Susurros en el Aire (Lobos Místicos 2) 16 Orion
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Ni bien Brian me confirmó el desastre que se estaba gestando en el patio escolar, me reuní rápidamente con Bastian y Soren en la gran puerta doble de la sala del Consejo de Ancianos.

Este espacio, ubicado en el ala norte de la casa de la manada, era donde un grupo de nueve ancianos seleccionados debatía y se ocupaba de problemáticas menores.

A los Alfas nos resultaba sumamente útil, ya que no disponíamos del tiempo necesario para resolver cuestiones cotidianas como la asignación de cargos en edificios comunes, o las pequeñas rivalidades y roces diarios que surgían entre miembros de las diferentes manadas.

Sin embargo, en este caso preciso, me vi directamente involucrado: quienes habían organizado todo este circo mediático eran dos lobas de mi propia manada.

Las hermanas Portman jamás eran sinónimo de buena noticia.

Pensé que la manada tendría un respiro de tranquilidad cuando Elena, la mayor, encontró finalmente a su compañero predestinado, pero para nuestra desgracia decidieron quedarse a vivir aquí; la hermana menor, Erika, aún seguía soltera y Elena se negaba rotundamente a dejarla sola.

Elena era una mujer sumamente influenciable, y Erika una mente altamente manipuladora; una combinación tóxica que solo anunciaba problemas en el horizonte.

Por suerte para todos, el pequeño Derek había salido a su padre; el compañero de Elena, Darius, era un excelente soldado, responsable, fiel y centrado, a pesar de provenir originalmente de otra manada.

—¿Novedades? —pregunté en voz baja al unirme al grupo en el pasillo.

—Todavía no arrancaron formalmente —respondió Alex—. Layla está de camino hacia aquí con Amber. Me enlazó hace un momento; dice que está muy angustiada.

Alex seguía comunicándose de forma ininterrumpida con su compañera a través del enlace mental para asegurarse de que estuvieran a salvo de más agresiones.

—¿Coralie está avisada de esto? —inquirió Brian, cruzándose de brazos.

—Sí, recién se lo conté —Bastian suspiró, frotándose las sienes con una mezcla de diversión y genuina preocupación—.

Está hecha una furia. Se quedó unos minutos en nuestra casa tratando de calmarse antes de poner un pie aquí.

Me advirtió y cito “no va a quedar nadie vivo en ese edificio si llego en el estado en el que me encuentro ahora mismo”…

—¿Noticias de Soren? —interrumpí, buscando con la mirada a nuestro amigo.

—Aquí estoy —Soren apareció doblando la esquina del pasillo, con el rostro rígido como el granito—.

Recién se comunicaron los ancianos conmigo para “informarme” que van a tener una sesión de emergencia con mi Beta...

malditos hipócritas, se saltaron toda la cadena de mando.

No pude hablar con Layla todavía, ¿qué fue lo que pasó exactamente?

Porque en todos estos años jamás ha habido una sola queja contra su desempeño en las aulas.

—El problema no es con Layla, Soren —comenzó Bastian, adoptando un tono marcadamente serio.

Soren parpadeó, visiblemente confundido ante la afirmación.

—El problema real es con Amber.

—¿Con Amber? ¿En la escuela? —Soren nos miró a todos buscando respuestas. Nosotros simplemente nos limitamos a asentir en silencio—. Tenía entendido por los reportes que ella y los niños se llevaban de maravillas. ¿Y qué demonios pudo haber pasado tan grave? ¿Qué dijera mal una palabra?

Un gruñido profundo, vibrante y verdaderamente siniestro resonó desde el fondo del pasillo, congelándonos la sangre a todos.

Coralie estaba parada a unos pocos metros, con los puños tan apretados que sus nudillos blanqueaban y los ojos encendidos con una furia que había sobrevivido al trayecto, a pesar de sus mejores intenciones.

—Vuelve a burlarte de la condición de mi hermana, Soren, y te prometo bajo el nombre de la Diosa de la Luna que de ti no quedará absolutamente nada en este mundo. Ni tu propio recuerdo —siseó Cory, avanzando con paso firme.

—Ok, vamos a calmarnos todos, por favor —Bastian reaccionó por puro instinto.

Se movió con rapidez y corrió al lado de su compañera para rodearla con sus brazos y acariciarle la espalda, buscando desesperadamente bajarle las revoluciones antes de que empezara a ahogarnos a todos.

Yo no dudaba ni por un segundo que los minutos de vida de Soren estaban contados si insistía en mantener esa actitud displicente.

—¡Oh! ¡Alfas! ¡No deberían preocuparse en absoluto! Este es un asunto menor y estrictamente doméstico, definitivamente no se requería la presencia de todos ustedes —una voz melosa y ensayada interrumpió la tensión.

Si Soren estaba poniendo al límite absoluto la paciencia de Cory, Erika Portman acababa de agotarla por completo al aparecer en el pasillo.

—¿Y tú eres...? —Cory levantó una ceja, clavándole una mirada gélida a Erika desde la seguridad de los brazos de Bastian.

—¡Lo siento mucho, Luna Coralie, qué maleducado de mi parte! —el tono de la loba era empalagoso, falso y calculador—. Soy Erika Portman, tía directa de uno de los cachorros gravemente afectados por el incidente de ayer. Pertenezco orgullosamente a la manada del Alfa Orion.

La mujer hizo una reverencia exagerada que no podía quedar más ridícula dadas las circunstancias. Pero la lengua de Cory, cuando se trataba de defender a los suyos, jamás mostraba piedad.

—¿No deberían estar aquí presentes los padres del menor para presentar una queja formal?

¿O acaso las tías ahora poseen más autoridad legal sobre los cachorros que los propios progenitores?

—La ceja de Cory seguía alzada, y ahora su rostro se transformaba en una mueca de asco idéntica a la que pondría cualquiera al pisar una babosa en el jardín.

Antes de que Erica pudiera inventar una réplica, las pesadas puertas dobles de madera se abrieron de par en par, invitándonos a pasar al recinto.

El Consejo de Ancianos se componía históricamente por dos miembros veteranos por cada una de las cuatro manadas, elegidos democráticamente por sus propios miembros, y un noveno integrante neutral elegido por el consenso directo de los cuatro Alfas.

A pesar de ocuparse habitualmente de disputas menores, esta estructura garantizaba una total imparcialidad en la toma de decisiones, evitando que se favoreciera o perjudicara a alguna manada en particular.

La sala circular se llenó con rapidez. Los nueve asientos del Consejo estaban dispuestos en una estructura de medialuna sobre elevada en el centro, dejando el resto del espacio con gradas para quienes quisieran presenciar los debates públicos.

Los puestos de honor reservados para los Alfas, Lunas y Betas se ubicaban a lo largo de la parte más alta de la sala, aunque la realidad era que rara vez los usábamos; nuestra costumbre siempre había sido estar abajo, al nivel de nuestra gente, no por encima de ellos.

Mientras nos íbamos acomodando en la primera fila de las gradas, vi que Alex se volvía bruscamente hacia la puerta de entrada, yendo al encuentro de una Layla que ingresaba con la respiración agitada, notablemente nerviosa y furiosa.

A su lado, el delicado rostro de hada de Amber caminaba con la vista baja, con las mejillas surcadas por el rastro brillante de ríos de lágrimas secas.

Instintivamente, desvié la mirada hacia Soren.

Casi se parte un diente al apretar la mandíbula con una fuerza brutal, sus ojos fijos en el sufrimiento evidente de su compañera.

Se puso completamente rígido. Contuve una exhalación; sí, este idiota iba a caer muy fuerte y iba a hacer muchísimo ruido cuando finalmente su orgullo terminara de romperse.

«Espero que tú no hagas el mismo numerito estúpido que Bastian y éste cuando llegue el momento de conocer a nuestra propia compañera», mi lobo seguía amenazándome seriamente desde que Soren comenzó a renegar de Amber semanas atrás.

«Tranquilo, ya te he dicho mil veces que no pienso cometer semejante estupidez», le respondí mentalmente para apaciguarlo. «Si hay alguien que termine rechazando a alguien, de seguro será ella a mí en cuanto me vea. ¿Te olvidas de que toda la manada me llama “el oso”?»

«Lo único que tiene que hacer nuestra compañera es pedir verme y yo mismo le demostraré que puedo ser el lobo más protector y devoto de este maldito continente», presumió mi mitad animal.

«Jajaja, qué complaciente te pones con una compañera que todavía es ficticia. ¿Por qué no esperamos a que la Diosa la ponga en nuestro camino primero, te parece?»

«Tú solo asegúrate de tratarla desde el primer segundo como la reina que seguramente es y te garantizo que no tendremos ningún problema entre nosotros», sentenció antes de llamarse al silencio.

Brian y Carla se sentaron justo a mi lado.

Carla estaba inusualmente pálida; calculé que Layla ya la habría puesto al corriente de toda la agresión verbal que Amber había recibido en el patio.

Miraba con profunda preocupación a Cory y a Amber de forma alternada, sin saber muy bien qué hacer.

Brian, notando su angustia, intentaba consolarla hablándole en voz baja y pausada al oído mientras le estrechaba la mano.

—¡Silencio en la sala! ¡Podemos dar comienzo a la sesión de emergencia! —Uno de los ancianos del estrado golpeó un mazo de madera contra la mesa, llamando al orden inmediato de todos los presentes.