6 Soren
Soren
—Bien, desembucha —dijo Alex, entrando a mi oficina sin golpear.
Detrás de él aparecieron Orion, Bastian y, desafortunadamente, Rhys.
Genial.
Una intervención grupal.
Justo lo que necesitaba.
Levanté los ojos de los papeles que tenía delante sobre el escritorio, intentando mantener una expresión neutral.
No estaba leyendo nada, solo mirando las palabras sin procesarlas, pero era mejor que admitir lo que realmente estaba haciendo, que era básicamente intentar que mi lobo dejara de gritarme.
—No hay mucho que decir —respondí, tratando de sonar lo más convencido posible.
—¿Seguro? Porque a mí me pareció que saliste corriendo hace un rato para refugiarte en la seguridad de este lugar —me soltó Rhys. Me miraba con esa maldita cara de suficiencia mientras hablaba.
—Ya lo hablamos entre nosotros y no es la compañera de Orion ni la mía —siguió con su discurso—. Tampoco es de Lucian, que es el único Beta soltero que queda en la manada. Así que solo quedas tú...
Rhys sonrió, divertidísimo con la situación.
De haber podido, le habría arrancado la cabeza ahí mismo.
Con mucho placer.
—Realmente espero que, cuando la encuentres, tu propia compañera te haga padecer las penas de dos mil infiernos —le espeté, clavándole la mirada.
—O sea que es tu compañera... —Bastian dio un paso al frente, observándome con una intensidad que me caló los huesos.
—Sí —admití, soltando un suspiro cargado de lamento.
—¡Eso es increíble, Soren! ¡Tu compañera es la elemental del aire! —A Alex solo le faltó dar una vuelta carnero de la emoción.
—Es inútil que te mencione el fiasco que resultó el plan de “acepta a tu compañera por compromiso”… —Bastian lucía genuinamente preocupado.
—Claro que sí. Pero es que cuanto más la observo, más me cuesta ignorar el hecho de que no se puede comunicar —solté, y mi voz comenzó a sonar exasperada—.
¿Cómo va a liderar una manada? ¿O cómo piensa intervenir en el consejo de los Alfas?
¿Y si se necesitara una respuesta rápida ante una emergencia?
Al paso en el que habla y se mueve, nos habrán invadido veinte veces antes de que termine una frase.
Levanté las manos, gesticulando mi frustración.
—Cuidado, Soren. Es de mi cuñada de la que estás hablando —me advirtió Bastian. Su tono bajó un registro. Su voz que hizo que mi lobo se pusiera alerta inmediatamente.
—¡Y es MI compañera, y es un DESASTRE!
—Es un disfraz, hermano. Si la aceptas y completas el vinculo, todo eso va a desaparecer. Ya lo viste con Cory—me habló Alex despacio, usando un tono calmado como si intentara que se me pasara la rabieta.
—Prueba a conocerla primero —sugirió Orion desde su lugar junto a la ventana, donde había estado observando toda la escena—.
A Bastian le funcionó ese enfoque. Una vez que conoció la personalidad de Coralie y vió quién era realmente debajo del hechizo, su aspecto físico dejó de importarle. Y luego comenzó a cambiar.
—No quiero que cambie su aspecto. Es hermosa tal como es, pero quieta, como si fuera una estatua. El problema es que una vez que se mueve... es como si todo en ella se... se torciera —confesé sin pensar, dejando salir toda la angustia y la frustración que me carcomían, sin pasar por ningún filtro.
Y en el momento en que las palabras salieron de mi boca, supe que había cometido un terrible error.
El silencio que siguió duró exactamente un segundo.
El movimiento fue tan rápido que no lo vi venir.
Bastian me agarró con fuerza de la solapa de la camisa y me levantó con un solo brazo contra la pared de la oficina.
En todos nuestros años de conocernos, él jamás había perdido los papeles de esa manera con ninguno de nosotros.
Ya solo ese nivel de violencia debería haber sido un indicio suficiente para que me callara la boca.
Sus ojos brillaron en un tono plateado salvaje y su lobo se asomó a la superficie con una furia evidente.
—No vuelvas a insinuar que Amber, o cualquier otra mujer, debe quedarse quieta y callada para complacerte, Soren —me amenazó, siseando las palabras a milímetros de mi cara—. Vuelve a hacerlo y nuestra amistad y nuestra alianza se terminan aquí mismo.
—Sabes, eres un hipócrita —le retruqué, sosteniéndole la mirada mística—. Tú mismo hasta hace unos meses tratabas a Cory como si fuera lodo en tus zapatos, así que no vengas ahora a enarbolarte como el paladín de las causas perdidas.
Era evidente que mi cerebro no estaba funcionando bien. En mi sano juicio, ni en un millón de años se me habría ocurrido atizar de esa forma a un lobo furibundo que estaba protegiendo el honor de la familia de su compañera.
—Recuerda mi advertencia, Soren —sentenció.
Me soltó de golpe. Caí parado sobre mis pies, pero con la tela de la camisa rota en varios puntos por el agarre.
Bastian se dio la vuelta y se fue de la oficina dando un portazo que hizo temblar los vidrios.
Se escuchaban sus pisadas enfurecidas retumbando por el pasillo mientras salía de la casa de la manada.
—Jamás le falté el respeto a ninguna mujer y no voy a empezar a hacerlo ahora. No fue eso lo que quise decir —sostuve derrotado, dejándome caer de nuevo en mi asiento.
—Sonó bastante mal, hermano —opinó Alex, rompiendo el silencio.
Orion me miraba fijo, analizándome en silencio, mientras que Rhys se había quedado a medio camino entre sorprendido y horrorizado por mi arranque.
—No quise decir que la quiero sometida —intenté explicarme, pasándome una mano por el rostro—. Solo que...
—La prefieres en foto —concluyó Rhys.
—Suena horrible, pero sí. Algo así.
Diosa, era un monstruo.
¿Qué clase de persona prefería a su compañera inmóvil y silenciosa como en una fotografía?
¿Qué clase de Alfa pensaba esas cosas sobre la mujer que la Diosa había elegido específicamente para él?
—Bueno, tienes un camino jodidamente largo por recorrer si esta va a ser tu postura —dijo Orion, levantándose de su silla para retirarse—. Si puedo ayudarte en algo, házmelo saber.
—Gracias.
Rhys salió detrás de él, dándome una palmada de apoyo en el hombro al pasar. Alex se excusó alegando que tenía que volver a sus deberes de Beta y se fue unos segundos después, dejándome completamente solo.
Me apoyé contra el respaldo de la silla, clavando la mirada en el techo de la oficina, y me quedé pensando en lo malditamente bien que me iba antes de que Amber llegara a mi vida.