabeza del griterío ensordecedor que estaba armando mi loba en mi mente.

«Sí...».

«¡Despierta, Amby! ¡Nos reclamó! ¿Lo entiendes? ¡Vas a volver a la norm... a lo que eras antes!».

Soren caminaba tan endiabladamente rápido que por momentos tuve miedo real de caerme de sus brazos, así que, por puro instinto de supervivencia, me aferré con fuerza a su cuello.

Aproveché la cercanía para mirarlo con detenimiento.

Era un hombre hermoso y casi perfecto, de no ser por ese “nimio” detalle del rechazo.

«Pasa la hoja, Amby, eso ya no cuenta. Concéntrate en el ahora. ¡¡NOS RECLAMÓ!!».

Tenía tantas preguntas agolpadas en el pecho que intenté hacérselas todas juntas a través del viento, pero, otra vez, mi compañero no acusó recibo. Supongo que era esperar demasiado pretender que, además de reclamarme, me comprendiera. Y más en un mismo día...

—¿Estás bien, Amber? —la voz de Layla me sacó de golpe de mis cavilaciones.

La miré un poco desorientada y, ni bien pude enfocar la vista, vi que Alex también caminaba con nosotros a paso apresurado.

Miré por encima del hombro de Soren y me di cuenta de que los demás Alfas y Betas nos seguían muy de cerca por el sendero.

Me sentí profundamente incómoda por ser el centro de atención y traté de moverme para bajarme, pero Soren apretó el agarre de sus brazos y me miró de reojo con firmeza.

Me congelé en el lugar, dejando que él liderara la marcha, cosa que calculé estaba más que acostumbrado a hacer.

«Y sí, genio... es un Alfa», acotó mi loba. Solo faltó que me dijera “dah”. ¿En qué preciso momento se había vuelto tan irrespetuosa y sabelotodo?

Esta vez fue Cory quien interrumpió el hilo de mis pensamientos con su voz autoritaria:

—Vamos a su casa, ahí estará más cómoda para descansar y hablar.

Sentí el pecho de Soren vibrar cuando asintió, de acuerdo con la propuesta.

—¿Pensaron por un segundo en preguntarle a ella qué quiere hacer? —intervino Layla. Definitivamente se seguía ganando con creces el primer lugar de mis personas favoritas en esta manada.

—Está bien, compañera, pero la realidad es que no hay muchos lugares privados a donde ir a hablar que no estén abarrotados de lobos ansiosos por un buen chisme —le respondió Alex, tratando de calmarla.

—En la casa de Amber vamos a poder vigilar todos juntos si se acerca alguien a husmear —explicó Bastian—. En la casa de la manada ahora mismo hay demasiado movimiento y olores que pueden distraernos del problema.

—¿Y qué se supone que tenemos que hablar todos en secreto? ¿La temática sorpresa de su fiesta de coronación? —Layla estaba notablemente molesta. ¿Por qué tanta tensión?

Soren soltó un gruñido bajo de advertencia y ella detuvo su ácido sarcasmo, pero la mirada fulminante que le dedicó seguía ahí. Fue en ese instante cuando me di cuenta de que había algo crucial que se me estaba escapando de las manos.

Cuando entramos a mi pequeña cabaña, Soren me depositó con una gentileza extrema en el sillón del living, ganándose de inmediato un par de suspiros de amor ridículos por parte de mi loba.

Yo seguía sin comprender del todo la urgencia y gravedad de esta charla grupal.

Honestamente, estaba agotada; mi tic nervioso, que estaba peor y más descontrolado que nunca, era un claro indicio de mi desgaste.

Cory fue la primera que explotó, literalmente.

—Amber llegó hace más de diez días a la manada. ¿Se puede saber por qué demonios no dijiste que era tu compañera? —Su tono, cargado de gruñidos, daba una idea clara del nivel de molestia que cargaba.

Mirando de ella hacia Bastian, me di cuenta de que el Alfa guardaba un silencio sepulcral. Todos los demás en la sala lo miraban fijo. Cory también lo hizo, la comprensión cayéndole encima de golpe.

—¿Todos ustedes lo sabían? —preguntó con un hilo de voz, la indignación mutando en dolor puro—. ¿Por qué no me lo dijiste, Bastian?

Miró a su propio compañero con una expresión de profunda traición en el rostro.

—Lo siento mucho, amor. Pensé que era algo que debía contarte la propia Amber cuando estuviera lista —se defendió Bastian con la mirada baja.

—Te rechazó, ¿verdad? —me preguntó Cory, girándose hacia mí ahora, con los ojos cristalizados—. ¿No querías que lo matara? ¿Es que acaso no confías en mí?

Sus preguntas dramáticas podían valer tanto para mí como para su propio compañero. Supongo que nos las dirigía a ambos en realidad, ya que su mirada hacía un ping-pong frenético entre Bastian y yo.

Con un suspiro de absoluta derrota, junté mis palabras y le dirigí una corriente de aire para explicarle mis motivos de una vez por todas.

Como las ventanas de la casa estaban cerradas, las palabras transportadas por el viento circularon y resonaron con claridad entre todos los presentes en la habitación.

... Lo siento, Cory, pero no te dije nada porque sabía perfectamente que te ibas a poner en tu plan de “madre del año”, y la verdad es que a mí me da exactamente igual...

Coralie puso una mueca de profunda ofensa.

... Hace años que me amigué y acepté mi condición, y conozco a la perfección las reacciones y las microexpresiones de rechazo que tiene la gente cuando me ve en acción.

Estaba más que claro que mi compañero no sería la excepción a la regla, Cory.

Solo tú y mi ilusa loba podían llegar a pensar que él me aceptaría sin preámbulos.

Lamento si te herí al callarlo, pero sabía que si te lo decía ibas a querer vigilarme de cerca las veinticuatro horas del día para asegurarte de que no me desmoronara, y esa compasión habría sido muchísimo peor para mí...

Ahora le tocó a Cory poner una marcada cara de culpa.

... Soren no me escucha en el viento, no sabe una sola seña del lenguaje de señas, no tiene la más mínima paciencia para esperar a que mis dedos escriban en un papel ni tampoco se toma el trabajo de preguntarme nada sobre mí, sabiendo de sobra que puedo responder a sus dudas si son de “sí o no” simplemente moviendo la cabeza.

Realmente no es una gran pérdida, Cory. Más bien, para mí es una gran ganancia...

Corté la corriente de aire sintiendo el enfado bullir en mi interior. Mientras tanto, escuché a varios de los presentes jadear de pura sorpresa en medio de la sala.

—¡WOW! ¿Qué demonios fue eso? —Rhys estaba en un estado de shock absoluto, mirando al techo.

—Amber, tu voz en el aire es... —Carla tenía lágrimas en los ojos, profundamente conmovida.

—Increíble... simplemente hermosa —concluyó la voz de bajo profundo de Orion.

—¿De qué demonios están hablando todos? —Y ahí estaba el cabeza de chorlito de mi compañero, mirando a sus amigos con total desconcierto. El sordo del lugar.

—Tenías toda la razón del mundo, nena, es increíble —le dijo Alex a Layla, mirándola con una devoción infinita—. Soren, la corriente de aire trajo las palabras exactas de Luna Amber. Se escuchó impecable.

La mirada de mi compañero se oscureció de varios tonos en un segundo, la mandíbula tensa.

—¿Así que todos ustedes pueden oírla?

«¡Oh, oh, compañero enfadado!», se burló mi loba en mi cabeza.

«Tiene doble trabajo ahora: enfadarse y desenfadarse solo. Es muchísimo mejor que lo sepa ahora y no que se desayune tarde con la novedad de que es el único obtuso y cerrado de todo el lugar».

—Tú también podrías escucharla si de verdad abrieras tu mente y la aceptaras con el corazón, Soren —intervino Bastian, cruzándose de brazos—.

Con mi propio ejemplo no fue suficiente, ¿verdad?

¿Ustedes dos también van a cometer la misma estupidez con sus futuras parejas?

—esta vez miró de reojo hacia Orion y Rhys.

Rhys se llevó de inmediato la mano al corazón y la cerró en un puño en señal de absoluto respeto.

—¿Y quedar como un reverendo idiota como este?

—dijo Rhys, señalando descaradamente a Soren con el pulgar—.

Ni lo sueñes. Ni bien conozca a mi compañera iré corriendo a decirle quién es y a aceptarla inmediatamente.

Y si ella no está de acuerdo, me la cargaré al hombro y como buen cavernícola, la marcaré a la fuerza —terminó de decir con una sonrisa bobalicona en el rostro.

Fue imposible contener las carcajadas que se escucharon en coro por toda la sala ante su ocurrencia. Cory, sin embargo, lo miraba llena de horror por su comentario. Aproveché el revuelo para concentrar mis últimas energías en el viento y cortar la sesión.

... Cory, realmente quiero descansar. Aquí. Sola. En paz. No iré a ningún lado, lo prometo. Hoy no fue un buen día y las pocas cosas que hice me agotaron físicamente. Necesito calmar mis temblores, que no paran de aumentar, y todos ustedes haciéndome esta ronda de preguntas no ayudan en nada...

La realidad era que no lograba parar de bambolearme hacia adelante y hacia atrás en el asiento del sillón. Los espasmos y los temblores musculares por el estrés del juicio ya parecían una convulsión incontrolable, el cuerpo cobrando su cuota por todo lo que le había pedido hoy.

—Está bien, nos vamos —cedió Cory, notando mi alarmante estado físico.

Me dio un abrazo rápido y protector, y de a uno todos los demás la fueron siguiendo en silencio hacia la puerta de salida.

Ni bien vi que la espalda del último lobo cruzaba el umbral, supe que mis piernas no tendrían la fuerza necesaria para llegar por mi cuenta hasta la habitación, así que intenté recostarme directamente sobre el sillón.

No llegué a acomodar mis extremidades cuando dos fuertes brazos me levantaron en el aire con una delicadeza pasmosa para llevarme directo a mi dormitorio.

No sé cómo demonios hizo Soren para correr las frazadas de la cama sosteniéndome firmemente entre sus brazos sin dejarme caer.

Me depositó con una gentileza conmovedora sobre el colchón y, luego de quitarme los zapatos con suavidad, me cubrió por completo con las mantas hasta el cuello.

Acto seguido, se quitó sus propios zapatos de una patada y, recostándose con cuidado contra el respaldo de madera de la cama, me acunó firmemente entre sus brazos, transmitiéndome su calor.

Me quedé completamente atónita y demasiado agotada como para protestar, limitándome a respirar al mismo compás que él.

Ninguno de los dos dijo una sola palabra en la penumbra de la habitación; fue un momento de conexión puramente tácito en donde ambos sabíamos exactamente qué necesitaba el otro sin necesidad de pedirlo en voz alta.

En algún momento de la tarde el cansancio me venció y me quedé profundamente dormida, soñando con un lobo hermoso, enorme y de pelaje color chocolate que corría juguetonamente en círculos a la par mía por un campo abierto.