Suseia (Camino de Santiago 2) X
87%

X

No era la primera vez que al Cuatrohostias le apagaban las luces.

Era un veterano. Además, Antolín y su Cierrabocas le habían hecho el favor en un par de ocasiones, cuando a Lambra se le había agotado la paciencia.

Así que, cuando abrió los ojos, el capitán tuvo, ante todo, el buen cuidado de no dejar ver que había despertado.

Sabía de muchos que, en la sangría de un campo de batalla, habían sido tan imbéciles como para levantarse llenos de prisa y miedo. Y todos habían acabado bajo el puñal de algún moro, o de alguno de esos despreciables apañuscadores que rajaban cuellos para robar escapularios.

El Cuatrohostias abrió los ojos, respiró, y en cuanto se hizo cargo de la situación, volvió a cerrarlos. Y fingió.

Y escuchó.