Susurros en el Aire (Lobos Místicos 2) 3 Soren
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Soren

Mi lobo y yo entramos en modo alfa alerta en el instante en que Coralie se levantó de golpe de la silla y salió corriendo de la cocina.

El único que logró ganarle a mis reflejos fue Bastian, lógicamente, impulsado por la preocupación ciega hacia su compañera.

Me gustaba verlo tan atrapado por ella; de hecho, me divertía mucho notar lo que había cambiado en este último tiempo, sobre todo desde que se había apareado.

Bastian era un lobo aterrador la gran mayoría del tiempo, hasta que sus ojos divisaban a su Luna; ahí se transformaba en un muñeco de peluche y, lo peor de todo, es que se enorgullecía de eso. Ni Alex era tan meloso con Layla.

Seguimos a Cory afuera todos juntos, moviéndonos como una masa compacta, y la vimos correr por el sendero hasta echarse a los brazos de una chica alta y menuda que aguardaba junto al acceso blindado.

Lo único que alcancé a notar a lo lejos fue que el abrazo de la recién llegada parecía algo contenido, casi rígido, frente a una Cory que desbordaba efusividad.

Tal vez no la correspondía en sentimientos de la misma forma.

Bastian debía estar pensando exactamente lo mismo que yo, porque observaba a su compañera con una mirada de clara preocupación en el rostro.

Cuando Cory finalmente la soltó, el resto ya estábamos mucho más cerca. María se había adelantado de los primeros, como buena sanadora que era, para constatar si la visita se encontraba bien de salud.

—Es hermosa... —la escuché decir en un suspiro embelesado.

Me sentí curioso por sus palabras y di un paso al frente para acercarme, hasta que una ráfaga de viento ligero me golpeó de lleno en el rostro, trayendo consigo el aroma más increíble que había olido en toda mi existencia.

Flores silvestres y aire fresco de montaña.

El impacto me hizo sentir ligero, como si todas mis preocupaciones actuales —que eran bastantes debido a la amenaza mística— desaparecieran de golpe, siendo reemplazadas por una oleada de liviandad y relajación absoluta.

Cuando logré recomponerme del trance, escuché a mi lobo gritarme con una fuerza salvaje en la cabeza:

«¡COMPAÑERA! ¡COMPAÑERA! ¡ESTÁ AHÍ! ¡VE CON ELLA! ¡AHORA!!!»

En medio de mi aturdimiento total, no me di cuenta de que la chica nos estaba mirando a todos.

Era realmente hermosa; parecía una especie de ninfa del bosque, flaca como un junco, con un cabello rubio dorado muy parecido al de Bastian, pero con unos ojos color celeste hielo que resultaban casi transparentes.

Tenía pecas diminutas que salpicaban su nariz y sus pómulos, y estaba adorablemente colorada, supongo que por el exceso de atención que estaba recibiendo de golpe.

Mi lobo estaba a punto de tomar el control de mis músculos, obligándome a acortar la distancia.

—Chicos, ella es Amber —dijo Cory mirándonos, mientras rodeaba a su hermana por los hombros con un brazo—. Amber, te presento a... todos. Ellos son María, Amy, Tyler, Brian, Carla, Rhys, Orion, Alex, Layla, Soren, Lucian y mi compañero, Bastian.

—Es un honor conocerte, Amber, y bienvenida a nuestra manada —Bastian tomó la palabra para darle la bienvenida oficial en nombre de los cuatro Alfas.

Y qué bueno que lo hizo él, porque yo seguía completamente mudo y aturdido en mi sitio. Una elemental... mi compañera.

«¡VE A ELLA! ¡DÍLE!!!»

Mi cerebro todavía estaba procesando el hecho de que MI COMPAÑERA estaba parada a menos de diez metros de distancia.

«Acaba de llegar, no puedo aturdirla de esa manera delante de todos», le respondí a mi lobo interno, tratando de recuperar la compostura. «Además, los demás no pararían de burlarse de mi desesperación».

«¡¿QUÉ TE IMPORTA LO QUE DIGAN LOS DEMÁS?!!» contraatacó mi lobo con furia. «¡ES NUESTRA COMPAÑERA!! ¡VE A RECLAMARLA ANTES DE QUE SEA DEMASIADO TARDE!».

—Oa toos, g-g-g-acia-s- —logró pronunciar la chica.

Me quedé regulando en el lugar, helado.

Se le contorsionó el rostro por completo al hablar, como si hacer el esfuerzo físico le doliera.

Casi no podía articular los fonemas y de pura casualidad entendí que estaba intentando saludarnos y dar las gracias.

¿Qué estaba pasando aquí? Su sonrisa parecía más bien una mueca forzada y su mano derecha, torcida en un ángulo extraño, comenzó a golpear su propio muslo de manera rítmica y repetitiva.

Amy intervino rápido en la conversación, intentando relajar el ambiente que se había vuelto tenso de golpe.

—¿Es cosa de hijas de la Luna viajar ligeras? ¡Tú también, como Cory, solo llevas una mochila! Jajajaja.

Todos en el grupo se rieron para aligerar la timidez del momento, pero mi compañera…

El sonido que emitió cuando intentó reírse fue... grotesco. No había otra palabra para describirlo. La mueca en su cara se amplió de manera extraña y el sonido que emitía al reírse parecía el de un animal en angustia. Un perro que se estaba ahogando. Áspero. Entrecortado. Doloroso de escuchar.

Puse una sonrisa de puro compromiso, intentando sopesar racionalmente lo que estaba presenciando. O lo que pude, porque mi lobo no dejaba de taladrarme la mente con sus reclamos.

«¡Es hermosa! ¡Ve a buscarla antes de que alguien piense lo mismo!»

«Lo dudo vivamente», pensé con amargura.

«¿Qué quieres decir con eso? ¿Estás ciego? ¡Todos la miran!»

«Sí, la miran horrorizados al ver cómo se mueve o cómo habla... No puedo creerlo... esto tiene que ser una broma».

Esto no podía estar pasando.

Mi compañera. La mujer que la Diosa había elegido para mí. La otra mitad de mi alma.

Y había algo... algo mal con ella.

Claramente mal.

«Ni se te ocurra hacer el mismo jueguito estúpido que hizo Bastian con Coralie, ya viste cómo resultó todo. Sabes perfectamente que esto es una fachada de la Diosa, así que ya acéptala y resuelve el problema que sea que tiene. Estamos para eso, para resolver sus problemas y hacerla feliz».

«¿En serio?», le espeté con frustración creciente. «¿Y cómo quieres que resuelva sus problemas si ni siquiera puede hablar con normalidad? ¿Cómo se supone que me entere de lo que le pasa, ah? Es una locura».

«Eres un idiota, Soren. Ve a reclamarla. ¡AHORA!»

Mientras discutía internamente con mi lobo, me perdí por completo el hilo de lo que sea que estuvieran hablando con mi compañera.

Mi único objetivo en ese instante era intentar que no se me notara el horror y el desconcierto en la mirada, aunque no estaba teniendo mucho éxito aparentemente.

Cory interceptó la dirección de mis ojos y me fulminó en el acto con una mirada cargada de pura advertencia.