Suseia (Camino de Santiago 2) XIV
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XIV

El Cuatrohostias había intentado no moverse, pero era imposible estarse quieto.

Cuarenta años de misterios, en un plumazo, con unas pocas palabras.

No tenía todos los eslabones, pero era fácil seguir la cadena.

Sutil, cuando las eses se trababan, cuando el temblor de la papada se acentuaba, según le indicaba su oído, el bueno, porque el otro de poco le servía, el Cuatrohostias forcejeaba con las cuerdas.

Le podía la rabia.

Había algo podrido en Compostela. Muy podrido. Y aquellos dos eran gusanos que medraban en aquella putridez.

Sólo le faltaba saber a qué pájaro le tenían miedo aquellos gusanos.

De haberlo sabido, hubiera salido como alma que lleva el diablo, aunque tuviera que arrastrarse en aquella paja salpicada de cagajones.