17 Soren
Soren
«¿Se puede saber qué demonios te pasa? Tratas mal a nuestra compañera delante de los demás, pero a solas te metes en su cama para que el vínculo alivie sus dolores.
Es un auténtico milagro que todavía tengas la cabeza pegada al cuerpo.
Te ofrecería yo mismo en sacrificio ahora mismo, de no ser porque yo también moriría en el proceso y porque Amber necesita nuestra ayuda», me recriminó mi lobo con una furia fría.
«Ok, ok, ya entendí. Cierro la boca, ¿está bien?», le respondí mentalmente, sintiendo el peso muerto de la culpa.
Mi lobo soltó un gruñido profundamente ofendido en respuesta, replegándose en un rincón de mi mente y dejándome a solas con mis propios pensamientos, reflexionando seriamente sobre el porqué de mi comportamiento tan marcadamente bipolar.
En ese momento, Rhys llegó a la carrera por el pasillo central de la sala del Consejo, seguido de cerca por Tyler, Amy, el pequeño Derek y sus padres.
Orion les había pedido a través del enlace que fueran a buscarlos para asegurar la presencia de los progenitores; estaba claro que la tía Erika no se haría cargo de la situación.
Ni bien el mazo de los ancianos pidió silencio en el recinto, centré toda mi atención en las caras de las hermanas Portman.
Erika estaba completamente desatada, con los ojos fijos en la mesa central.
Era evidente que la llegada de Coralie la había afectado a nivel personal.
Ya la había visto antes con esa mirada de envidia y cálculo que aparecía cuando algo no salía según sus planes.
Ella siempre había albergado la patética ilusión de que, si ninguno de nosotros cuatro conseguía a sus compañeras, alguno habría terminado fijándose en ella para el puesto de Luna.
Cory le había quitado el premio mayor de las manos al aparearse con Bastian, así que supongo que su retorcida táctica ahora consistía en intentar destronar o boicotear cualquier posible competencia que llegara a la manada.
Amber era hermosa, sumamente hermosa vista de lejos, lo cual significaba que Erika se sentiría amenazada.
«También se sentiría amenazada si la viera de cerca, maldito idiota superficial», acotó mi lobo, sin perder la oportunidad de meter el dedo en la llaga.
«Ya me cansé de que me estés insultando constantemente, lobo sarnoso».
«No tendría la necesidad de hacerlo si te dejaras de juegos estúpidos y aceptaras a Amber de una buena vez sin tantas vueltas».
Puse los ojos en blanco, incapaz de frenar el gesto de pura frustración. Rhys, que se había acomodado justo a mi lado, debe haber notado el movimiento de mi cabeza porque se giró un poco y me dijo por lo bajo:
—¿Problemas lobunos? —coronando la frase con esa típica sonrisa de come mierda que tanto lo caracterizaba. Le clavé una mirada gélida que ignoró por completo.
—Gracias a todos los presentes por asistir a esta convocatoria de emergencia —comenzó a hablar Robert, uno de los dos ancianos representantes de mi propia manada, rompiendo los murmullos de la sala.
Robert, junto con su par Alma, eran de los miembros más abiertos y razonables dentro del Consejo; sobre todo porque tenían nietos pequeños que asistían a esa misma escuela y pertenecían activamente a la comunidad.
Los ancianos asignados por Bastian y Orion, en cambio, eran de la vieja escuela, marcadamente tradicionalistas, aunque los del primero habían dejado de protestar el día en que les tocó aceptar a una Luna elemental del agua.
Los de la manada de Rhys... bueno, ellos simplemente o se adaptaban o morían en el intento de seguirle el tren a su Alfa.
Por último, el noveno miembro neutro que los cuatro Alfas habíamos elegido por consenso era Doc, el médico de la manada, quien conocía al dedillo el historial médico y personal de absolutamente todos los presentes en esta sala.
—Se nos ha llamado la atención sobre una cuestión algo extraña y preocupante que sucedió ayer mismo por la mañana en el patio escolar —continuó Robert con tono pausado—.
Específicamente en el curso que se encuentra bajo la directa responsabilidad de la Beta Layla.
Pedimos, por favor, que quienes hayan levantado la protesta formal se levanten de sus asientos y expliquen detalladamente lo sucedido ante esta asamblea.
Erica Portman se puso de pie de un salto, lista para desplegar su veneno ante los ancianos, pero Coralie, que evidentemente se la tenía jurada desde el pasillo, no le dio ni un solo segundo para intervenir. Se levantó de su grada con una elegancia imponente que congeló el aire del recinto.
—Estimados miembros del Consejo —la voz de Cory resonó limpia, clara y cargada de un comando de Luna ineludible que no dejaba el más mínimo margen de acción—.
La persona que pretende alzarse frente a ustedes es la hermana de la señora Portman; es decir, la tía de Derek Ferguson, el alumno de Beta Layla.
Siendo que el cachorro en cuestión no es huérfano de padre ni de madre, exijo formalmente que sean sus progenitores directos quienes tomen la palabra ante este estrado, y que la señora Erika Portman sea escoltada inmediatamente afuera de la casa de la manada por interferir en asuntos que no le competen.
La firmeza de Cory era letal. Aun así, tras un breve intercambio de susurros en el estrado, los ancianos de la manada de Orion intervinieron para mediar, logrando que Erika pudiese quedarse en la sala en calidad de testigo presencial de la discusión de esta mañana, aunque bajo la estricta condición de que no abriera la boca en todo el proceso.
Erika tuvo que sentarse a la fuerza, echando humo por los ojos, mientras la madre de Derek, Elena, se ponía de pie lentamente.
Al hacerlo, miró de reojo a su manipuladora hermana con una expresión de absoluto pánico en el rostro, dándose cuenta de que ahora estaba completamente sola frente a una expectante audiencia.