Suseia (Camino de Santiago 2) XV
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XV

No estaba solo. Tenía la compañía de aquel ángel de piedra. Y de sus miedos.

Miedo a hacer realidad la pesadilla. Miedo a convertirse en su padre, un loco, un asesino. Un hombre perdido.

Miedo.

No estaba solo. Estaba el ángel de piedra. Y estaban las herramientas de su padre. Y la concha. Y aquel gorrión encarcelado en carboncillo y papel.

Miedo. Miedo al fracaso.

—Itoiz.

Lo espetó con tanto desprecio que, de haber estado vivo, el ángel se hubiera echado atrás.

—¡No! Itoiz.

Enterraría aquel miedo en un abismo. Donde Elo no lo encontraría. Donde su hija no lo descubriría.

Lo enterraría tan hondo que jamás volvería a verlo.

No estaba solo. Estaba el ángel. Y las herramientas. El gorrión.

—¡¡No!! No, no, no... No como él. Numqua.

Oh, discordia.