Suseia (Camino de Santiago 2) XX
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Ruy Ansúrez, el Cuatrohostias, llegó, renqueando y tarde. Sujetándose las costillas.

Llegó para contar la verdad. Sólo para contar la verdad.

Remató a un desgraciado que gateaba intentando escapar, con el rostro bañado en sangre. Le rajó el cuello sin una sola mueca. Y al otro, al muerto, le arreó una patada.

Y supo que, aunque la verdad pesase como le pesaba, aunque pesase tanto como el puto pórtico de los cojones, tenía que callar.

Allí, a los pies de un ángel de piedra, bajo la Gloria encerrada en un arco, un hijo se despedía de su padre.