5 Soren
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Soren
Me quedé retrasado en el fondo del grupo, en absoluto silencio, mirando cómo mi compañera observaba a todos conversar y charlar mientras avanzábamos por el sendero.
Era el lugar más seguro desde donde procesar lo que estaba pasando sin que nadie me viera la cara, porque no estaba del todo seguro de poder controlar lo que se me notaba en ella.
Sabía perfectamente que su apariencia y sus movimientos eran culpa de ese dichoso hechizo de la Diosa de la Luna; también sabía que si la aceptaba y completábamos el vínculo, todo aquello pasaría a ser un simple recuerdo. Pero me estaba costando un mundo no analizarla en el detalle.
Mi lobo me instaba a que confiara en el instinto, pero escucharla hablar con tanta dificultad y verla en acción cortaba todo interés de cuajo. Lo cual era una completa mierda.
Siempre me había jactado de ser el más educado, tolerante y diplomático de los cuatro Alfas, y ahora una loba con dificultades motoras y en el habla limpiaba mis creencias sobre mí mismo y las tiraba a la basura sin muchos miramientos. Mi propio ego me estaba traicionando.
Y lo peor de todo es que su hermana se había dado cuenta de mi reacción. Qué irónico; Cory estaba preocupada en el desayuno de que Amber fuese compañera de Rhys y que este la despreciara...
Esto mejoraba a cada instante.
Ella observaba a todos conversar y charlar entre sí.
Sus ojos de hielo transparente, que me habían golpeado como un puñetazo cuando los vi por primera vez, se movían de persona a persona, siguiendo las conversaciones con una atención que sugería que entendía perfectamente todo lo que se decía.
Había una inteligencia aguda detrás de esa mirada.
«VE. A. HABLAR. CON. ELLA», me ordenó mi lobo, frenético.
Me estaba costando un esfuerzo físico tremendo evitar que tomara el control de mi cuerpo para obligarme a correr hacia ella.
Aguanté la marcha con el resto del grupo, tragándome la frustración, hasta ver en qué cabaña la acomodaría Bastian para que estuviera tranquila. Una vez que la logística quedó resuelta, usé una excusa completamente patética sobre patrullas fronterizas y me fui de allí a paso apresurado.
No podía seguir ni un segundo más cerca de ella sin cometer una locura.